Ahí la llevamos
Mientras armamos el árbol y repetimos que “todo va a estar bien”, el país está bloqueado. No solo por trailers, tractores o manifestantes, sino por una realidad que ya no avanza. Carreteras inseguras, transportistas con miedo de no volver a casa, agricultorxs defendiendo lo poco que les queda, jóvenes de la Generación Z preguntándose si algún día podrán independizarse sin endeudarse de por vida.
Todxs están en la calle por razones distintas, pero con el mismo sentimiento: ya no alcanza, ya no se puede, ya no da confianza.
En Navidad hablamos de unión, pero México lleva años fragmentado. Un día marchan lxs maestrxs, otro día las mujeres, otro día lxs jóvenes, luego lxs agricultorxs, lxs transportistas, lxs trabajadorxs. Cada sector por su lado, cada quien bloqueando su pedazo de país, mientras el gobierno observa desde lejos, como si no fuera con ellxs.
Lo irónico es que en estas fechas nos piden paciencia, esperanza y fe. Pero la fe no paga la renta, la esperanza no te protege en una carretera y la paciencia no revive a quien no regresó.
México es una chingonería.
Su gente, su cultura, su corazón.
Pero hay que decirlo sin miedo: sus gobiernos han sido una porquería para escuchar, una decepción para resolver y un fracaso para proteger.
Esta Navidad no necesitamos más discursos envueltos en moños.
Necesitamos seguridad real.
Necesitamos oportunidades reales.
Necesitamos que dejen de preguntarnos si estamos a favor de una persona y empiecen a preguntarnos si estamos a favor de un proyecto que nos tiene cansadxs.
Tal vez un día no muy lejano ya no serán bloqueos aislados.
Tal vez un día toda la banda salga junta.
No por moda.
No por ideología.
Sino porque cuando todxs estamos jodidxs, la calle se convierte en el último espacio de diálogo.
Ojalá esta Navidad sirva para algo más que fotos.
Ojalá sirva para entender que el país no está dividido: está agotado.
Porque si algo queda claro bajo las luces navideñas,
es que México no necesita más promesas.
Necesita un futuro que sí llegue.