Next Energy:Fraude Gigante en Aguascalientes

Peces de ciudad

Es sumamente grave que, ante un hecho de tal de relevancia el Gobierno del Estado haya optado por el silencio. ¿Qué temen? ¿Qué se esconde?

En Aguascalientes hemos aprendido —a fuerza de tropiezos— que el progreso no llega envuelto en discursos grandilocuentes ni en presentaciones llenas de powerpoints brillantes. Llega cuando hay planeación, contratos claros, responsabilidad pública y rendición de cuentas. Por eso el caso de Next Energy no puede leerse como un simple “error administrativo”, sino como una advertencia seria sobre cómo se fabrica un fraude político-financiero a plena luz del día.

Desde el inicio, el proyecto fue presentado como una solución milagro: energía limpia, ahorro para el estado, modernidad, sustentabilidad. Palabras grandes, seductoras, perfectas para la propaganda. Pero conforme pasó el tiempo, los números no cuadraron, los beneficios no llegaron y las explicaciones se volvieron cada vez más evasivas. Cuando un proyecto presume ser histórico pero no resiste una revisión básica, algo huele mal. Insisto, ¿Por qué la postura del gobierno ha sido la del silencio?

Lo más preocupante no es solo la empresa involucrada, sino el ecosistema de complicidades que permitió que avanzara. ¿Quién revisó los contratos? ¿Quién avaló los supuestos ahorros? ¿Quién decidió que no era necesario transparentar a detalle los términos del acuerdo? En un estado como Aguascalientes, donde se presume orden y legalidad, estas omisiones no son menores: son políticas.

El caso Next Energy exhibe un patrón ya conocido en México:

  1. Se presenta un proyecto “innovador”.
  2. Se prometen beneficios futuros difíciles de verificar.
  3. Se firman contratos opacos.
  4. Cuando surgen dudas, se apela a tecnicismos o al silencio.

Y mientras tanto, el riesgo lo asume lo público y la ganancia se privatiza.

No se trata —todavía— de una sentencia judicial; se trata de algo igual de grave: un fracaso ético. Gobernar no es apostar recursos públicos a la fe ni confundir desarrollo con espectáculo. Si un proyecto energético no puede explicarse con claridad a la ciudadanía, entonces no merece ejecutarse.

Aguascalientes no necesita Next Energy ni ningún otro nombre rimbombante para avanzar. Necesita instituciones que funcionen, servidores públicos que expliquen y ciudadanos que no olviden. Porque cuando los fraudes no se nombran, se repiten. Y cuando se normalizan, dejan de escandalizar… hasta que el costo ya es irreversible.

Next Energy no es solo un mal negocio.

Es una crónica de cómo el poder, cuando no se vigila, confunde innovación con simulación y futuro con saqueo.

 

 

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