Educación, arte, pensamiento y sociedad
Arte versuspolítica
Algunos… sostienen que el arte y la política son dominios con fronteras territoriales impenetrables entre sí. Otros, consideran el quehacer artístico desde “políticas culturales” verticales y, por lo tanto, dominantes, se desprenden de decisiones unilaterales de las élites gubernamentales; mientras, algunos tantos como yo, definimos el quehacer artístico como un esfuerzo sostenido entre la comunidad y los artistas, mediante un proceso estrictamente vinculado con políticas culturales horizontales. Bajo esta última perspectiva, a través del arte no solo expresamos nuestros anhelos, emociones y valores, sino también, encontramos en sus disciplinas y lenguajes, la palanca y el punto de apoyo para impulsar cambios significativos en la sociedad.
Política y desarrollo cultural
El arte, ineludiblemente, es el componente crucial para el desarrollo cultural y, asimismo, de las identidades que construyen a la cultura. Contrario a ello, al arte se le ha considerado desde las políticas verticales, algo que puede dejarse de lado en momentos de quebrantos económicos, recurriendo a él únicamente, por ejemplo, para aderezar “eventos” con rostros políticamente “trasparentes” y ociosamente empáticos que no van más allá del divertimento.
Arte y políticas educativas
El arte juega un papel vital en el desarrollo del pensamiento crítico y, por lo tanto, en la educación.Efectivamente, los programas artísticos en las escuelas fomentan el desarrollo de la creatividad, el pensamiento crítico, la empatía, la membresía, las actitudes colaborativas y de servicio… pero, con base en un encuadre genuinamente comunitario, desde una política cultural fundamentada en la “edutopía”, en donde se subraya el poder y las bondades pedagógicas del arte, dentro de un sistema articulado de acciones sociales, el arte cobra un poder inagotable, sustantivo y pedagógico.
El valor proactivo del arte en la política
El valor del arte en la política, no solo tiene que ver con el desarrollo de detonantes estéticos o de entretenimiento, sino, además, influye como una herramienta poderosísima de comunicación, la cual repercute de manera certera en las emociones y en los pensamientos, como una plataforma para reflexionar en torno a nuestras propias realidades, como catalizador de cambios; porque el arte nos solamente genera nichos para el “tiempo libre”; es, en sí mismo, audaz, desafiante, contestario, revelador, ilustrador, inspirador y debatiente en función de la crítica. El arte es un universo dialéctico, una estrategia de conciliación, convivencia y comunión, embajadora de la paz, solución de conflictos, sanación de entramados sociales y promotor de mejores prácticas de convivencia, por su infalible transversalidad en todas las esferas de la vida cotidiana. Por ello, el quehacer artístico juega un papel protagónico en los grandes movimientos políticos, algunos para hacer comunidad y, otros… para dominar. El arte en comunidad, es un espejo el cual refleja cada uno de los hilos delgados del entramado social, para remendarlos como filigrana.
Arte y políticas de bienestar
Por otra parte, regularmente el bienestar humano se centra en términos económicos bajo la reflexión aritmética del PIB. Indudablemente, el arte con políticas culturales transparentes, debe generar atmósferas de subsistencia genuinamente pagadas y equitativamentefinanciadas. Por el contrario, esta unidad de medida como termómetro univoco de bienestar, difícilmente puede cuantificar anhelos, derechos y obligaciones legítimamente humanos en función de la felicidad.Hay que reconocer que, políticamente, las economías sanas y prosperas, no resuelven del todo el bienestar. Países como Suecia, que aseguran bajo una óptica estadística casi perfecta, la prosperidad económica de un ciudadano está proyectada desde antes de nacer; este hecho representa, sin embargo, uno de los territorios europeos con más índice de suicidios. Tener todo absolutamente resuelto en términos económicos, genera sentimientos de vacuidad. Resulta entonces urgente, una perspectiva holística, la cual considere la calidad de vida como indicadores relevantes para el bienestar. La salud mental, las relaciones interpersonales y la vida comunitaria, junto con el acceso a la cultura y a sus manifestaciones artísticas, han resultado para muchos países con tejidos sociales seriamente dañados, las estrategias remediales para la obtención de más y mejores formas de bienestar y transformación.
Corresponsabilidad entre artistas, la comunidad y las políticas públicas
Los que habitualmente facilitan los espacios, recursos y medios para la expresión artística son las instituciones públicas federales, estatales y municipales y, de la misma forma, gran peso de la responsabilidad de diseñar políticas culturales que promuevan el desarrollo de la identidad, depende de estas; pero, es también necesario asumir que, indiscutiblemente, el artista junto a la comunidad, son también protagonistas y agentes de cambio en un ejercicio de corresponsabilidad política. El artista no debe mantenerse al margen de las necesidades y los problemas sociales y políticos, dispuestos a tomar riesgos por medio de la crítica y la reflexión más allá de la creación con afanes estéticos agradables, placenteros y riesgosamente fugaces.
Arte, política y activismo, el trinomio edutópico
La política y el arte en un estado armónico funcional deseable, debe explorar las más diversas formas de “activismo” en el sentido más noble y fiel de su concepto, en comunidad y dialécticamente, no confrontando narrativas revanchistas que anidan intereses de “poder”. Tanto los artistas como las instituciones públicas, deben emplear el “método de proyectos” de manera estratégica y cuidadosa para hacer política, sin descuidar la parte creativa. El arte es una forma de activismo político en sí mismo, que tiende en esa dinámica audaz y crítica, a definir los umbrales hacia las políticas culturales horizontales, para construir y transformar una sociedad más justa, equitativa y trasparente. El arte como activismo y como política comunitaria, debe capitalizar su poder de comunicar de manera sublime, placentera y eficaz, agotando todos los nichos que se deprendan de “edutopías”.