Contra Paradigma
Ya basta.
La negligencia a todo lo que da.
No sorprende, pero sí indigna, la bajísima calidad de los servicios públicos. A ver: si en campaña se promete, se cumple. O al menos eso dicta el manual básico de la decencia política. Pero aquí la vocación está por los suelos y la demagogia —junto con la mentira— vuela alto, muy alto.
Esta vez le toca al municipio de San José de Gracia, donde los reportes ciudadanos se acumulan y no precisamente por exceso de entusiasmo. Vecinos, de viva voz y con evidencia en mano, denuncian que el agua de uso doméstico es cualquier cosa menos de uso doméstico: algunos días sale verdosa, otros francamente insalubre y, cuando el milagro no ocurre, simplemente no hay agua.
Las respuestas oficiales son un déjà vu administrativo: “se está trabajando en ello”, “ahorita no está el responsable”, “comprendemos su molestia”. Mientras tanto, la población hace malabares para sobrevivir a esos “pormenores”. Lavar trastes o ropa en esas condiciones no solo es indigno, es un atentado contra la salud.
Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿qué ocurre después de que se toman las riendas de un municipio? ¿Por qué tanta falla administrativa? ¿Por qué tan pocos trabajan? ¿Dónde quedó el compromiso de quienes ganaron las elecciones?
¿O acaso la respuesta oficial es el resignado “así siempre ha sido”?
Porque pareciera natural —y tristemente normal— que los menos preparados y los más omisos terminen gobernando. Claro, no llegan solos: llegan de la mano de negociaciones familiares, apellidos de abolengo local y cúpulas que se reparten el municipio como si fuera herencia. Ya son varios los desaires documentados hacia la ciudadanía, y ahí están las denuncias públicas para quien quiera verlas.
Seguir por este camino es ponerle punto final a la continuidad de ese partido político en el municipio. La ausencia de trabajo pasa factura. ¿Será que los esfuerzos y los recursos están enfocados en otras prioridades? Usted sabrá leer entre líneas.
Lo verdaderamente urgente es que la población esté capacitada para exigir legalmente el cumplimiento de la función pública. Eso sí es empoderamiento ciudadano, no los discursos huecos de cada lunes. San José de Gracia ha padecido históricamente el abandono y la solución es clara: gente preparada, no burócratas acomodados por palanca.
La propia población reconoce que las sesiones de cabildo son opacas, mal comunicadas y sin difusión de resultados. No hay debate público, no hay rendición de cuentas; es un páramo político. Falta músculo —y voluntad— para que el trabajo municipal se note.
El comercio está olvidado, las oportunidades de empleo brillan por su ausencia y los servicios básicos, la salud y la seguridad apenas sobreviven. Eso dice la gente.
Y lo que más preocupa: la niñez. Se escuchan quejas constantes sobre docentes sin preparación, centros educativos que funcionan más como guarderías improvisadas y cobros de cuotas “para limpieza”, cuando se supone que hay recursos públicos destinados a ello. Peor aún: si los padres se inconforman, el desquite —dicen— recae en los niños. Repito: es lo que la gente cuenta.
El problema se agrava porque no hay canales seguros para denunciar. Quejarse implica exponerse al señalamiento o a la amenaza velada del “luego no pidan apoyo”. Eso no es gobierno: es extorsión moral. Es ser peor que mercenarios.
Lo lamento profundamente por quienes padecen esta realidad, pero más por los pocos funcionarios que, contra todo pronóstico, cargan sobre sus espaldas la incompetencia de jefes y líderes incapaces de aceptar la más mínima crítica constructiva.
Cada funcionario sabe cómo trabaja en realidad. Por eso también sabemos que hay héroes sin capa, intentando que el municipio funcione al menos en lo básico. No todo está perdido. La política ya no es monopolio de unos cuantos y, al final, es la sociedad quien decide.
A San José de Gracia le urge recuperar la dignidad en la política, replantear el cómo se gobierna y construir una comunidad más unida, participativa y orientada al bien común, no al beneficio de siempre.