Desde el Lunar Azul
Pues sí, estimadas lectoras y lectores de este Lunar Azul, tocaba escribir del informe. Obligado. No por lo que se dijo ( que ya está en los boletines), sino por lo que se vio, lo que faltó y, sobre todo, lo que se entendió entre líneas en el Teatro Aguascalientes, ese recinto que los jefes de prensa llaman “emblemático” y que, hay que reconocerlo, sigue funcionando como escenografía de solemnidad cuando se quiere mandar mensaje político sin levantar la voz.
Ya lo hemos dicho aquí, los informes de legisladores son más pasarela que rendición de cuentas. Más aún cuando se pertenece a una oposición minoritaria, sin aritmética legislativa ni margen real para mover reformas de fondo. Por eso, como dirían los viejos priistas hoy extraviados, la forma es fondo. Y el evento de ayer fue, ante todo, una coreografía.
El lugar ayudó. El teatro impuso sobriedad, distancia y cierta nostalgia de un Aguascalientes que muchos en la clase política siguen extrañando. Quizá porque el “nuevo PAN” prometido hace algunos años ya no genera el mismo entusiasmo ni siquiera entre los suyos. Incluso hay panistas que, en voz baja, añoran los tiempos del club de Toby, cuando cuatro decidían y los demás aplaudían. Pero volvamos al informe.
Contrastó y mucho, con la pasarela del miércoles pasado en el Centro de Convenciones, organizada por la facción gubernamental. Dos estilos, dos proyectos azules, dos maneras de entender el poder. Mientras allá hubo ruido, selfies y musculatura política sobreactuada ( acarreos), ayer se apostó por el mensaje implícito, el gesto medido y el simbolismo.
Toño Martín del Campo fue claro en lo esencial, reconoció a la gobernadora, subrayó el trabajo conjunto y, sin decirlo de forma explícita, dejó en sus manos el peso de la decisión futura. Bastón de mando, dirían los cuatroteístas. Estafeta, dirían los clásicos. Petición de apoyo, dirían los realistas. El mensaje fue directo y sin estridencias: aquí estoy, cuando tú decidas.
Se esperaba al dirigente nacional del PAN. No llegó. Las razones aún no se explican, pero la ausencia también comunica. Toño ha sido institucional hasta el exceso, leal a su partido y a su dirigencia. La pregunta queda flotando en el aire del teatro ¿serán tan mezquinos como para no reconocerlo? Es pregunta legítima.
Más aún, ayer dejó ver que no necesita más que su propia decisión para aparecer en la boleta del 27. El mensaje está lanzado. Quien gobierna entiende los tiempos… o debería entenderlos. También es pregunta.
En el anecdotario, desfilaron senadores y figuras nacionales azules, muchos de ellos herencia de la accidentada gestión de Marko Cortés. Ahí estuvo incluso la excandidata presidencial de 2024, hoy reciclada en el circuito fitness y motivacional. Se desaprovechó, eso sí, la presencia de estas figuras, mala logística de prensa, una sola mampara para el chacaleo y cero mensajes políticos contundentes de respaldo. Un flanco a corregir si se quiere jugar en serio.
Llamó la atención la presencia de Nora Ruvalcaba, quien ha dicho, recio y quedito, que es amiga del senador azul. Su asistencia, pese a la confrontación creciente con el grupo de la gobernadora, no pasó desapercibida. En política, las ausencias pesan; pero algunas presencias pesan todavía más.
Y hablando de ausencias, el cachorro no apareció. Tal vez una luminaria descompuesta lo obligó a atender una emergencia eléctrica. Tampoco se vieron algunos diputados federales ni funcionarios estatales que, en el café, juran apoyo incondicional. Alguien les habrá advertido algo. Sus faltas quedaron registradas.
En unas semanas, el cronómetro político empezará a girar más rápido. Lo de ayer fue apenas un botón de muestra del estado real del PAN, en lo nacional y en lo local, contradicciones internas, egos mal acomodados y dilemas sin resolver. Si no los enfrentan, corren el riesgo de volverse irrelevantes en el tablero. Y vienen nuevas fuerzas que, de lograr su registro, terminarán de drenar a un PAN cada vez más confundido.
Aquí dejo la roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo. Como siempre.