Jaque Mate a Maduro y el Destino de México en el Tablero

En estos tiempos

La detención de Nicolás Maduro ha sido presentada al mundo bajo el barniz de la justicia internacional. Sin embargo, entre las líneas del tablero global, este no es un evento judicial, sino un movimiento de aceleración estratégica. Washington no ha ido tras Maduro por lo que hizo en el pasado, sino por lo que Estados Unidos necesita asegurar para el futuro: el control absoluto del sistema energético y productivo del hemisferio antes de que el "siglo chino" se vuelva irreversible.

Aunque las energías renovables dominan los discursos de vanguardia, el petróleo sigue siendo lo que mueve la industria global. Estados Unidos ha comprendido que el petróleo tiene un valor de caducidad, y su estrategia es consolidar un dominio total sobre este recurso hoy, mientras todavía es la moneda de cambio del poder. No es una lucha por el crudo; es una guerra por el tiempo necesario para frenar a una China que ya domina el sol y el litio.

En este escenario de consolidación, la caída de Maduro cierra una "fuga" en el Caribe, pero abre una interrogante inquietante sobre nuestra propia casa: ¿Qué sigue para México en este reacomodo mundial?

Nuestra posición en el tablero es tan privilegiada como asfixiante. Tras el movimiento en Venezuela, la mirada de Washington se fija con intensidad en la próxima renegociación del T-MEC. Veremos que tanto Estados Unidos exigirá que México cierre definitivamente sus puertas a la inversión y tecnología chinas. El plan parece trazado: consolidar una cadena de producción regional donde el norte desarrolle la tecnología y nosotros aportemos la manufactura. Al final del día, ¿no es ese el papel que hemos aceptado históricamente?

Sin embargo, las dudas asaltan la viabilidad de este esquema. ¿Es realmente conveniente para México cerrarse al gigante asiático solo por mantener la simbiosis con un vecino cada vez más proteccionista? ¿Qué margen de maniobra nos queda cuando la geopolítica de "seguridad nacional" de Washington ignora nuestras necesidades de diversificación económica?

Pero la duda más oscura surge del espejo venezolano: si en esta urgencia por acelerar el conflicto con China y asegurar el bloque norteamericano, Estados Unidos pone sobre la mesa condiciones que México no pueda —o no quiera— aceptar, ¿cuál será el límite de su presión? Si la administración mexicana se convierte en un obstáculo para esta consolidación regional, ¿veremos el mismo rigor judicial y político que hoy tiene a Maduro tras las rejas?

La caída de Maduro no es un eco de la Guerra Fría, sino el prólogo de un reacomodo mundial. En este juego de gigantes, nuestra mayor duda no es si somos parte del tablero, sino si todavía nos queda espacio para mover nuestras propias piezas.

 

 

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