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HOMILÍA: Dios, está mandando señales

A Dios, no podemos verlo. Pero, Él sabe cómo darse a conocer; porque, siempre está mandando sus señales.   Dios puede llegar a ser alguien desconocido; porque al no poder verlo, también somos débiles, para descifrar sus signos.   Aún así, la gente anda en busca de señales, que le hablen de Dios.   Porque, también quisiéramos saber, qué tanto le importamos al Señor.   Ya que, en este mundo, caminamos entre luces y sombras; y, no es fácil captar las señales Divinas.   El Señor, sabe de nuestra flaqueza, y no espera a que nos esforcemos por descubrirlo, es Él, quien viene a manifestarse.   Eso significa, la Epifanía del Señor; fiesta, que hoy estamos celebrando.   Ahora, es posible contemplar la grandeza de Dios, en la pequeñez de un recién nacido.   En ese niño, podemos descubrir lo importante que somos para Dios.   El Dios de los Cristianos, es un ser Divino, que se hizo humano.   Ya no tenemos que acudir a encontrarnos con Dios, Él es, quien viene a encontrarse con nosotros.   Una estrella, es la que conduce a los magos, venidos de distintas partes del mundo.   Dice el Evangelio: …y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño”. (Mt.2).   Las personas de buena voluntad, como esos magos, se dejan cautivar por los pequeños signos, que les hablan de Dios.   Pidamos al Señor, que nos llene de sencillez, y con la mente abierta y el corazón humilde, nos dejemos guiar, por esas señales, que nos están hablando de Dios.   Y, una vez que sigamos la señal, tendremos una experiencia del Señor.   De ese ser supremo, que nos ama, y se ha querido manifestar, en la sencillez  de un niño.   Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.       Evangelio Del santo Evangelio según san Mateo: 2, 1-12 Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.   Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.   Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.   Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.   Palabra del Señor.  
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