Intersecciones en Clave de Género
Mientras la 56ª edición del Foro Económico Mundial se desarrolla en Davos con el lema “Espíritu de Diálogo”, hay algo que habla más fuerte que los discursos: de las 191 sesiones programadas, apenas tres se ocupan específicamente de las mujeres. Eso es aproximadamente un 1,6%. Parece un error tipográfico, pero es la realidad matemática de 2026
Sin embargo—y aquí viene lo interesante—las mujeres están en todas partes. Christine Lagarde, Kristalina Georgieva, Nadia Calviño, Ana Botín. Son las voces que importan en el debate global, aunque sus espacios designados sean un puñado en una agenda abarrotada. Esto no es exclusión; es algo más sofisticado: es la invisibilidad del poder que ya existe.
El Dinero Cambió de Manos. Nadie se Lo Ha Dicho Aún.
Para 2030—dentro de cuatro años—las mujeres controlarán aproximadamente $34 billones de dólares en activos invertibles en Estados Unidos. Hace una década, ese número era de $7.3 billones. No estamos hablando de cambio marginal; estamos hablando de una transformación financiera de magnitud tectónica.
El Foro de Davos discute geopolítica, inteligencia artificial, crecimiento económico. Pero el dato que debería revolucionar esas conversaciones es este: mientras los hombres más ricos del mundo dialogan en los Alpes suizos, sus esposas, hijas y herederas se están convirtiendo en la variable desconocida de la economía global. Será que el “espíritu de diálogo” incluya preguntar qué harán ellas con esa riqueza.
La “Gran Transferencia de Riqueza” no es futuro; es presente. Setenta por ciento de los $124 billones transferidos en los próximos veinticinco años irá a manos de mujeres. Pero aquí el problema es doble: mientras que el dinero llega, la confianza no. Ochenta y cuatro por ciento de las mujeres reportan falta de seguridad para gestionar herencias o patrimonios. Es como si le diéramos a alguien las llaves de una mansión pero le dijéramos “no sabemos si sabes abrir la puerta”.
El Liderazgo Que Se Ve vs. El Que Se Ejerce
En Davos se habla de “Futuro de la Inclusión” como si fuera una sesión de innovación. Pero la inclusión ya no es un debate corporativo; es un imperativo económico. Las empresas con al menos treinta por ciento de mujeres en puestos de liderazgo tienen márgenes de beneficio neto más altos. Esto no es filosofía; es contabilidad.
Sin embargo, miren los números: las mujeres ocupan solo el 28% de los cargos directivos globales. En tecnología y finanzas—precisamente los sectores que moldean el futuro—su representación es aún menor. Solo el 10% de los CEOs de grandes empresas son mujeres. Y la brecha salarial persiste: 16% menos para trabajos idénticos.
Lo perverso es que la calificación no es el problema. En América Latina, por ejemplo, las mujeres en puestos gerenciales tienen mayor nivel educativo que sus homólogos masculinos (69% contra 58% de título universitario). Entonces, ¿de qué se trata? De que tener las credenciales no es lo mismo que tener el poder.
El Techo de Cristal Es Más Que Metáfora
En las últimas discusiones de Davos sobre inclusión, surgió un debate revelador: algunos argumentaron que los programas de diversidad se desviaron hacia “igualdad de resultados” cuando deberían enfocarse en “igualdad de oportunidades”. Suena razonable. Pero es un argumento que evita la pregunta incómoda: si les damos a las mujeres las mismas oportunidades y aún así representan menos del treinta por ciento del liderazgo, ¿qué estamos ignorando?
La respuesta no está en una sesión de Davos. Está en las estadísticas de que las mujeres tienen 28% más de habilidades interpersonales que los hombres, y que los equipos liderados por mujeres son más inclusivos, con mejor retención de talento. Es decir: las mujeres están siendo seleccionadas contra sus fortalezas, no a favor de ellas.
La Paradoja de la Confianza
Un dato emerge del caos: mientras que el 84% de las mujeres carece de confianza para gestionar herencias, el 93% de las mujeres que ya han heredado están construyendo riqueza independientemente. No necesitan la herencia para lograr sus objetivos financieros; la están usando para invertir estratégicamente, pagar deudas, apoyar a su comunidad.
Es decir, existe una brecha colosal entre la confianza predicha y la confianza demostrada. Los números que temen a la incertidumbre actúan como emprendedoras de su propio capital. Generación Z y millennial están abriendo cuentas de inversión a los veintiuno años de edad—comparado con el 6% de las mujeres baby boomers.
¿Qué significa esto? Que el problema no es la capacidad; es la arquitectura. Las estructuras que sustentan la confianza financiera están diseñadas para hombres y, cuando se colocan sobre ellas a las mujeres, chirrían.
Lo Que Davos No Dice (Pero Debería)
En Davos 2026, se desplegarán temas sobre crecimiento, estabilidad, resiliencia. Se hablará de cómo la IA transformará los mercados laborales. Pero hay una conversación ausente: ¿quién capturará el valor que generarán las mujeres controlando una tercera parte de la riqueza invertible mundial?
Las tendencias filantropía y sostenibilidad no son periféricas; son predictivas. Las empresas lideradas por mujeres priorizan políticas ambientales más robustas y bienestar de empleados. No por altruismo; porque entienden que el crecimiento sin sostenibilidad es fracaso aplazado.
Mientras que los líderes hablan de “cooperación renovada” en un contexto geopolítico fragmentado, las mujeres ya están practicando una forma de cooperación diferente. Están heredando, invirtiendo, filantropeando, pero lo hacen desde márgenes que aún no alcanzan paridad. Es como observar a alguien construir un puente mientras insisten en que aún no tiene permiso para cruzarlo.
Visibilidad Sin Poder Es Espectáculo
Davos tendrá sus tres sesiones sobre mujeres. Christine Lagarde hablará tres veces—porque el BCE la necesita, no porque el Foro haya reconocido su relevancia. Es la lógica del poder existente: las mujeres ocupan asiento en la mesa, pero la mesa sigue siendo demasiado pequeña.
Lo irónico es que mientras Davos intenta democratizar la conversación sobre inclusión, está perdiendo el dato más democrático de todos: para 2030, el dinero será más inclusivo que las instituciones. Las mujeres tendrán poder de mercado que las salas de Davos aún no reflejan.
El verdadero “espíritu de diálogo” no se trata de invitar a más mujeres a Davos. Se trata de reconocer que el diálogo mundial sobre economía, tecnología y futuro es incompleto sin comprender que el 40% del capital investible mundial pronto estará bajo decisión femenina.
Y eso no cabe en 1,6% de las sesiones.
*Gwendolyne Negrete es columnista especializada en análisis de género, economía y poder institucional. Escribe desde la intersección donde los números encuentran las historias que revelan.