¿A quién le molesta la vida?

El pasado 28 de diciembre de 2025, era domingo, la Iglesia celebraba la fiesta de la Sagrada Familia, y a la vez ese día coincidía con la fiesta de los Santos Inocentes. Como bien sabemos la fiesta de los Santos Inocentes se presta para pensar en el tema del aborto, una realidad que desafortunadamente ha ganado terreno de manera impresionante a lo largo del mundo entero.     Aguascalientes no es la excepción, desafortunadamente cada vez con mayor facilidad las personas pueden acceder a la realización de abortos incluso en instituciones públicas.   Aunque nos cueste trabajo aceptarlo, la cultura de la muerte ha ido abriéndose espacio y temas como el aborto o la eutanasia se van ganando la aceptación de buena parte de la población.    En cuestión moral la aceptación de las mayorías nunca puede ser considerado como un criterio válido. Es decir, no porque muchas personas digan o piensen que el aborto es algo favorable lo es. Cierto que las cuestiones morales no pueden estar a merced de la aceptación de la totalidad de la población. Sin embargo, el tema sobre la legalización del aborto sigue siendo un tema sensible para muchos de nosotros. Considero que hablar del aborto nos tiene que colocar frente a una reflexión seria acerca de lo que es la vida.  Entiendo que se hable de derecho a la vida, pero a mí me ayuda más pensar en la vida como un don, es decir como un regalo que Dios permite más allá de las circunstancias en la que ésta se realice.   En una sociedad que se presume plural, democrática e incluyente no deja de llamar la atención cómo un grupo de policías estatales la mañana del 28 de diciembre de 2025 se animaran a desmontar la protesta pacífica que un grupo provida realizaba frente al palacio legislativo. ¿A quién molestaban?   Me queda claro que los policías no actuaron por ideas propias sino por órdenes de superiores, ellos simplemente hicieron lo que les pedían: ¿quién dio esa orden? Yo no lo sé. Y estoy seguro de que en la búsqueda de esa respuesta simplemente se “pasaran la bolita”.   Con esta acción queda claro que a alguien “influyente” le molesta que se toque el tema de la vida. ¿Qué tan influyente puede ser alguien para estar encima de la Constitución y anular de una forma práctica los artículos 6 y 9?   Sigo pensando que necesitamos una sociedad en donde todas las voces seamos escuchadas sin temor a la represión. Recientemente el predicador de la Casa Pontificia predicaba al papa diciendo que la unidad era posible en la diversidad. Nosotros como creyentes creemos que es el Espíritu el único capaz de darnos esa unidad y poder así tocar las mejores de las sinfonías: la de la paz, el respeto y el diálogo.   Nunca renunciemos a escucharnos.  
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