Día del hombre: el día que nadie pela (pero que dice más de lo que parece)

Ahí la llevamos

En México, y en muchas partes del mundo, el Día del Hombre pasa casi en silencio. No hay felicitaciones masivas, no hay mensajes virales, no hay publicidad especial. Pasa como un día más en el calendario. Y esa indiferencia revela algo profundo: a los hombres se les exige cumplir, resolver, aguantar y seguir adelante… sin esperar reconocimiento.

Los hombres crecimos con la idea de ser fuertes, proveedores, duros, y al mismo tiempo emocionalmente contenidos. Un estándar que a veces se confunde con no necesitar apoyo, abrazo o celebración. Como si sentir fuera sinónimo de debilidad. Como si admitir cansancio fuera fallar. Como si pedir ayuda fuera perder.

Pero la realidad es otra: los hombres también cargan emociones, presiones, culpas y expectativas; también se sienten solos, agotados, cuestionados o al límite. Y sin embargo, la mayoría sigue: chambeando, sosteniendo familias, educando hijos, siendo buenos amigos, hermanos y ciudadanos. Dando la cara sin aplaudirse ni pedir que se la aplaudan.

En un país donde la conversación pública a veces se reduce a extremos —o víctimas o villanos— hablar del hombre con humanidad parece incómodo. Pero no debería serlo. No se trata de competir por atención ni de buscar privilegios. Se trata de entender que detrás de cada hombre hay historias reales: sacrificios, dudas, momentos de quiebre, silencios que pesan, y una enorme necesidad de que se les vea no solo como figuras de responsabilidad, sino también como personas.

Este día debería servir para abrir esa conversación. Para recordar que los hombres también necesitan espacios para hablar, para equivocarse, para sanar, para construir nuevas formas de ser hombres sin cargar con los moldes viejos que ya no funcionan.
Necesitamos hombres que se permitan sentir, que pidan ayuda, que eduquen distinto, que participen en comunidad y que entiendan que ser fuerte no es callar, sino enfrentar la vida con autenticidad.

Hoy, más que un festejo, el Día del Hombre es una oportunidad para mirarnos con honestidad. Para reconocer que cumplir no significa cargarlo todo. Para recordar que también merecemos equilibrio, salud mental, presencia y humanidad.

Y aunque este día nadie lo pele, yo sí quiero reconocer a todos los hombres que no esperan aplausos pero tampoco se quiebran: los que trabajan, los que cuidan, los que escuchan, los que corrigen el rumbo, los que dan amor sin pedirlo de vuelta, los que se hacen responsables de su vida y de los suyos.

No se trata de celebrar el género: se trata de reconocer a la persona.

A todos los hombres que siguen firmes, sin reflectores, sin fiesta y sin mensajes masivos: este día también es suyo. Y está bien decirlo.
 

 

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