De todo y para todos

Bajo presión

MTV debutó a inicios de la década de los 80 con Video Killed the Radio Star de The Buggles. El 31 de diciembre de 2025, Paramount Global confirmó que los diferentes canales de MTV Music dejaban de existir. No asistí al funeral, pero estoy convencido de que, por alguna de las señales, se transmitió una cápsula titulada Algorithm Killed the Video Star, de autoría colectiva, hija del espíritu de los tiempos, en el que la curiosidad es desplazada por la complacencia.

Una trayectoria de más de 40 años simplifica la tarea de un balance en el que se subrayen los fallos, las omisiones y las zonas oscuras de MTV, en especial a partir del 2000, cuando la señal se rindió al espectáculo de la riqueza de los artistas y a la explotación del morbo de los realities, diluyendo hasta volverlo irrelevante, el logro de haber revolucionado la industria musical a través de la creatividad y la innovación.

Con una aplicación que identifica canciones en mano, debe ser muy difícil imaginar a cualquier joven mirando hacia los altavoces, tratando de reconocer lo que escuchaba durante una fiesta, reteniendo la tonada para, días después, acudir a la tienda de discos y tararearla ante el vendedor. Ante la disponibilidad inmediata, cuesta comprender el acecho con el que se escuchaba la radio: los dedos de una mano cruzados y los de la otra sobre los botones de REC y PLAY, esperando que el locutor no se montara sobre la canción que queríamos grabar. A quienes crecen ya con el streaming como oferta natural, las mixtapes con las que compartimos nuestros descubrimientos musicales o hacíamos declaraciones de amor les deben parecer objetos propios de un ritual funeral de siglos pasados.

Más allá de la multiplicación de anécdotas que puede compartir la generación que creció al amparo de MTV, lo que hemos dejado atrás, y quizá lo más relevante, es la curaduría de contenidos y la conexión con un ser humano. En su época dorada, MTV no era solo una pantalla con videos: era un espacio donde voces jóvenes hablaban a sus pares y compartían descubrimientos que se sentían auténticos.

Las plataformas de streaming son herramientas útiles, sin duda, pero suelen ser frías y redundantes. El algoritmo está diseñado para darte más de lo mismo, para evitar que abandones la aplicación, a costa de limitar el crecimiento cultural y la experiencia del descubrimiento.

El silencio que dejó la transición definitiva de MTV hacia el contenido de telerrealidad marcó, para muchos, el fin de una guía musical global. Mientras aquel gigante comercial se desvanecía, otras señales permanecían encendidas. Las estaciones universitarias, lejos del vértigo del mercado y de la dictadura del clic, siguieron cumpliendo una función que hoy resulta más vigente que nunca.

Radio UAA ha heredado esa vocación de faro cultural y musical, con una ventaja decisiva: la autonomía universitaria. Al sintonizarla no se escucha una lista de reproducción diseñada en una oficina comercial de otro país, sino el criterio de estudiantes, académicos y especialistas que viven en la misma ciudad, que comparten contexto, preguntas e incertidumbres con su audiencia. En su programación conviven una voz joven que se equivoca al aire, un cruce improbable de géneros, una conversación que no estaba pensada para viralizarse.

Ahí donde el algoritmo impone compatibilidades forzadas y repite fórmulas exitosas hasta el desgaste, la radio universitaria se permite el error, la sorpresa y la mezcla. Esa libertad auditiva, cada vez más escasa, es hoy un acto de resistencia cultural. Sólo la radio pública puede sostenerla sin pedir permiso.

No hay que olvidar que Radio UAA es, además, un proyecto educativo. La participación de los estudiantes convierte al cuadrante en un laboratorio de ideas, de voces en formación, de pensamiento crítico. En un momento de la vida pública donde las opiniones tienden a polarizarse o a simplificarse, la radio universitaria ofrece argumentos construidos con rigor académico, pero atravesados por la frescura de la juventud. Aquí la diversidad no es una consigna: es una práctica cotidiana.

Celebrar el aniversario 48 de Radio UAA no es únicamente conmemorar su permanencia en el aire. Es reafirmar una oferta plural, generosa y necesaria para Aguascalientes. En tiempos de algoritmos que confunden comodidad con conocimiento, la radio universitaria sigue apostando por algo más arriesgado y más valioso: la curiosidad.

Se entiende que la radio y la televisión comerciales compitan por la atención, por el rating y por el mercado. Su razón de ser está ahí y no tendría sentido exigirles una vocación que nunca reclamaron. Lo que resulta preocupante es que buena parte de la radio y la televisión públicas hayan decidido imitarlas, renunciando a su responsabilidad social de educar, provocar curiosidad y ofrecer criterios de lectura del mundo a las nuevas generaciones.

En esa claudicación se ha cancelado la posibilidad de formar públicos. Se ha abandonado la curaduría como acto pedagógico para convertirla en concesión al gusto inmediato. Se ha confundido cercanía con banalidad y accesibilidad con pobreza de contenidos. El resultado es una oferta pública que, en demasiados casos, dejó de incomodar, de sorprender y de apostar por la inteligencia de su audiencia.

Por eso importa, reitero, celebrar la existencia de Radio UAA. Porque en un ecosistema mediático saturado de ruido y complacencia, sigue siendo un espacio donde la curiosidad no es penalizada y donde la diversidad no es simulada. Radio UAA recuerda, con hechos y no con discursos, que la comunicación pública puede y debe ser otra cosa. Que aún es posible ofrecer “De todo y para todos”, no como consigna vacía, sino como una práctica cotidiana de responsabilidad cultural. Y eso, en estos tiempos, no es sólo motivo de aniversario: es una posición política.

Coda. No todo lo que suena merece ser escuchado, ni todo lo que se escucha deja huella. La radio pública existe para eso: para recordar que entre el ruido y el silencio todavía hay una elección. Radio UAA, a diferencia de muchos, no ha dejado de hacerla.

@aldan

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