Aguascalientes: la cantina permanente donde la violencia contra las mujeres se fermenta en silencio

Desde el Lunar Azul

Hoy, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, toca alzar la voz. Y hacerlo sin filtros. Porque mientras en la capital del estado, desde hace años, se ha convertido en práctica habitual, ya sea por acción u omisión, que el centro histórico funcione como una cantina permanente, las mujeres siguen pagando con golpes, humillaciones y miedo dentro de sus propios hogares.

Los estudios son claros: el alcohol no inventa el machismo, pero sí lo acelera, lo exalta, lo desata. En México, 1 de cada 3 agresores en casos de violencia familiar estaba bajo los efectos del alcohol (INEGI, 2023). Y la evidencia internacional coincide: hasta 55% de los agresores en ataques físicos contra mujeres habían bebido antes de la agresión (OMS, 2022).

Pero Aguascalientes tiene sus propios síntomas. Durante 2024, la entidad se colocó entre los cuatro estados del país con mayor tasa de llamadas al 911 por violencia familiar, más de 1 050 reportes por cada 100 000 habitantes, una señal clara de que el hogar no es un refugio para miles de mujeres. Y mientras tanto, en 2025 el estado registró 403 urgencias médicas asociadas a consumo de alcohol, lo que lo ubica entre los once con mayor número de atenciones por ingesta excesiva. Lo preocupante no es la cifra aislada, sino lo que revela del contexto: una ciudad que bebe demasiado mientras sus mujeres viven demasiado riesgo.

Aunque no exista un decreto que bautice al centro como “la cantina oficial del municipio”, los hechos lo dicen todo. La administración local ha promovido densificación, apertura de giros nocturnos y permisos que reconfiguran la zona como un corredor etílico. El reglamento municipal no solo permite esta expansión: la institucionaliza. Se favorece un entorno donde el consumo voraz se vuelve cotidiano.

¿Y qué tiene que ver esto con la violencia contra las mujeres? Todo. Cuando la calle se normaliza como barra libre, cuando no hay controles contra el acoso, cuando la ciudad privilegia el negocio antes que la seguridad, se abre la puerta para que la violencia se cocine afuera y se consuma adentro. En Aguascalientes, diagnósticos estatales reiteran que el consumo de alcohol del agresor es uno de los factores de riesgo más presentes en reportes por violencia familiar.

A pesar de ello, las autoridades municipales y estatales parecen cómodas: sancionan riñas y vandalismo, pero no intervienen el ecosistema que multiplica el riesgo para las mujeres, ese entramado nocturno donde la desinhibición y la falta de control se mezclan con la impunidad social.

Por eso lo digo sin rodeos: hablar de “cero tolerancia” mientras se incentiva el consumo masivo de alcohol es una contradicción que roza el cinismo. Las mujeres no necesitamos discursos conmemorativos; necesitamos que la ciudad deje de ser diseñada como una fábrica de predisposición violenta.

¿Qué podría hacer el municipio de Aguascalientes ahora mismo?

-Regular estrictamente los horarios de venta de alcohol en zonas de ocio nocturno, con vigilancia enfocada en riesgos para mujeres.

-Obligar a bares y antros a contar con protocolos reales contra acoso y agresión, con rutas seguras de salida.

-Impulsar campañas que vinculen el consumo abusivo con daños reales, no solo con la narrativa edulcorada de “diversión”.

-Reforzar la atención a víctimas cuyos agresores tienen historial de consumo problemático, con seguimiento efectivo.

-Reconvertir el centro en un espacio cultural y seguro, donde beber sea la excepción regulada, no la norma expansiva.

En este 25 de noviembre, las autoridades pueden seguir celebrando el modelo de cerveza, botana y barra libre, o reconocer el daño evidente que la ciudad etílica provoca. Las mujeres no necesitamos más eventos simbólicos, necesitamos que se desmonte la arquitectura urbana del riesgo. Que se cierre esa cantina permanente. Que se abra un espacio donde salir de fiesta no implique regresar con miedo.

Aquí dejo esta nueva roca.

Usted decida quién la empuja y quién solo estorba.

Sísifo volverá, como siempre: para observar, cargar y señalar.

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