Inteligencia de Negocios
Imaginen por un momento que montan un motor de jet, a una persona con patines, funcionara? quizá… pero siempre terminara alguien estampado en la pared (algo que vimos muchas veces al correcaminos hacer), Esta analogía, aunque extrema, refleja perfectamente lo que está ocurriendo en miles de empresas: ejecutivos que sueñan con implementar agentes de inteligencia artificial sofisticados mientras sus empleados luchan con tareas tan básicas como tener una video llamada o recordar la contraseña de su correo electrónico.
La contradicción es asombrosa. Las mismas empresas que se proclaman "la empresa de IA del futuro" mantienen una cultura organizacional que tolera niveles alarmantemente bajos de competencia digital básica. No se trata de que los empleados sean malos con la tecnología; se trata de que las organizaciones son malas capacitándolos. La alfabetización digital es la base sobre la cual debe construirse cualquier estrategia de IA, no un lujo que se puede ignorar.
El problema fundamental no es tecnológico, sino cultural y de liderazgo. Muchos ejecutivos operan bajo la ilusión de que sus equipos despertarán una mañana convertidos en expertos digitales. Esta expectativa es tan irreal como esperar que alguien aprenda a conducir un auto de Fórmula 1 sin haber manejado jamás una bicicleta. La inteligencia artificial sin competencias digitales básicas es como construir un rascacielos sobre una base de gelatina: estructuralmente imposible y potencialmente catastrófico.
La solución comienza con reconocer la realidad. Las organizaciones deben invertir en lo que llamo "higiene digital básica": nomenclatura de archivos, almacenamiento organizado, colaboración efectiva en plataformas digitales y estructura de reuniones virtuales. Esto requiere capacitación práctica, específica por rol y en pequeñas dosis digeribles, no seminarios de tres horas que todos odian y olvidan al día siguiente.
Los líderes tienen una responsabilidad ineludible en este proceso. No pueden exigir competencia digital si ellos mismos no la demuestran. No necesitan ser expertos en cada herramienta, pero sí deben entender cómo obtener información rápidamente y liderar con el ejemplo. Exigir rendimiento de IA a una organización que nunca recibió capacitación básica es negligencia de liderazgo, pura y simple.
La competencia digital debe convertirse en un requisito del trabajo, no en una cualidad deseable. Esto no es elitismo; son competencias básicas para el siglo XXI. Las organizaciones deben celebrar visiblemente cada progreso: cuando un equipo mejora su productividad 20% después de una capacitación específica, hay que destacarlo y reconocerlo públicamente.
La transformación digital real no comienza con algoritmos sofisticados o agentes inteligentes; comienza con empleados que saben colaborar efectivamente usando herramientas digitales básicas. Antes de soñar con robots que gestionen departamentos completos, asegurémonos de que nuestros equipos puedan gestionar una reunión virtual sin contratiempos técnicos. Solo así, la promesa de la inteligencia artificial dejará de ser una ilusión costosa para convertirse en una ventaja competitiva real.