Desde el Lunar Azul
Por Sísifo, columnista itinerante de Lunar Azul
Aguascalientes suele presumir su cielo limpio y sus silencios discretos. Pero hay días en que algo huele raro. Y no, no es el cloro de las plantas de ósmosis: es el perfume inconfundible del dinero herido. Porque detrás de los ataúdes de utilería, los gritos y los notarios merodeando entre pacientes renales, no está la tragedia que se cuenta, sino el negocio que se cae.
Esta historia no nació en las salas de diálisis. Nació en contratos perdidos.
El contrato que nadie lee… pero todos sienten
En algún cajón del IMSS descansa el esqueleto del Archivo del Pecado: el contrato 050GYR032N09825-108-00, boton de muestra, donde se consigna la subrogación de la hemodiálisis a empresas privadas como Unidad de Cuidados Nefrológicos, Renis, CARINT y la Unidad Nefrológica de Alta Especialidad. Un acuerdo que movía millones en una región con uno de los mayores índices de enfermedad renal del mundo. Cientos de millones de pesos en juego.
La hemodiálisis no se subroga por deporte: se subroga porque es altamente rentable. Pero llegó 2025, llegó el SIUH (Sistema Integral de Unidades Hospitalarias) , llegó el final del negocio. Lo que para el IMSS fue “transición”, para los proveedores privados fue el equivalente económico del Apocalipsis.
Y cuando alguien pierde un contrato así, no pierde solo ingresos: pierde poder. Y el poder no se resigna. Se reorganiza.
Protesta pobre vs. protesta rica
Los pacientes renales que viven al día no pagan escenografías. Y sin embargo, ahí estaban: pancartas uniformes, ataúdes impecables, narrativa afinada, asesoría jurídica, voceros entrenados y hasta un comité que mutó misteriosamente en agencia de comunicación.
Eso no es protesta. Es producción.
En periodismo existe una regla simple: si la protesta es demasiado profesional, busca al que perdió el contrato.
El notario y la danza del dinero
Y hablando de profesionalización: la presencia del Notario Público No. 23, Gerardo Dávila Díaz de León, es una pista tan fina como grotesca. Los notarios no marchan, no se indignan, no cargan carteles. Los notarios facturan.
¿Quién pagó los honorarios de la fe pública? ¿Quién cubrió los amparos masivos? ¿Quién paga la defensa legal? Decir “los pacientes” es un insulto a la aritmética.
El amparo como terapia intensiva… empresarial
Viejo truco: se alegan riesgos vitales, se piden suspensiones y el juez ordena seguir con el proveedor previo. Así, aunque la clínica perdió el contrato, sigue cobrando por orden judicial. Cada paciente deja de ser persona y se convierte en “unidad económica”. Y cada marcha, en estrategia comercial.
Muertes reales vs. muertes útiles
Las cifras de “8 a 12 muertos” circulan como misil mediático. Pero nadie presenta autopsias, dictámenes, peritajes, nada. Solo declaraciones.
El IMSS presume dictámenes externos. Los inconformes dicen que el agua mata. La COFEPRIS brilla por su ausencia. Y mientras tanto, los ataúdes de utilería viajan de entrevista en entrevista. La discusión no es médica: es narrativa.
El mapa completo: negocio, política y torpeza
Aquí confluyen proveedores desplazados, médicos con intereses privados, políticos oportunistas, abogados expertos en amparos en serie y empresarios incapaces de soltar el control. Del otro lado, un IMSS que comunica con los pies. Resultado: tormenta perfecta. Pero no espontánea. Diseñada.
Si todo fuera técnico, ya habría auditorías independientes, peritajes internacionales, verificaciones de agua y mesas públicas de evidencia. Pero no: hay marchas, cámaras, hashtags y notarios. Eso no defiende vidas. Defiende facturación.
La pregunta que nadie quiere responder
¿Quién financia la coreografía? ¿Quién paga la música? ¿Quién escribe el guion? ¿Quién perdió el contrato… y busca recuperarlo a cualquier costo?
El contrato explica la guerra.
Los ataúdes de utilería explican el presupuesto.Los notarios explican el interés.Los pacientes explican el dolor… pero no la logística.
Aquí dejo esta roca, pulida y breve.
Empújela usted. Yo volveré. Como siempre.