Opinión
Si la educación no termina en la puerta de la escuela
y la ciudadanía no termina en la urna,
entonces debemos decirlo con claridad:
la regeneración cívica no vendrá del poder, sino de la conciencia organizada de la sociedad.
México no necesita más discursos, necesita arquitecturas cívicas funcionales.
No necesita más héroes políticos, sino ciudadanos formados, informados y vinculados.
1. Educación cívica viva, no simbólica
La educación cívica debe dejar de ser una materia decorativa y convertirse en una práctica viva:
• Que niñas y niños conozcan quién gobierna su colonia, su municipio y su distrito.
• Que aprendan cómo se presenta una iniciativa, cómo se exige rendición de cuentas y cómo se ejerce un derecho.
• Que visiten cabildos, congresos locales y espacios de deliberación reales, no simulados.
Educar no es memorizar artículos constitucionales,es comprender cómo funciona el poder para no ser sometido por él.
2. Plataformas ciudadanas de representación directa
Toda democracia funcional requiere transparencia accesible, no laberintos burocráticos.
Es urgente crear plataformas públicas donde cualquier ciudadano pueda saber, con claridad:
• Quién es su representante directo (colonia, distrito, municipio).
• Qué iniciativas ha presentado.
• Cómo ha votado.
• Cómo contactarlo y recibir respuesta obligatoria.
La tecnología ya existe.
Lo que falta es voluntad ética.
3. Buzones ciudadanos vinculantes, no ornamentales
No basta con “escuchar” al ciudadano:
hay que responderle.
Toda colonia, municipio y distrito debería contar con:
• Buzones ciudadanos con seguimiento público.
• Tiempos de respuesta definidos.
• Informes periódicos de atención y solución.
La queja no debe ser vista como amenaza, sino como termómetro de la democracia.
4. Consejos ciudadanos independientes y rotativos
La regeneración cívica exige contrapesos reales:
• Consejos ciudadanos sin filiación partidista.
• Integrados por ciudadanos rotativos, con duración limitada.
• Con capacidad de observación, propuesta y denuncia.
No para gobernar, sino para vigilar al que gobierna.
5. Formación ciudadana para adultos: la gran deuda
No podemos pedir participación si nadie nos enseñó a participar.
Es necesario impulsar espacios de formación cívica para adultos:
• Talleres comunitarios.
• Escuelas de ciudadanía.
• Foros vecinales con metodología deliberativa.
La democracia también se aprende.
Y nunca es tarde.
6. Recuperar el sentido del servicio público
El cargo público debe volver a ser lo que su nombre indica: servicio.
Representar no es obedecer consignas.
Legislar no es repetir líneas partidistas.
Gobernar no es administrar lealtades.
Después del honor de presidir una nación,
no hay dignidad mayor que representar con honestidad a quienes confiaron su voz.
7. La familia como primera escuela cívica
Y finalmente, la raíz de todo:
• Cuando un niño ve a sus padres informarse, preguntar y participar, aprende ciudadanía.
• Cuando observa indiferencia, aprende resignación.
• Cuando escucha reflexión crítica, aprende libertad.
No habrá regeneración cívica sin hogares conscientes,
sin padres y madres que comprendan que educar también es formar ciudadanos, no solo proteger hijos.
Cierre
México no está condenado al deterioro cívico.
Está suspendido en una decisión colectiva:
seguir delegando o comenzar a involucrarnos.
La regeneración no vendrá de un partido,
ni de un líder,
ni de una ideología.
Vendrá cuando entendamos que la democracia no se hereda: se ejerce.
Y ejercerla —como educar—
es un acto cotidiano, incómodo y profundamente humano.