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Susana Zabaleta convierte los abrazos en un acto de sanación colectiva

Con la misión de repartir abrazos, Susana Zabaleta eligió el Museo Soumaya, en la Ciudad de México, para encontrarse con su público.

Sin selfies, autógrafos ni poses ensayadas, la soprano se dispuso a escuchar a cada uno de los fans que hicieron fila en el recinto cultural para formar parte del proyecto Los Abrazos, que lleva haciendo desde 2013 y que la llevó a publicar "El Otro Libro de los Abrazos" (2020).

Luciendo un vestido blanco entallado, Zabaleta arribó al sitio a las 11:00 horas, acompañada de dos artistas que realizaron acrobacias con telas.

"Este es un pequeño regalo para todas esas personas que han sufrido mucho y han pasado por cosas terribles. Quiero darles la esperanza de que todo pasa, absolutamente todo. Incluso lo malo se transforma en aprendizaje para lo que sigue, para lo que viene y para el estar. Entonces, cada abrazo significa eso", dijo Zabaleta antes del encuentro.

La cantante inició la experiencia al centro de un espacio armonizado con flores, un tapete y sofás blancos al fondo, donde extendió los brazos y alzó la mirada para realizar una breve meditación.

"Ojalá todos estemos en la misma sintonía y podamos decir: todo lo que la vida trae para mí viene con paz, alegría, amor y gloria", afirmó.

La también actriz se acomodó el cabello detrás de las orejas para dar la bienvenida a Emmanuel Reyes, quien viajó desde Tampico, Tamaulipas, para participar en el encuentro. Tras el abrazo, cada asistente pasó frente a un espejo para enfrentarse consigo mismo y, después de un momento de reflexión, pudo dejar un mensaje escrito dirigido a la cantante.

Francisco Bringas Valdez amenizó la experiencia con percusiones tradicionales de India, mientras que cada asistente aprendió a "habitar el silencio" y entregó su celular al staff, quien estuvo encargado de tomar una fotografía sin interrumpir la intimidad del momento.

"El abrazo es el gesto, el mensaje y el final. Para preservar la intimidad de la experiencia, este encuentro se ofrece sin palabras, sin selfies y sin autógrafos", se indicaba a través de letreros.

Durante la actividad, Susana recorrió el espacio con la calma de quien no tiene prisa ni agenda promocional. Se acercó a la gente sin intermediarios, sin convertir el momento en espectáculo dando fin a la experiencia a las 17:00 horas.

El contacto con cada persona fue breve, pero genuino: una pausa íntima en medio de la solemnidad del museo, donde la cercanía sustituyó al aplauso.

 

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