En estos tiempos
La versión oficial sobre la elección de la nueva presidenta del Supremo Tribunal de Justicia de Aguascalientes fue, seamos honestos, insípida. El comunicado que alegó paridad de género y que se sustentó en la renuncia de varios magistrados y magistradas más votados para que la Magistrada María José Ocampo Vázquez pudiera asumir la Presidencia, apenas logró cumplir con el trámite. En lugar de generar confianza, esta narrativa, fría y técnica, solo dejó la sensación de un acuerdo político.
A 100 días de haber iniciado funciones el Nuevo Poder Judicial —un periodo clave para marcar el rumbo de la institución—, esta narrativa débil sigue siendo el epitafio de la designación. En lugar de ofrecer al público una justificación débil sobre cuotas y renuncias, pudieron haber contado la historia de la excelencia institucional. El verdadero problema no es lo que ocurrió, sino la debilidad de la narrativa elegida.
Imaginemos, por un momento, la historia que debimos haber escuchado. Imaginemos el cónclave real, ese que nunca ocurrió pero que debió haber sido.
La escena es la siguiente: Los magistrados, recién investidos por el voto popular, se reúnen. La tensión es palpable. Uno de los juzgadores más votados rompe el silencio, no para exigir su designación, sino para ofrecer una cátedra de ética institucional.
"Compañeros," dice con una voz firme que hace vibrar el recinto, "la confianza ciudadana no se honra con un simple trámite. La Presidencia no puede ser un premio a la popularidad. La complejidad de esta reforma judicial nos exige revisar el perfil de quien deba ocupar la presidencia de este Alto Tribunal, no soy ajeno a las disposiciones normativas que rigen el procedimiento de designación de la Presidencia, pero tampoco debemos ser cerrar los ojos a esta realidad sin precedentes que nos exige a actuar con altura de miras”
Y en un gesto de alto profesionalismo y ética, el magistrado renuncia públicamente a su aspiración.
Acto seguido, lanza el dardo: "La Presidencia no necesita ala personamás votado, necesita al mejor administrador institucional. Busquemos a quien sepa de planeación de políticas públicas, gestión de gobierno y visión de Estado." El consenso es inmediato. Los togados, inspirados por esta súbita muestra de profesionalismo, se dedican a una "revisión curricular de emergencia" que ignora la tabla de votaciones.
En ese análisis de altura, encuentran a la Magistrada María José Ocampo Vázquez. Su currículum destacaba porque se adecuaba al perfil que se necesitaba: no solo era una jurista sólida, sino que sus posgrados internacionales en Gobernanza, Negociación de Conflictos y Administración Pública, sumados a su experiencia profesional en puestos de diseño, planeación e implementación de políticas públicas, la convertían en el perfil técnico ideal para conducir los destinos del Tribunal en estos momentos de turbulencia. La elección es unánime.
Tras meditar el reto, la Magistrada acepta la misión,bajo la condición de que todo el órgano colegiado trabajara unido en la construcción de una institución que sea garante de la Justicia, de la Independencia Judicial y del Estado de Derecho, comprometiéndose a poner "todo su empeño, su inteligencia y corazón" para que el Poder Judicial de Aguascalientes sea reconocido como el mejor del país.
El Tribunal tuvo la oportunidad, en sus primeros 100 días, de dar una lección de madurez, justificando la elección de su nueva Presidenta con argumentos de excelencia administrativa y visión de futuro. En su lugar, se diluyó en la excusa de la paridad y las renuncias.
Siempre nos quedará la añoranza de ese "cónclave imaginario", donde la ética y el profesionalismo brillaron.