Cuando la Política Hace Ruido y la Economía Paga la Cuenta

Desde el Segundo Piso

Desde el segundo piso, donde el país se mira sin mareo pero con dolor, el ruido político sube como vapor quemado, con gritos, acusaciones y pleitos listos para la foto. México convertido en un vecindario donde todos exigen, nadie revisa y casi todos confunden opinión con consigna. El país respira trending topics, no argumentos.

Y mientras la gritería se roba el aire, los datos, esos que no se emocionan ni mienten, quedan arrumbados. Conviene reducir el volumen para escuchar lo que dicen el Banco Mundial, la OCDE y el propio Censo norteamericano. No para presumir ni dramatizar, para entender por dónde corre realmente la corriente.

Primero, el crecimiento. 2025 trae contrastes brutales. Argentina con 5.5%, Guatemala 4.1%, República Dominicana cerca del 4. México instalado en 1.2%. La 4T insiste en el “segundo piso”, pero las cifras muestran filtraciones. La oposición tampoco ayuda, vive encapsulada en su teatro de indignaciones, incapaz de articular algo que parezca un proyecto y no un lamento.

México es ya el principal destino de las exportaciones de Estados Unidos, más de 226 mil millones de dólares en ocho meses y liderazgo en 24 sectores. Una posición que muchos países matarían por tener. Pero, en vez de usarla para fortalecer nuestra negociación, atraer inversión estratégica o elevar estándares binacionales, actuamos como si la ventaja fuera automática.

El nearshoring y el T-MEC nos pusieron en la primera fila, pero no hemos convertido ese impulso en política de Estado, ni infraestructura adecuada, ni sofisticación industrial, ni educación técnica que empareje la relación. Seguimos vendiendo y comprando más, sí, pero sin construir una relación más equilibrada con el socio del que codependemos.

Con un Trump recargado o un proteccionismo demócrata más agresivo, la montaña rusa está a la vuelta. Y mientras tanto, la política mexicana prefiere discutir hashtags antes que diseñar una estrategia para aprovechar la oportunidad histórica que ya tenemos en la mano.

En pobreza, Latinoamérica logró un descenso de 2.4% en un año. México acompañó esa tendencia, apuntalado por programas sociales que sí han levantado pisos mínimos. Morena presume, la oposición insiste en tacharlo todo de populismo. Pero la discusión real no ocurre, la informalidad es  gigantesca, la productividad estancada y una violencia que destruye cualquier avance.

Y mientras se tunde a medio mundo en redes, el PIB mexicano cae –0.3% en el tercer trimestre de 2025. No es colapso, pero sí advertencia. Un país que presume potencia exportadora no puede tener un motor que cascabelea cada trimestre.

El verdadero agujero del que casi nadie quiere hablar es el que más afecta al crecimiento, la inseguridad, la extorsión y captura territorial. Regiones completas donde las cadenas productivas pagan “cuotas” para operar; transportistas que cambian rutas para no morir; empresas que silencian secuestros porque “da mala imagen”. Ese costo no aparece en conferencias ni en spots, pero sí en la inversión que no llega, en la productividad que no despega y en el mercado interno que se encoge.

El Estado de derecho no es un accesorio ni una ocurrencia académica, es la base económica de un país moderno. Si lo convertimos en un juego, todos perdemos.
Y no, no bastan voceros y voceras recitando guiones. Hace falta política con brújula, no con hashtag. Porque, como recordó Hannah Arendt, “el mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino el ruido organizado”.

Desde este segundo piso, lo que se ve es simple, si seguimos confundiendo ruido con rumbo, acabaremos pagando todos la factura de los voceros y comentocratas.

Autor: Ricardo Heredia Duarte

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