Dos opositores muertos

Desde el Norte

Los sábados por la tardela plaza luce alegre, llena de familias, parejas y ociosos. Solo he estado una vez en ese lugar de León y no sé lo que pase en un día distinto. San Fernando se ve descuidado, pasaron sus días de esplendor;muy cerca, la tumba de Juárez y la de Miramón sin su cadáver.

Los sábados, bajo los corredores techados, se venden pequeños tesoros que son adquiridos por quienes tenemos la manía que nos impulsa a la lectura compulsiva. Allí,en una noche de 1929, mataron a Germán.

Tener ideales puede costar la vida y los jóvenes son fértil tierra para la semilla de la inconformidad. En ocasiones, la convicción desaparece con los años y la vida se puede estacionar en la comodidad.

A Obregón se le ocurrió regresar a la presidencia; su mandato terminó en 1924 y, cuatro años después, se soltó el pelo y, con la ayuda de sus secuaces, cambió la Constitución para permitir la reelección. Se anotó para contender y le dio por matar a sus oponentes; sin enemigo al frente ganó, pero no gobernó: le metieron unos tiros mientras desayunaba rodeado de sus lambisconas al sur de la ciudad, en donde ahora hay un lindo parque. Calles, el presidente saliente, se vio de pronto dueño del país, pero con el reto de mantener el poder, y lo hizo: no se reeligió, pero sí puso a los siguientes cuatro presidentes.

Al segundo de ellos lo mandó a competir por un partido, lo que en el futuro sería una exitosa institución. No hay felicidad completa y resulta que se anotó en la contienda el famoso y carismático Vasconcelos. Un tipo bastante coqueto y muy inteligente que se tomó en serio eso de la democracia. Se le sumaron un buen número de jóvenes, entre ellos, Germán del Campo, quien se distinguía por su activismo y vehemencia discursiva. Al término de un mitin llegó un comando y le metieron un tiro en la nuca.

La población de León decidió que Carlos Obregón sería su alcalde y llenó las urnas un noviembre de 1945. Al gobernador y al jefe de armas no les pareció tal explosión de democracia y se propusieron imponer a un tipo con mucho respaldo oficial y ninguno de la ciudadanía. El pueblo salió a protestar y fue masacrado por el Ejército. Plaza de los Mártires se llama ese jardín donde ahora decenas de personas pasan un buen ratolos sábados 

En Donceles encontré y adquirípor 240 pesos dos pequeños libros: uno firmado por Juan Bustillo de Oro, donde se narra el homicidio de Germán del Campo; el otro,deJorge Salazar Hurtado,sobre los acontecimientos del lejano 2 de enero.

Nadie hoy recuerda los nombres de aquellos héroes muertos por la democracia. Una democracia que ahora parece llegar a su fin.

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