Kujime – Por Qué Cerrar Bien el Año Importa Más que Empezarlo con Metas

Visión Ikigai

Faltan días para que termine 2025.

Ya sabes cómo funciona: viene el 31 de diciembre, haces un brindis a medianoche, prometes que "este año sí" harás ejercicio, aprenderás ese idioma, cambiarás ese hábito.

1 de enero amaneces con resaca y buenas intenciones. 15 de enero, las intenciones se evaporaron.

¿Por qué? Porque nadie te enseñó el secreto: antes de empezar algo nuevo, necesitas terminar bien lo anterior.

Los japoneses tienen un concepto para esto: Kujime — el arte de poner un punto final claro, de cerrar un ciclo con intención para que el próximo pueda florecer.

El problema de arrastrar el pasado

Imagina que quieres pintar un cuadro nuevo. Pero en lugar de un lienzo limpio, usas uno donde ya hay una pintura vieja, manchada, con colores que no elegiste.

¿Puedes crear algo hermoso encima? Técnicamente sí. Pero los colores viejos sangrarán. La textura estará irregular. Tu nueva obra cargará con el peso de la anterior.

Así es como la mayoría entra al año nuevo.

Arrastras los pendientes del año pasado. Las conversaciones que no cerraste. Los proyectos que quedaron a medias. Los resentimientos que no soltaste. Las lecciones que no procesaste.

Y luego te preguntas por qué tus resoluciones de año nuevo no pegan.

No es que te falte motivación. Es que estás tratando de construir sobre una base que nunca limpiaste.

Lo que significa cerrar realmente

Kujime no es solo decir "se acabó el año." Es un proceso consciente de:

Reconocer lo que fue. Sin embellecer, sin dramatizar. El 2025 tuvo victorias y fracasos, alegrías y pérdidas, crecimiento y estancamiento. Reconócelo todo sin juicio.

Extraer el aprendizaje. Cada experiencia difícil te enseñó algo. Cada victoria te mostró una fortaleza. Antes de cerrar el año, extrae esas lecciones. No las dejes enterradas.

Soltar lo que no sirve. Ese resentimiento que cargas. Ese proyecto que nunca terminarás. Esa relación que ya murió pero sigues alimentando. Déjalo ir.

Completar lo pendiente. No todo, eso es imposible. Pero las cosas pequeñas que drenan energía mental: ese correo que no has respondido, esa conversación que evitaste, ese objeto roto que sigues guardando.

Agradecer y despedir. Incluso los años duros merecen gratitud. Te mantuviste de pie. Eso cuenta.

El ritual de cierre que cambia todo

Los japoneses hacen Osouji — la gran limpieza de fin de año. No es solo limpiar polvo. Es un ritual de renovación.

Limpia tu espacio físico. Tu casa, tu oficina, tu auto. Tira lo roto, dona lo que no usas, ordena lo que quedó caótico. Cuando limpias el exterior, tu mente respira.

Limpia tu espacio digital. Ese inbox con 3,847 emails sin leer. Esos 47 tabs abiertos en el navegador desde marzo. Esas 2,000 fotos duplicadas en tu teléfono. El desorden digital es desorden mental.

Limpia tus relaciones. Si hay conversaciones pendientes, tenlas. Si hay disculpas que dar, dalas. Si hay límites que poner, ponlos. Entra al 2026 con tus vínculos claros, no confusos.

Limpia tu conciencia. Escribe todo lo que te pesa del 2025. Léelo. Procésalo. Luego, literal o simbólicamente, destrúyelo. Quémalo, rómpelo, bórralo. El acto físico de eliminar ayuda al cierre emocional.

Las tres preguntas del Hansei de fin de año

Hansei es autorreflexión sin autocastigo. Hazte estas tres preguntas con honestidad brutal:

1. ¿Dónde mi Ganbaru (determinación) me sacó adelante? Identifica tres momentos donde quisiste rendirte, pero no lo hiciste. Esos son tus verdaderas victorias del año.

2. ¿Qué carga estoy arrastrando que ya no me sirve? Un hábito, una creencia, una relación, un proyecto. Algo que era relevante pero ya no lo es. Nómbralo. Despídete de ello.

3. ¿Qué lección me dio el 2025 que no quiero volver a aprender? Los años difíciles son maestros. Si no extraes la lección, el 2026 te volverá a enseñar lo mismo, pero más duro.

El Kiri o Tsukeru que libera

Kiri o Tsukerusignifica literalmente "poner un corte". Es el acto de terminar algo definitivamente.

No con violencia. No con drama. Con claridad y firmeza.

Ese proyecto que llevas posponiendo 8 meses: Termínalo o cancélalo oficialmente. Estar "por hacerlo" drena más energía que cualquiera de las dos opciones.

Esa relación que te agota: Si ya no nutre, si solo drena, ponle un punto final. Con respeto, con gratitud por lo que fue, pero con claridad sobre lo que ya no es.

Ese hábito que te avergüenza: Decidir continuar o decidir parar. Ambos están bien. Lo que no está bien es vivir en el limbo de "debería pero no puedo".

El Kiri o Tsukeru no es abandono. Es honestidad. Es reconocer que aferrarte a lo que ya no sirve solo impide que lo nuevo llegue.

El silencio antes del inicio

En Japón, la última noche del año (Joya), tiene un ritual poderoso: las campanas de los templos suenan 108 veces —una por cada deseo terrenal que causa sufrimiento según el budismo.

Cada campanada es una invitación a soltar.

No necesitas un templo. Necesitas silencio.

En algún momento del 31, apaga todo. Teléfono, música, TV. Siéntate en silencio absoluto durante 10 minutos.

Siente cómo el 2025 se separa del 2026. Nota el espacio entre ellos. Ese Maes sagrado. Es el lienzo limpio.

Agradece al año que termina por todo lo que te dio —especialmente por lo difícil. Luego suéltalo conscientemente.

Respira profundo. Abre los ojos.

Ahora sí estás listo para comenzar.

Tu Kujime personal

Antes de que termine el año, dedica una tarde a tu ritual de cierre.

No tiene que ser perfecto. No tiene que ser largo. Pero tiene que ser intencional.

Limpia algo. Escribe algo. Suelta algo. Agradece algo. Cierra algo.

El 2026 no necesita que llegues con todas las respuestas. Necesita que llegues con espacio para construir nuevas respuestas.

Y ese espacio solo existe cuando terminaste bien lo anterior.

Gracias por caminar este 2025 con nosotros. Que tu cierre sea limpio y tu inicio sea claro.

Arigatou gozaimashita.

 

 

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