Después de la tormenta digital: unidad y rumbo para la UAA

Lo dije o lo pensé

La elección del nuevo rector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes tuvo, en realidad, dos escenarios muy distintos. Hacia afuera, en medios de comunicación y redes sociales, la intensidad fue evidente: desplegados, pronunciamientos, videos, debates y descalificaciones circularon con fuerza. Hacia adentro, en cambio, la vida universitaria transcurrió con un tono mayormente académico y sereno: las clases siguieron su curso, los pasillos no se desbordaron y el ambiente fue de calma, sin sobresaltos ni parálisis institucional. En ese marco, y como marca la legislaciónuniversitaria, el proceso combinó una consulta a la comunidad con voto de estudiantes y personal académico, y la deliberación final de la Honorable Junta de Gobierno, que designó a Juan Carlos Arredondo Hernández como rector para el periodo 2026–2028.

Conviene subrayarlo: en la UAA, la urna importa, pero no manda por sí misma. El modelo vigente descansa en la idea de que la comunidad expresa preferencias y la Junta de Gobierno, a la luz de la Ley Orgánica, sopesa trayectorias, proyectos y contextos antes de tomar la decisión definitiva. Eso no resta valor al voto; le da un lugar específico en un diseño pensado para equilibrar participación y responsabilidad institucional.

Este diseño se puso a prueba en un clima particularmente enrarecido. La rectora Yesenia Pinzón, primera mujer en encabezar la institución, ha denunciado haber sido objeto de ataques, difamaciones y agresiones en redes y otros espacios. Lo que muchos han descrito como una guerra sucia resultó especialmente severo en su contra. Más allá de nombres y simpatías, queda una lección clara: cuando el debate universitario se traslada al anonimato y al agravio personal, la universidad y la comunidad entera se debilitan.

Cuidar la memoria institucional implica reconocer que ninguna administración se reduce a una coyuntura electoral. La rectoría saliente deja avances importantes, proyectos académicos consolidados, procesos en marcha y equipos de trabajo que seguirán ahí el 1 de enero. La llegada de Juan Carlos Arredondo no debe leerse como borrón y cuenta nueva, sino como el inicio de una etapa que tendrá que dialogar con lo construido, corregir lo que deba corregirse y conservar lo que funciona.

En lo interno, el nuevo rector tiene retos evidentes: establecer fuertes lazos con estudiantes, académicos y personal administrativo. En lo académico y laboral: garantizar condiciones dignas para enseñar e investigar, evitar que la lógica administrativa se coma a la lógica académica, y preservar espacios reales de colegialidad en departamentos, centros y órganos colegiados. No se trata solo de “gestionar” la universidad, sino de gobernarla con la participación de quienes la sostienen día a día en el aula y en el laboratorio.

Hacia afuera, la UAA deberá cuidar su voz pública y su relación con los distintos sectores que la rodean. La institución necesita dialogar con gobiernos y sociedad desde una autonomía firme, no frágil; explicar sus decisiones, rendir cuentas cuando haga falta y, al mismo tiempo, resistir la tentación de que la rectoría se convierta en plataforma de coyunturas partidistas o guerras mediáticas. Una universidad respetada es, antes que nada, una universidad que es consecuente entre lo que dice y lo que hace.

Hoy, la Junta de Gobierno ya habló y el nombre está definido. Lo que sigue ya no es asunto de aritmética de votos, sino de ética y de altura de miras. Toca a la comunidad universitaria (autoridades, profesores, estudiantes y trabajadores) cerrar filas en torno a la institución, dejar atrás la lógica de bandos y reencontrarse en lo esencial: la defensa de la autonomía, la calidad académica y la dignidad del trabajo universitario.

Si algo puede y debe mostrar la UAA a la sociedad es que, aun después de procesos intensos y diferencias profundas, somos capaces de comportarnos como una comunidad madura y pensante. Que sabemos debatir con firmeza, pero también reconciliarnos con responsabilidad. Que los desacuerdos no nos rompen, sino que nos obligan a mejorar nuestras reglas y nuestros acuerdos. Esa será, al final, la mejor carta de presentación del nuevo rector y de todos nosotros: demostrar que en la UAA se puede pensar distinto, pero se camina juntos.

 

 

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