La reforma correcta en el momento incorrecto: jornada laboral vs. desaparición de empleos por IA

TransformAcción

México discute la reducción de la jornada laboral con entusiasmo, pero sin una visión completa de la realidad en la que está parado. Reducir horas puede ser un avance legítimo hacia un modelo laboral más humano, pero pretender implementarlo sin un diagnóstico integral, sin evaluar el contexto económico y sin medir las consecuencias de fondo es un riesgo que no podemos ignorar. La reforma es correcta; el momento y las condiciones, no.

El error de compararnos solo en lo que conviene

Cuando se toma como referencia a países industrializados para justificar las 40 horas, se olvida que esas naciones operan bajo estructuras que México aún no tiene: productividad elevada por hora trabajada, automatización altamente consolidada, inversión constante en reconversión laboral, sistemas fiscales que premian la formalidad, infraestructura moderna, cadenas logísticas eficientes y modelos de formación técnica avanzados. Copiar únicamente la parte que nos gusta —la jornada más corta— sin incorporar el resto del modelo es una imitación superficial que no reconoce nuestras realidades. En México, la principal carga laboral de una empresa no es el número de horas, sino el costo total de mantener un empleo formal: salarios, IMSS, INFONAVIT, impuestos estatales sobre nómina, prestaciones obligatorias, primas de riesgo, trámites, inspecciones y obligaciones administrativas crecientes. Reducir horas sin entender este costo integral es legislar con una visión incompleta.

La IA está reordenando el mercado laboral… y México no está listo

Mientras México debate cuántas horas se deben trabajar, la Inteligencia Artificial está automatizando tareas que antes eran consideradas esenciales: procesos repetitivos en manufactura, inspección de calidad, logística, soporte técnico, administración y análisis de datos. Este avance tecnológico no está esperando a que el país ajuste su marco laboral. Está sustituyendo, en tiempo real, exactamente los empleos donde México concentra millones de trabajadores de baja calificación. La pregunta que debemos hacernos es incómoda pero urgente: ¿qué sucede cuando un país reduce horas justo cuando la tecnología está eliminando los puestos más vulnerables? Lo que ocurre es simple: la sustitución se acelera y se concentra en quienes menos oportunidades tienen de reconvertirse.

La tormenta perfecta: alto costo laboral, baja productividad y automatización

México enfrenta una combinación que pocos países viven simultáneamente: cargas laborales totales elevadas derivadas de cuotas y contribuciones; productividad por hora por debajo de los estándares internacionales; una fuerza laboral que no ha sido capacitada al ritmo que exige la automatización; cadenas productivas con tareas fácilmente sustituibles; y empresas que operan con márgenes muy estrechos frente a la competencia global. En este contexto, reducir horas sin aumentar productividad ni fortalecer habilidades no es un avance: es un riesgo estructural para el empleo. Porque cuando el costo total por trabajador aumenta y la alternativa tecnológica se abarata, la decisión para muchas empresas no será contratar más personal, sino automatizar más rápido.

La pregunta que definirá el futuro del trabajo en México

El debate no debe centrarse en si trabajamos 40 o 48 horas. La verdadera pregunta es cómo protegemos el empleo en un país donde la IA avanza, los costos laborales crecen y la preparación técnica no está a la altura de lo que la industria demanda. Si reducimos horas sin elevar productividad ni reconvertir talento, no tendremos un país más descansado: tendremos un país con menos empleos disponibles. Menos horas no garantizan bienestar si no existe una estructura económica que sostenga esa transición. La jornada puede reducirse, sí; pero debe hacerse con datos, con estrategia y con capacidad real de absorber el impacto.

La trampa de legislar sin ver la realidad completa

Los países que han logrado horarios reducidos lo hicieron después de décadas de invertir en tecnología, automatización, productividad y formación laboral. México no puede adoptar su horario sin adoptar también su fortaleza estructural. No se puede construir un segundo piso sin reforzar los cimientos. Si reducimos la jornada sin revisar la estructura fiscal del empleo, sin actualizar la educación técnica, sin modernizar los procesos productivos, sin agilizar regulaciones y sin incentivar la capacitación, simplemente estaremos trasladando un costo adicional a las empresas… y eso terminará afectando a los mismos trabajadores que buscamos proteger.

Aguascalientes y el Bajío: la región que más tiene que perder

El Bajío es el corazón manufacturero del país: automotriz, metalmecánico, electrónico, agroindustrial, plástico, servicios avanzados. Esta región compite con estándares globales, y cualquier cambio laboral se siente de inmediato en productividad, costos, operación y estabilidad. Pero también es una región que puede liderar la transición si se prepara. El talento existe, la disciplina existe y la cultura industrial existe. Lo que necesitamos es acompañamiento, estrategia y visión. Porque la automatización llegará aquí antes que a muchas otras zonas del país. Lo que está en juego no es solo la jornada: es la permanencia misma de miles de empleos.

México necesita más que una reforma: necesita una estrategia nacional

Si queremos un país con jornadas dignas y empleo estable, necesitamos ir más allá de una modificación al artículo 123. Necesitamos una estrategia nacional de reconversión laboral que forme talento en IA, robótica, mantenimiento especializado y competencias digitales. Necesitamos incentivos reales para elevar productividad, automatización incluyente, mesas técnicas por sector, una revisión de cargas laborales totales, alianzas profundas entre industria y universidades, educación técnica alineada a la demanda y una política industrial que no ignore la velocidad del cambio tecnológico. La jornada corta debe ser el resultado de una transición productiva, no el inicio de una crisis laboral silenciosa.

Reflexión final: el verdadero debate no es sobre horas, sino sobre futuro

México merece trabajar menos horas. Pero también merece que esa reducción no condene a miles de empleos al reemplazo automático. Merece una reforma laboral con visión, no solo con intención. Merece un debate informado y completo, no uno basado en comparaciones parciales. Merece decisiones que protejan la dignidad del trabajador, pero que también protejan su permanencia en el empleo.

La modernidad no se construye solo reduciendo horas.

Se construye aumentando productividad, fortaleciendo habilidades y preparando al país para competir en un mundo donde la Inteligencia Artificial ya está transformando todo.

La pregunta ya no es si debemos trabajar menos.

La pregunta es si estamos preparados para hacerlo sin que miles de trabajadores pierdan su lugar en un mercado laboral que cambia más rápido que nuestra legislación.

Ese es el debate que México necesita dar.

Y necesitamos darlo completos, informados y con valentía.

OTRAS NOTAS