Transeúnte
“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”, así lo profetiza Isaías. Para el pueblo de Israel estas palabras proféticas fueron un consuelo y bálsamo ante el ascenso paulatino de los pueblos que buscaban apoderarse de ellos, como era el caso de los Asirios. La angustia por el despojo de la tierra prometida, aquella que manaba “leche y miel”, era un motivo suficiente para que la esperanza del pueblo se viera mermada.
Sin embargo, la esperanza era clara: el pueblo vería la luz. Y este deseo de la luz le hacía a Israel no detenerse a pesar de los muchos motivos que tenía para hacerlo. Ellos confiaban en el Dios de las promesas, mejor dicho, en el Dios de las promesas que realmente las cumplía.
Al igual que el pueblo de Israel, tenemos la necesidad de que la Luz auténtica llegue a nuestras vidas. En una sociedad en la que existen tantos destellos siempre existe el peligro de confundir a Luz auténtica. La luz es Jesús, lo vemos claro no sólo en el evangelio cuando Él afirma ser la luz del mundo. Sino también en la vida de todos los días. Sí, Jesús es la luz más brillante y la única necesaria. Él es el único capaz de disipar las tinieblas de nuestro corazón. Sólo la luz de Jesús que se manifiesta en los sencillo y poco común como el pesebre, el establo y los pastores, es capaz de transformar nuestras vidas.
Jesús siempre nos sorprende, su nacimiento también tomó por sorpresa a la humanidad entera que lo aguardaba desde hacía siglos. Quizá hubiera sido más sencillo reconocerle como rey al estilo del mundo, sin embargo se hizo niño frágil y pobre para enseñarnos que indudablemente Él siempre será el Dios que nos sorprende.
Estimados lectores, quiero a través de este pequeño escrito desearles a todos ustedes una Feliz Navidad, estamos ya a unos días de comenzar a celebrarla y que mejor momento que esta columna que amablemente tantos de ustedes tienen a bien leer para extender mi felicitación.
Son fechas llenas de compromisos para la mayoría, de ir y venir de un sitio a otro, el tráfico de nuestras calles lo atestiguan. Pero en medio de todo esto no permitamos que el ruido y ajetreo de estos días nos roben lo más sagrado y el auténtico motivo de la navidad: Jesús.
Que estos días para muchos de vacaciones y para otros de nosotros de trabajo, sean momentos en donde nos podamos encontrar con los demás de manera oportuna y positiva, con nosotros mismos y con Dios.
Dejémonos sorprender por Jesús que se manifiesta en la ternura del pesebre para así llenarnos de su ternura y amor.
Feliz Navidad a todos