Diciembre y sus prisas: el mes en que todos corremos, pero nadie llega

Diciembre llega con un ritmo que descoloca a cualquiera. En Aguascalientes se nota desde el primer día: tráfico más lento, centros comerciales saturados y agendas que se llenan a una velocidad imposible. De pronto, todo se vuelve urgente, aunque llevemos meses posponiendo lo mismo.

Es un mes brillante, pero también extenuante. Las fiestas, los cierres de año, los informes y hasta los intercambios escolares nos empujan a correr sin descanso. La ciudad entra en un estado de aceleración permanente y el tiempo se siente más corto, más frágil.

Las prisas decembrinas revelan algo que preferimos ignorar: no sabemos pausar. Vivimos intentando cumplir expectativas familiares, laborales, sociales, aunque eso signifique llegar cansados a todas partes. Y diciembre solo intensifica esa sensación de estar “al límite” de todo.

Este mes también muestra una realidad más íntima. Para muchos, encontrar tiempo para la familia o la pareja se vuelve casi imposible. Las jornadas se alargan, el ánimo se reduce y, en lugar de disfrutar, terminamos sobreviviendo entre pendientes y compromisos que ya no admiten un “luego lo hago”.

Sin embargo, diciembre también es una oportunidad. Obliga a revisar lo que logramos, lo que quedó incompleto y lo que debemos soltar. Nos recuerda que no pasa nada si no cumplimos cada expectativa y que la vida no se mide por la cantidad de eventos a los que asistimos.

Quizá el reto real del último mes del año no sea llegar a todo, sino elegir a qué sí vale la pena llegar. Pausar, aunque el calendario diga lo contrario. Regresar a lo esencial: estar presentes, aunque sea más lento, pero más nuestro.

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