Llevamos ya demasiadas noticias de procesos de selección para cargos que deberían ostentarse como autónomos ante la opinión pública, y sin embargo el patrón se repite con una precisión alarmante. El PAN, cada vez que puede, impone el dedazo y toma control de las instituciones, tal como Morena lo hace a nivel nacional. Parece decidido a aprender las peores mañas del poder, porque de lo bueno, Morena ya tiene muy poco que enseñar. ¿Qué fue lo último rescatable? Difícil decirlo.
No sorprende, entonces, que la designación del ombudsman de la Comisión Estatal de Derechos Humanos haya sido otro atropello a la razón y una burla al sentido común. Los perfiles que participaron dan cuenta de la magnitud de la falta: se eligió a una persona que, a simple vista y por mero currículum, carece de un vínculo real con la materia de derechos humanos. Nadie niega el derecho a competir; lo que se exige es respeto a un proceso de selección riguroso, pues hablamos de una investidura que representa la defensa de la dignidad humana.
¿Quién cargará con esta decisión? El Congreso. Entre abucheos y vituperios se tomó protesta a una figura que llega sin experiencia comprobable en la materia.
¿Por qué los legisladores —quienes se suponen ejemplo de inteligencia y criterio— optaron por una designación que contradice toda lógica institucional? La respuesta no llegó, ni disfrazada de justificación técnica: tampoco se explicó por qué los otros perfiles “objetivamente” no podían ocupar el cargo. La carta es fácil de leer: la búsqueda del menor contrapeso posible.
¿Es esta la antesala de una salida cómoda del poder? ¿El allanamiento del terreno para hacer y deshacer en la administración pública sin vigilancia incómoda? ¿Qué ocurrirá con los casos de violencia cometidos en los municipios? Todo indica que esas realidades que nos avergüenzan como sociedad serán enterradas bajo el silencio institucional.
Cabe preguntarse qué pensarán los inversionistas extranjeros. Los capitales feroces, desde luego, no dirán nada; pero aquellos que dependen de la confianza, de decisiones corporativas alineadas con la nueva ola de derechos y responsabilidades sociales, difícilmente verán con buenos ojos este retroceso. ¿Sera necesario darles aviso?
Habrá que vigilar con lupa el desempeño del nuevo ombudsman: qué hará, cómo integrará su organigrama y de qué manera asumirá este encargo. No queda más que desearle suerte, porque cuando la idoneidad falta, la suerte es lo último que se puede invocar.
Como ya lo hemos dicho antes, el corporativismo sigue firme y sólido en Aguascalientes. Cambiar de color no transforma al sistema; este permanecerá intacto mientras no exista voluntad política, esa misma que hoy escasea en nuestro sistema de partidos. Como ciudadano, agradezco a quienes alzan la voz frente a estos atropellos y les digo con claridad: no están solos.