Servidores del Pueblo de Dios

Esta semana en nuestra diócesis se celebrarán ordenaciones diaconales. Los diáconos son servidores del pueblo de Dios. Un ministerio de hunde sus raíces en la Sagrada Escritura, en los Hechos de los Apóstoles. La aparición de este ministerio en la vida de la Iglesia es consecuencia del aumento de fieles y la preocupación de los apóstoles de no descuidar la atención a los más necesitados.

El próximo viernes 30 de enero de 2025, nuestro obispo conferirá el diaconado a cinco jóvenes que se han preparado en nuestro Seminario. Para nosotros como Iglesia Particular, las ordenaciones son signo de esperanza y alegría, pues en este regalo vemos la mano providente del Señor que no cesa de enviar operarios a su mies.

Quien se ordena diácono deja de ser laico para convertirse en clérigo. Al pensar en estos hermanos nuestros que se ordenaran diáconos. Sin duda que una de las preguntas esenciales que nos podemos hacer es la siguiente: ¿vale la pena en una sociedad como la nuestra consagrararse al servicio del Señor?

Para los ambientes más religiosos, la respuesta es clara y obvia: si.
Sin embargo, los consagrados al Señor mediante el sacramento del Orden, no sólo le hablamos a los ambientes más religiosos y católicos de la sociedad. Hoy más que nunca es preciso que el consagrado se visualice a sí mismo como un don para la humanidad. Sí, el ámbito en el que se debe mover quien ha recibido el Sacramento del Orden es el mundo, ahí hemos sido enviados no para llenarnos de aquello que no le viene bien a quien ostenta la vocación ministerial, sino para que ejemplo de Jesús nos animemos a llevar consuelo, esperanza y alegría a las personas con rostro concreto.

Jesús envía a los discípulos al mundo, pero desde la óptica del evangelio de san Juan, Él ha pedido al Padre por todos nosotros: “Santificalos en la verdad: tu Palabra es la verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.”, Jn. 17, 17-18

Del sacerdote las personas lo que esperan es que seamos personas de un contacto íntimo con Dios. ¡Que tarea tan grande e interminable!, que nuestra vida diga de Dios a los demás optando siempre por la coherencia de vida.

Le agradecemos al Señor por este don de su generosidad, que el Señor haga de estos cinco nuevos diáconos auténticos servidores de su pueblo, que no tengan miedo caminar en las periferias existenciales del ser humano en donde la Palabra de Dios se convierte en la lluvia suave que calma la aridez del alma.

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