Democracia, ciudadanía y paz una reflexión necesaria desde América Latina

Opinión Empresarial Aguascalientes

La paz no es la ausencia de conflicto. La paz auténtica se construye cuando las personas pueden ejercer su libertad, participar en las decisiones que afectan su vida y vivir bajo el amparo de instituciones democráticas que respeten la dignidad humana. Por ello, cada vez que la comunidad internacionalponelamiradaenladefensadelademocracia,nosetratadeungestosimbólicoaislado, sino de un recordatorio profundo de nuestra responsabilidad como ciudadanía.

En días recientes, el reconocimiento internacional otorgado a María Corina Machado, y el mensaje transmitido en su nombre por su hija durante la ceremonia en la que se destacó la defensa de la democracia, la libertad y la paz, resonó mucho más allá de las fronteras de Venezuela. No fue únicamente un acto de reconocimiento personal, sino una afirmación contundente: sin democracia no hay paz posible.

Que una líder no haya podido estar presente por razones de seguridad habla por sí mismo de la fragilidad que enfrentan quienes defienden los derechos fundamentales en contextos autoritarios. Y que su voz haya sido representada por su hija añade una dimensión profundamente humana: la lucha por la democracia no es abstracta, se hereda, se cuida y se defiende generación tras generación.

En ese mensaje se recordó algo esencial: la democracia no es solo un sistema electoral, es un espacio de libertades, de diálogo, de participación ciudadana y de límites al poder. Cuando estas condiciones desaparecen, la violencia —visible o silenciosa— se instala como forma de control social. Por ello, hablar de democracia es hablar de paz, y hablar de paz es hablar de derechos.

Diversas voces parlamentarias europeas han reforzado este mismo principio al señalar que no puede existir una paz duradera si se construye sobre el miedo, la censura o la exclusión política. La estabilidad que ignora la libertad no es paz; es sometimiento. Esta reflexión no pertenece únicamente a Venezuela ni a Europa. Nos interpela a todas las sociedades democráticas, incluida la nuestra.

Desde Aguascalientes, desde México, esta reflexión adquiere un sentido particular. La democracia no se defiende únicamente en los grandes escenarios internacionales; se defiende todos los días desde lo local, desde la participación ciudadana informada, desde la exigencia de rendición de cuentas, desde el respeto a la pluralidad y desde la convicción de que la ley debe servir a las personas, no al revés.

Como ciudadana y como líder comprometida con el fortalecimiento institucional y la participación social, estoy convencida de que la paz se construye cuando la ciudadanía asume un rol activo. No basta con observar los acontecimientos internacionales con distancia; debemos comprender que los derechosquehoyotrosreclamanconvalentíasonlosmismosquenosotrosdebemoscuidarparano

perder.

La defensa de la democracia no es una tarea exclusiva de los políticos ni de los organismos internacionales. Es una responsabilidad compartida. Implica educar, dialogar, organizarnos, participar y no normalizar la injusticia, venga de donde venga. Implica también entender que la libertad no se delega: se ejerce.

El reconocimiento internacional a liderazgos que han hecho de la vía pacífica, democrática y ciudadana su bandera nos recuerda que la paz no se impone, se construye, y que dicha construcción comienza siempre con personas dispuestas a defender sus derechos sin renunciar a los principios.

Hoymásquenunca,enunmundomarcadoporlapolarizaciónylaincertidumbre,reafirmarelvalorde la democracia es una forma concreta de apostar por la paz. Y hacerlo desde la ciudadanía es, quizá, el acto de liderazgo más urgente de nuestro tiempo.

 

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