Desde el Lunar Azul
Ayer arrancó formalmente el periodo del nuevo rector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Un hidrocálido marista, de esos que todavía creen que la sobriedad es una virtud y no una estrategia de marketing. Juan Carlos Arredondo llega con todas las características de la gente de Agüitas: discreto, educado, con vocación humanista… y con una sonrisa que sabe que entra a un terreno minado.
Porque no nos engañemos, su llegada se da tras una elección polémica, operada por esa Junta de Gobierno que vive en una dimensión paralela. Una esfera oscura (no por malvada, sino por hermética) cuyos integrantes nadie ve, nadie elige, pero todos padecen. Un órgano tan autónomo que a veces parece emancipado incluso del sentido común.
Y sin embargo, la UAA merece algo mejor que el cinismo fácil. Es una gran universidad, una institución a la que muchos hidrocálidos, ya sea por nacimiento o adopción, le debemos formación, redes, identidad. Precisamente por eso duele verla rozar peligrosamente intereses ajenos al mundo académico, intereses políticos, financieros, incluso francamente turbios. Tal vez ha llegado la hora de que la universidad se exija a sí misma la excelencia que pregona en discursos y comunicados.
El contexto no ayuda. Geopolítico, social, tecnológico, todo se mueve. Mientras tanto, muchas universidades mexicanas siguen defendiendo planes de estudio anquilosados, dinámicas cerradas y una fe casi religiosa en el ladrillo y la burocracia. ¿Para qué seguir levantando edificios y engordando plantillas administrativas cuando la cuarta revolución industrial, potenciada por la inteligencia artificial, está pulverizando los esquemas conocidos?
Autonomía no puede seguir siendo sinónimo de inmovilidad.
En ese escenario, el nuevo rector presenta un plan razonable, incluso necesario. Ampliar matrícula, atender la salud mental, transparentar plazas docentes, sacar la investigación de los cubículos y darle impacto social, fortalecer finanzas sin vender el alma. Nada revolucionario, pero sí urgente. El diablo, como siempre, estará en la ejecución… y en los consejeros que le susurren al oído. Porque no todos los consejos son sabios; algunos solo portan intereses oscuros con credencial universitaria.
Habrá presiones. Ya se asomó la amenaza velada desde Palacio: “nos vamos a coordinar”. Frase amable que, en vísperas del 2027, puede traducirse en tentaciones peligrosas. Convertir campus en pasarelas partidistas es un viejo vicio del poder. Ojalá Arredondo recuerde que la cercanía con el gobierno suele cobrarse caro y que la verdadera autonomía se ejerce, no se declara.
Quizá el menor de los males sea la política. Más grave sería seguir simulando. Durante años, la UAA se refugió en claustros cómodos, protegida por una autonomía que en ocasiones sirvió de coartada para malas decisiones, incluso para inversiones desastrosas recomendadas desde el poder. La memoria, esa que el nuevo rector invocó con tono casi poético, también sirve para no repetir errores.
Justo por eso resulta mezquino que los ataques a la rectora saliente, Sandra Pinzón, pretendan borrarla del relato. Su informe mostró avances reales: ampliación de cobertura, nuevas licenciaturas, finanzas sanas, regularización de plazas, becas inéditas. En Aguascalientes, donde tanto presumimos nobleza, no debería quedar impune la descalificación gratuita ni el linchamiento retrospectivo. La crítica es legítima; la ingratitud, no.
Y mientras todo esto ocurría en el solemne recinto universitario, más tarde, en la plaza de toros, propiedad de los Bailleres, el Foro de las Estrellas robaba cámara, atención y conversación pública. La toma de protesta del rector quedó opacada por luces, escenarios y selfies. Símbolo perfecto de estos tiempos: el espectáculo venciendo al contenido. No es culpa del foro, desde luego, pero sí una llamada de atención para una universidad que debe volver a ser faro y no nota al pie.
Aquí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo. Como siempre.