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Davos 2026 y el momento estratégico de México en la economía del siglo XXI
Durante décadas, el comercio internacional fue el gran organizador del crecimiento global. Integrarse era avanzar. Exportar equivalía a desarrollarse. Competir significaba producir mejor y a menor costo. Esa lógica definió políticas públicas, estrategias empresariales y decisiones de inversión durante generaciones.
Davos 2026 confirmó, con claridad técnica y sin dramatismo, que ese paradigma dejó de ser suficiente.
Hoy, el comercio dejó de operar como un mecanismo neutral de integración económica. Funciona como un sistema de evaluación permanente, donde se valida quién cumple, quién se alinea y quién puede sostener su lugar en un entorno cada vez más exigente. La globalización no colapsó; evolucionó hacia una lógica selectiva, en la que el acceso a mercados se condiciona a estándares complejos, verificables y cambiantes.
El Global RisksReport 2026 del World Economic Forum identifica a la confrontación geoeconómica como el principal riesgo sistémico para el crecimiento global. No se trata de una crisis coyuntural, sino de un cambio estructural en la forma en que las economías interactúan y compiten. En este nuevo orden, el comercio ya no ordena al mundo: decide quién permanece.
Davos 2026: diálogo en un sistema que ya no es uniforme
El lema “A Spirit of Dialogue” reflejó con precisión el momento histórico. El diálogo aparece cuando el consenso previo deja de funcionar. En Davos no se discutió cómo expandir el libre comercio, sino cómo operar en un mundo fragmentado, con múltiples sistemas regulatorios, estándares diferenciados y prioridades estratégicas que ya no convergen de forma automática.
Gobiernos, organismos multilaterales y líderes empresariales coincidieron en un diagnóstico sobrio: el comercio global dejó de regirse por un solo conjunto de reglas compartidas. Hoy conviven marcos simultáneos, donde el cumplimiento técnico, ambiental, laboral, tecnológico y de gobernanza define la permanencia en las cadenas de valor. El comercio sigue siendo motor económico, pero ya no es automático ni uniforme; es evaluativo, condicional y profundamente estratégico.
De la eficiencia al alineamiento: el nuevo criterio de competitividad
El cambio más profundo no es arancelario; es conceptual.
Durante años, la pregunta central fue quién producía mejor. Hoy, la pregunta decisiva es quién puede demostrar alineamiento integral con estándares globales y sostenerlo en el tiempo.
La eficiencia sigue siendo necesaria, pero ya no basta. La competitividad se mide por capacidad de cumplimiento verificable, trazabilidad, gobernanza y anticipación regulatoria. Este nuevo entorno no se impone con discursos proteccionistas, sino con instrumentos técnicos: auditorías, certificaciones, verificaciones laborales, huella ambiental, controles tecnológicos. Mecanismos legítimos que, en la práctica, redefinen el acceso y la jerarquía dentro del comercio internacional.
Cuando la geoeconomía entra a la sala de juntas
Para las empresas, este cambio no es teórico; es operativo y financiero. En Davos, estudios presentados por firmas globales mostraron una caída relevante en la confianza de los CEOs respecto al crecimiento de sus ingresos, no por falta de mercado, sino por incertidumbre estructural: regulatoria, política y comercial.
Hoy, cada decisión de inversión incorpora variables que antes se consideraban externas: estabilidad normativa, alineación geopolítica, riesgo regulatorio, consistencia institucional. La geopolítica dejó de ser un telón de fondo y se convirtió en un factor directo de planeación estratégica. Producir bien ya no garantiza rentabilidad; exportar ya no asegura acceso sostenido.
México en el nuevo tablero: fortalezas reales, desafíos ineludibles
México llega a esta etapa con ventajas estructurales claras: integración profunda con Norteamérica, una base manufacturera sólida, talento técnico competitivo y una ubicación estratégica. En un mundo fragmentado, estas fortalezas siguen siendo relevantes.
Sin embargo, Davos también dejó una advertencia: las ventajas pasivas ya no garantizan permanencia. Las economías que sostienen su posición son aquellas que acompañan la apertura con estrategia industrial, anticipación regulatoria y protección de capacidades críticas.
México ha avanzado en integración, pero enfrenta el reto de consolidar una visión de largo plazo que le permita transitar de una lógica de acceso automático a una de posicionamiento estratégico consciente. En un entorno donde el margen de error se reduce, reaccionar tarde se vuelve costoso.
El frente interno: fricción, certidumbre y competitividad
En este nuevo contexto global, la competitividad no se define únicamente por el entorno externo. Las decisiones internas importan más que nunca, porque cualquier aumento de fricción operativa se amplifica cuando el comercio se vuelve selectivo.
México ha impulsado reformas relevantes en materia aduanera, laboral y de fiscalización con objetivos legítimos: formalización, recaudación, combate a prácticas ilegales y mejora en condiciones de trabajo. Sin embargo, en un entorno global altamente competitivo, el cómo y el cuándo de estas transiciones es tan importante como el fondo.
El endurecimiento de controles aduaneros, la implementación gradual de reformas laborales como la reducción de jornada y nuevas obligaciones operativas, así como un entorno de mayor fiscalización, introducen costos de adaptación que las empresas deben absorber en un momento de elevada presión global. No se trata de cuestionar la intención de las reformas, sino de reconocer que sin esquemas claros de transición, acompañamiento y certidumbre, estos cambios pueden convertirse en barreras indirectas para la inversión y el crecimiento de las empresas ya instaladas.
En la economía del cumplimiento, la fricción interna también compite.
Seguridad: una variable que dejó de ser periférica
A este frente interno se suma un factor que en Davos fue recurrente en la conversación sobre México: la seguridad. No como narrativa mediática, sino como variable económica.
Para socios comerciales y gobiernos, particularmente Estados Unidos, la seguridad dejó de ser un tema separado del comercio. Hoy se vincula directamente con la integridad de las cadenas de suministro, la trazabilidad de mercancías, el combate al contrabando y la certeza en las operaciones logísticas.
La presión externa en este rubro no es retórica: responde a una lógica de gestión de riesgos en un entorno de alta vigilancia comercial.
Para México, esto implica que la seguridad ya no es solo un desafío social o de gobernanza, sino un componente directo de competitividad económica y reputación internacional. Ignorar esta conexión sería subestimar cómo se evalúan hoy los países dentro del sistema comercial global.
Representación y narrativa: una lectura estratégica
En este contexto, la participación de México en Davos mediante una delegación de alto nivel, con perfiles vinculados a sostenibilidad, cooperación internacional y liderazgo empresarial, se inscribe en los temas que hoy dominan la agenda global. En foros como Davos, la relevancia no se mide solo por presencia física, sino por claridad estratégica, coherencia de mensajes y capacidad de incidencia.
En un mundo donde las reglas se anticipan en estos espacios, la construcción de narrativa país y la consistencia institucional son activos tan importantes como los tratados comerciales.
Reflexión final: permanecer es una decisión estratégica
Davos 2026 dejó una conclusión inequívoca: el comercio ya no organiza al mundo; evalúa quién puede permanecer en él. La globalización continúa, pero bajo reglas más técnicas, selectivas y exigentes.
México aún tiene margen de maniobra. Pero ese margen se estrecha si seguimos operando bajo supuestos que ya no gobiernan al mundo. En esta nueva etapa, no basta con producir, exportar o integrarse. Hay que anticipar, decidir y proteger estratégicamente aquello que sostiene nuestra competitividad.
El verdadero desafío no es competir contra otros países, sino competir contra el tiempo. Porque mientras el mundo redefine reglas, estándares y alianzas, quedarse inmóvil también es una decisión. Y casi siempre, la más costosa.
En la economía que emerge, permanecer no es consecuencia del tamaño ni de la historia, sino de la capacidad de leer el tablero completo y actuar con visión de largo plazo. El comercio seguirá existiendo, pero solo para quienes entiendan que hoy no gana quien más vende, sino quien mejor se posiciona.
El futuro no se va a negociar en retrospectiva.
Se está decidiendo ahora.
Y México aún está a tiempo de decidir desde qué lugar quiere permanecer.