Selfies con Harfuch, baches con la ciudadanía. Cuando gobernar se reduce a bailar y pedir foto.

Desde el Lunar Azul

No hay duda, Batman tiene un don. Rompe corazones. A todas, todos y todes. Y ahora, también, a ciertos alcaldes que en cuanto ven a Omar García Harfuch se emocionan como si fueran a recibir la batiseñal personalizada, como las batichicas de San Lazaro. El caso más reciente, Leo Montañez, alcalde de Aguascalientes capital, quien regresó de la Conferencia Nacional de Seguridad Pública Municipal presumiendo una foto con el secretario como si aquello fuera el gran logro del encuentro. Nada de explicar acuerdos, diagnósticos, compromisos o estrategias. No. La foto. Chale.   Lo que debería ser una revisión seria del Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica, de la vulnerabilidad municipal ante delitos como extorsión y narcomenudeo o de la profesionalización policial, terminó, al menos para nuestro alcalde, en un alegre “miren, ya conocí a Harfuch”. El Batman de la seguridad nacional convertido en souvenir para autoridades locales que llevan años evadiendo sus propias responsabilidades. ¿Para eso viajan? ¿Para eso gastan? ¿Para eso gobiernan?   Porque si algo quedó claro en la conferencia, según los propios reportes federales, es que los municipios son la base del Sistema Nacional de Seguridad Pública, y que sin su trabajo coordinado no habrá estrategia nacional que prospere. Y sin embargo, aquí, en Aguascalientes, pareciera que lo municipal dejó de existir desde que se inventó la frase mágica: “mando único”.   Esa expresión que sirve para todo:¿Por qué no patrullan las colonias? Mando único. ¿Por qué tránsito ya no regula nada? Mando único. ¿Por qué crece el robo a casa habitación y a vehículo? Mando único.   Y así, con esa lavada de manos institucional, las policías municipales se han convertido en elefantes blancos, mientras el delito gana terreno y la proximidad ciudadana se reduce a un discurso sin patrullas, sin personal suficiente y sin estrategia visible. Según reportes estatales, la capital cerró 2024 con incrementos en robos a casa habitación (+7%), lesiones dolosas (+4%) y un sostenido problema de violencia juvenil y extorsión a pequeños comercios, particularmente en el oriente y el sur de la ciudad. La percepción de inseguridad en la capital, según ENSU 2025, ronda el 45%, la más alta desde 2020.   Frente a eso, ¿qué vemos? Bailes. Ferias. Inauguraciones. Encendidos de árbol de Navidad. Más bailes. Fotos, muchas fotos. Y una peligrosa ilusión de que gobernar es una mezcla entre animador comunitario y administrador de redes sociales.   El problema no es solo Montañez. Es la colección completa de alcaldes metropolitanos, todos cómodamente refugiados bajo las enaguas políticas de la gobernadora. Aguascalientes, Jesús María, San Francisco de los Romo… todos como si la seguridad fuera un asunto ajeno, un trámite estatal, algo que se resuelve con comunicados y mesas. Mientras tanto, sus territorios muestran fallas severas en servicios públicos: baches crónicos, alumbrado deficiente, basura acumulada, vialidades sin orden, pocas cámaras operando y una respuesta policial que tarda más de lo que debería.   La conferencia del 10 de diciembre insistió en que los municipios deben liderar la prevención, la inteligencia local, la justicia cívica y la coordinación cotidiana con la Federación. Pero aquí nuestros alcaldes siguen creyendo que gobernar es sobrevivir sin molestar a nadie y, sobre todo, sin contradecir al Ejecutivo estatal. El miedo a gobernar se ha vuelto política pública.   ¿Nadie les dirá lo ridículos que se ven? ¿Nadie les explicará que los municipios no son agencias de entretenimiento, sino la primera línea para restaurar la paz social? ¿Nadie les recordará que una ciudad no se sostiene con festivales, sino con seguridad, servicios públicos funcionales y autoridades valientes?   Aguascalientes necesita alcaldes inteligentes, valientes, con capacidad técnica y sentido de urgencia. No administradores de eventos, no buscadores de selfies, no burócratas del aplauso. Y si Batman ya les rompió el corazón, pues ni modo. Que al menos les rompa la inercia y les recuerde que su trabajo va más allá de la foto. Porque la ciudad y su gente ya no aguantan más adornos navideños mientras afuera siguen ganando terreno los que no piden permiso.   Aquí dejo esta roca, pulida y breve.   Empújela usted. Yo volveré. Como siempre.  
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