México al cierre de 2025: las advertencias que se volvieron costo

TransformAcción

México no está cerrando 2025 con una crisis. Está cerrando 2025 con algo más delicado: una acumulación de advertencias que no fueron atendidas a tiempo.

No hubo un colapso repentino ni un evento extraordinario que explique el momento actual. Lo que hoy enfrenta el país es el resultado de decisiones postergadas, costos que se normalizaron y riesgos que dejaron de ser externos para instalarse dentro del sistema productivo. La industria lo ha dicho durante todo el año —en plantas, en aduanas, en carreteras, en consejos directivos—, pero el mensaje sigue sin traducirse en una estrategia clara: producir en México es cada vez más complejo, mientras la certidumbre se reduce y el margen de error prácticamente desaparece.

Este cierre de año no admite balances complacientes. Admite, sí, una pregunta incómoda pero inevitable: ¿qué ocurre cuando un país exige cada vez más a su industria, pero no fortalece el sistema que la sostiene?

Un modelo que empezó a cobrar factura

El cierre económico de 2025 no se explica solo por cuánto crecemos, sino por cómo estamos logrando sostenernos. El crecimiento fue moderado y claramente inferior al potencial del país. La actividad industrial, particularmente la manufactura, mostró episodios de desaceleración y ajustes que reflejan un entorno operativo más exigente y menos predecible.

La industria siguió produciendo, sí, pero lo hizo bajo presión creciente: márgenes erosionados, costos al alza y una carga operativa que dejó de ser coyuntural para volverse estructural. La pregunta ya no es si México tiene industria; la pregunta es si está construyendo condiciones reales para sostenerla sin desgastarla.

La inseguridad como costo productivo

Uno de los factores que más ha incidido en ese desgaste es la inseguridad. Para la industria, dejó de ser un fenómeno social distante para convertirse en un costo operativo cotidiano. Rutas alteradas, transporte custodiado, seguros más caros, retrasos y decisiones de inversión postergadas forman hoy parte del día a día de miles de empresas.

Cuando producir implica asumir riesgos que no corresponden al ámbito empresarial, la competitividad se erosiona silenciosamente. Un país inseguro no solo pierde tranquilidad social: pierde inversión, cadenas de suministro y empleo formal.

Cuando resistir deja de ser estrategia

Otra señal clara que dejó 2025 es el debilitamiento del tejido empresarial formal. El cierre o reducción de operaciones de pequeñas y medianas empresas no siempre llegó a los titulares, pero sí a las comunidades. Cada empresa que deja de operar lo hace por una combinación conocida: menor producción, mayor carga fiscal y administrativa, dificultades de financiamiento y un entorno que castiga más al formal que al informal.

Cuando la formalidad se contrae, el país no solo pierde empresas; pierde estructura productiva, empleo de calidad y capacidad de crecimiento sostenido.

MIPYMEs: el eslabón que sigue fuera

México insiste en llamar a las MIPYMEs el motor de la economía, pero las mantiene al margen de las cadenas de valor estratégicas. Su participación en exportaciones y en procesos de mayor valor agregado sigue siendo limitada. El nearshoring llegó, pero sin una política industrial clara, no modificó el modelo.

Seguimos operando bajo un esquema donde ensamblar pesa más que integrar, y cumplir pesa más que desarrollar. Invertir sin integrar proveeduría local no transforma; solo ocupa espacio.

Logística, aduanas e infraestructura: el cuello de botella

En 2025, la logística dejó de ser un tema técnico para convertirse en un tema estratégico. Bloqueos carreteros, saturación aduanera y retrasos recurrentes afectaron tiempos de entrega, contratos y costos financieros. En una economía exportadora, el tiempo también es competitividad.

Cada hora detenida en frontera o cada día perdido en carretera se traduce en margen erosionado y reputación en riesgo. Cuando la logística falla de forma recurrente, el país entero compite con freno de mano.

Más exigencias, menos certidumbre

A esta presión se sumó una realidad que el empresariado repite con insistencia: cumplir se volvió más caro, más complejo y menos predecible. Mayor carga laboral, fiscal y administrativa, acompañada de fiscalización intensa y criterios cambiantes, dificultó la planeación de largo plazo.

No se trata de evadir responsabilidades. Se trata de algo elemental: certeza. Sin certeza jurídica y fiscal no hay planeación; sin planeación no hay inversión; y sin inversión no hay productividad ni innovación.

T-MEC 2026: el reloj ya corre

La revisión del T-MEC en 2026 no es una conversación futura. Ya está influyendo en decisiones de inversión, compras, trazabilidad y cumplimiento. México llega a esta antesala con fortalezas claras, pero también con vulnerabilidades internas que no pueden ignorarse.

Llegar a una negociación de esta magnitud sin haber fortalecido la base productiva interna no es una opción estratégica.

El verdadero saldo de 2025

México cierra 2025 no por falta de talento ni de vocación industrial, sino por la contradicción entre lo que exige y lo que ofrece. Exige competitividad global, pero normaliza la incertidumbre. Exige cumplimiento absoluto, pero traslada costos estructurales a quien produce.

Producimos mucho, pero retenemos poco valor. Exportamos más, pero desarrollamos menos. A la industria se le pide absorber inseguridad, sobrecarga regulatoria, deficiencias logísticas y presión fiscal como si todo formara parte natural del negocio. No lo es. Es una transferencia silenciosa de responsabilidades estructurales hacia quien produce.

Este no es un problema de actitud empresarial. Es un problema de modelo.

Reflexión Final

México llega al final de 2025 no derrotado, pero sí expuesto. Expuesto a un mundo que avanza más rápido, a socios comerciales que elevan exigencias y a un entorno interno que opera al límite.

La industria no puede seguir compensando con resiliencia lo que debería resolverse con política pública, visión de Estado y coordinación real. Ningún país se desarrolla a base de resistencia permanente. Se desarrolla cuando produce con reglas claras, integra valor local y protege su base productiva.

2025 deja advertencias claras y costos ya pagados.

La pregunta que queda abierta no es menor: si seguiremos administrando el desgaste, o si asumiremos, de una vez, que sin una industria fuerte no hay crecimiento, no hay empleo y no hay soberanía económica.

El margen aún existe.

Lo que se agota es el tiempo.

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