Febrero es el mes de Seminario, desde hace ya muchos años en nuestra diócesis de manera especial durante este mes pedimos al Señor que nos envíe muchas y santas vocaciones al ministerio sacerdotal. Quienes ya somos sacerdotes nos damos cuenta de que en verdad nos hacen falta más sacerdotes, pues la población aumenta, y cada vez los retos que la vida de fe presenta son mayores. Para muchas personas la vocación sacerdotal es una pérdida de tiempo. Pareciera que en el mundo de hoy ya no hay necesidad ni espacio para el sacerdote. Sin embargo, los sacerdotes seguimos haciendo falta pues nuestra vocación es la llamada que el Señor nos hace para hacerlo presente en medio de la sociedad. No se puede pretender desacreditar la vida sacerdotal por la falta de testimonio y compromiso de algunos sacerdotes. El sacerdocio vale la pena porque ha sido Dios quien ha tomado la iniciativa de llamarnos. Ser sacerdote es la invitación que el Señor realiza a una persona para seguirlo con generosidad a través del ministerio. El sacerdote es puesto por el Señor en medio de su pueblo, para hacerse compañero de camino, sin olvidar jamás que él mismo es parte de ese pueblo que le pertenece a Dios.Ser sacerdote es la invitación que hace el Señor para “callejear la fe”, tal y como lo enseñaba el papa Francisco cuando nos pedía ser pastores con “olor a oveja”.La confirmación de la llamada a quedado constatada por mediación de la Iglesia, quien a través del obispo confirma esta invitación del Señor a seguirle mediante el ministerio ordenado.Durante este mes de febrero sería oportuno que no únicamente ayudáramos a nuestro seminario en su sostenimiento material, sino que de manera especial nos animáramos a plantear a los más jóvenes la posibilidad de ingresar al seminario y discernir sobre lo que el Señor quiere para ellos. Dios nunca ha dejado de llamar, tal vez lo que estamos descuidando son los ambientes que parecieran poco propios para escuchar la voz de Dios.La importancia del sacerdote trasciende las paredes de un templo. Es un recordatorio viviente de que el ser humano tiene una dimensión trascendente que necesita ser cuidada. Aunque la institución ha enfrentado crisis y desafíos, el ideal del sacerdote aquel que entrega su vida entera al servicio de los demás sin buscar un beneficio propiosigue siendo un pilar indispensable para la cohesión espiritual y social de muchas personas.Oremos juntos a Jesús Buen Pastor, para que nos provea de muchas y santas vocaciones al ministerio ordenado.