Adviento una invitación para la contemplación

Estamos comenzando el tiempo del adviento, el cual nos prepara a la Navidad. Pronto se nos llegan las fechas de muchas fiestas y encuentros, tiempo de regalos y aguinaldos, y con todo esto y otras tantas cosas que esta temporada conlleva siempre estará el peligro de no preparar el corazón para la llegada del Salvador que se nos da como un don para cada uno de nosotros.

La Iglesia siempre se prepara para las grandes solemnidades con tiempos especiales que nos permiten tener momentos de reflexión y por qué no decirle de conversión para vivir así más de frente a Dios. Es así como a la Pascua nos preparamos con la cuaresma, mientras que a la Navidad nos preparamos con el adviento.

Hoy primer domingo de adviento en el evangelio resuena las palabras de Jesús: “velen y estén preparados”. ¿Por qué el ser humano debe estar preparado? Tal vez sea hoy la pregunta que nos pudiéramos hacer. Queremos estar preparados porque sabemos que el Señor va a venir.

Quien vela vigila. Sólo se puede ser un buen vigilante si somos contemplativos, si somos capaces de ver más allá de la simple mirada. El Principito tiene una célebre expresión: “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. Si sólo se puede ver bien con el corazón, será requisito que el contemplativo tenga su corazón limpio, pues sólo desde el corazón limpio se puede ver a Dios. Contemplar significa vivir en Dios con los pies en el suelo.

El cristiano de hoy debe ser un contemplativo, sólo así se puede asumir la presencia de Dios en el otro. Resulta relativamente sencillo encontrar al Señor en los templos hermosos y finamente detallados, sin embargo, también lo hemos de encontrar en la calle, en las colonias y barrios de toda índole social. Pues las clases sociales las hemos inventado nosotros, para Dios cada uno de nosotros somos simplemente hijos.

Creemos que Jesús vendrá nuevamente, pero también creemos que Él se nos manifiesta en el hermano. Sí, Dios vive en el hermano. El papa Francisco en muchas ocasiones habló de: “tocar la carne de Cristo”. Para él la cercanía objetiva con los pobres y enfermos conducen a tocar al mismo Cristo.

Este tiempo de adviento quiera Dios que sea la oportunidad para que todos sepamos reconocer su presencia en el otro. Estoy seguro de que esto no es tan sencillo pues implica quitarnos muchos prejuicios y optar por una actitud de apertura. Abrir el corazón nunca será sencillo, pero Jesús es el primero que nos ha enseñado a hacerlo. Sólo desde el corazón que se apertura se puede y deben ensanchar los horizontes de la Iglesia, la cual dirige su peregrinación constante y a veces silenciosa hacia el encuentro del Dios con nosotros.

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