CEDHA: influenciar el algoritmo

Bajo presión

A días de que el Congreso de Aguascalientes elija a quien encabezará la Comisión Estatal de Derechos Humanos, el escenario debería bullir de argumentos sustanciosos, evaluaciones rigurosas, informes detallados y diagnósticos que involucraran a la ciudadanía en una discusión genuina. En lugar de eso, lo ocupa una procesión grotesca de influencers indignados, advertencias delirantes y una nube tóxica de ruido que sirve para todo menos para iluminar lo que está en juego, mientras que los verdaderos responsables los miembros del Congresito, se escabullen con la gracia de un chiste del Capulinita.

¿Qué ocurre con una democracia cuando quienes moldean la conversación pública no tienen nada que perder por mentir, salvo el rage bait? ¿Qué significa “informarse” en un ecosistema donde la verdad estorba al algoritmo y donde el rigor es castigado con el olvido? ¿Cómo discutir dilemas institucionales o políticas públicas cuando la agenda del día la dictan videos de un minuto, elaborados por personajes que no se toman la molestia de leer una página completa, pero tienen una opinión irrefutable? ¿Qué lugar le queda al periodismo cuando el espacio público ha sido tomado por voces cuyo único mérito es saber dónde colocar la cámara para parecer que saben algo, o gritar más fuerte que el adversario inventado?

El próximo lunes, el Congreso de Aguascalientes decidirá quién encabezará la CEDHA, una de esas decisiones que requieren profundidad, argumentos y transparencia, justo las tres cosas que hoy no están de moda o son opacadas por los gritos de quienes esgrimen la estridencia como argumento y pintan un mundo en blanco y negro que permite a las autoridades evadir cínicamente la rendición de cuentas.

En un mundo razonable, el proceso giraría en torno a lo esencial: los diputados desmenuzarían por qué optan por tal aspirante y desechan a otro; qué argumentos los inclinan a ratificar o botar a la actual ombudsperson; con qué criterios miden trayectorias, resoluciones emitidas y nexos reales con la sociedad civil; cuán robusto ha sido el desempeño de la Comisión estos últimos cuatro años, y qué ajustes precisa para ser eficiente sin ser un mero ornamento. Ese mundo razonable, sin embargo, está sepultado entre un críptico boletín institucional inflado de placebos y un PDF polvoriento que nadie dignificó con un clic. ¿Leer y analizar el informe del trabajo de la maestra Yessica Pérez?, aysh, para qué si yo quiero que repita; aysh, para qué si yo no quiero que repita; porque así nos conviene.

En la arena pública que nos tocó, reina una nube de centellas digitales: advertencias apocalípticas sobre la supuesta entrega de la CEDHA al ultraconservadurismo cavernícola, guerras ideológicas armadas con cartón piedra y una plétora de sandeces proclamadas con aplomo doctoral, como si el volumen garantizara profundidad. Todo ello desvía la mirada de lo medular, regalando a los legisladores el pretexto soñado para operar en penumbras absolutas, mientras fingen que el circo de afuera les impide encender las luces.

El desvío, por supuesto, no es casualidad: es técnica depurada con base a repetir el rebuzno acertado. Se ha convertido en regla que ínfulas de influencers irrumpa en la plaza pública como si quince segundos en vivo los acreditaran como sumos sacerdotes de los derechos humanos, o de lo que toque esa semana. El negocio no radica en la expertise, sino en inflar audiencias con rage bait oportuno que los catapulte al centro del ring. Son voces que truecan indignación por rigor, impacto por dato verificable, followers por legitimidad incuestionable; que erigen su humor del día en metodología para diseccionar instituciones, y lo envuelven en celofán cívico como si fuera un favor imperial, cuando al siguiente reel transmutan la furia en preferencia de una mayonesa, cacería de comidas gratis como foodies de ocasión, o dictámenes superficiales sobre geopolítica global.

El estruendo incesante, el performance eterno de la indignación rentada, no hace más que reubicar el debate en el terreno más acogedor para los verdaderos imputados: los diputados. Nada tan funcional como un escándalo hueco, bien escenificado, con filtros aesthetic, música de fondo épica, muñequitos de moda para generar empatía o tono serios de moderada indignación para que los responsables puedan ocultarse y observen el desfile desde el palco, invisibles y a salvo.

Mientras el ruido se expande y los influencers compiten por la corona de la rabia más on fleek, desde el Congresito se practica su deporte olímpico favorito: ocultamiento con garrocha. Esquivan explicaciones, hurtan posicionamientos, racionan datos públicos, transmutan un trámite institucional en teatro de sombras. De pronto, todo es confidencial, reservado, en análisis profundo, eufemismos para evitar confesar que aguardan o adivinan órdenes. Como mascotas bien amaestradas, esperan el chasquido de la voz del amo, esa a quien aseguran les deben la curul.

En la víspera de una votación que exige reflectores totales: razones expuestas, argumentos desnudos, certeza de que velar derechos humanos amerita más que un montaje, el proceso serpentea como si la CEDHA fuera un botín sigiloso para repartirse a puerta cerrada, custodiado por esa amalgama tan hidráulica de opacidad institucional y desdén ciudadano.

La pregunta no es quién tomará la batuta de la Comisión, ni qué influencer cosechará más dislikes en su profecía fallida. La pregunta que está por responder es si, en el lodazal de voces irresponsables y curules mudos, sobrevive un resquicio para deliberar con seriedad lo que toca la carne de Aguascalientes: derechos, instituciones, futuro. Si el silencio del Congreso de Liliput no se quiebra con transparencia y argumentos, no elegirán ombudsperson alguno. Confirmarán, que para ellos, la CEDHA es solo utilería en la comedia bufa de la política hidrocálida, y que el público se debe resignar ante su comedia bufa.

Coda. Lo más preocupante no es el ruido, sino lo que permite: un Congresito que prefiere decidir sin explicar, un proceso que se oculta detrás de la distracción generalizada y una institución que debería fortalecerse, pero que vuelve a quedar atrapada entre cálculos, cuotas y silencios. El lunes se elegirá a la persona que encabezará la CEDHA y, una vez más, la mediocridad de nuestros diputados será opacada por los gritos de los influencers que ya estarán en otra cosa, esparciendo la opacidad.

@aldan

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