Megabloqueo nacional: una acción incómoda pero de justicia urgente

Intersecciones en clave de género

“Somos la vertebra de la economía del país”, declaró David Estévez Gamboa, presidente de la Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC), al anunciar el megabloqueo nacional que este lunes paraliza carreteras en al menos 25 estados de México. Una afirmación que resuena con fuerza y que, sin embargo, merece ser examinada desde una perspectiva de género que pocas veces se visibiliza en estos conflictos estructurales.

Las cifras que nunca se mencionan

Mientras los titulares destacan la voz masculina del liderazgo transportista, las estadísticas cuentan otra historia: en México, de 1.19 millones de conductores de camiones de carga, apenas el 2.27% son mujeres. En el sector logístico, solo el 15% de los cargos ejecutivos están ocupados por mujeres, y únicamente el 10% de los trabajadores en transporte son del género femenino.

Cuando Jeannet Chumacero, vicepresidenta de Comunicación de la ANTAC, advirtió que “no pretendemos molestar sino ejercer una voz de justicia”, su presencia mediática representa una excepción en un gremio abrumadoramente masculino. ¿Cuántas mujeres transportistas participan hoy en los bloqueos? ¿Cuántas campesinas lideran las negociaciones? El silencio ante estas preguntas es, en sí mismo, revelador.

La intersección invisible: género y campo

Los campesinos que se unen al megabloqueo exigen precios justos para el maíz, la exclusión de granos del T-MEC y una banca de desarrollo exclusiva para el campo. Demandas legítimas que, sin embargo, omiten una realidad estructural: según el INEGI, 5 millones 987 mil 903 trabajadores del campo son familiares sin sueldo ni salario, la mayoría mujeres que realizan jornadas dobles y triples sin reconocimiento económico ni laboral.

Baltazar Valdés Armentia, líder del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano, afirma que “trabajamos de manera conjunta para que el pueblo de México tenga alimento”. Pero, ¿quién cosecha, selecciona, empaca y procesa ese alimento? En gran medida, manos femeninas invisibilizadas en las estadísticas y ausentes en las mesas de negociación.

La respuesta gubernamental: diálogo sin perspectiva

La Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Agricultura insisten en que “la vía del diálogo es la mejor solución”, pero ¿qué tipo de diálogo se establece cuando faltan las voces de más de la mitad de la población? La presidenta Claudia Sheinbaum, primera mujer en el cargo, tiene la oportunidad histórica de incorporar la perspectiva de género en la resolución de estos conflictos estructurales.

Las demandas de seguridad en carreteras —26 mil robos en el primer semestre de 2025, un asalto cada 47 minutos— afectan de manera diferenciada a mujeres transportistas, quienes enfrentan además violencia sexual y acoso. Un estudio de la OIT señala que “la violencia contra los trabajadores del sector del transporte es uno de los factores más importantes que disminuyen el atractivo de los puestos de trabajo en este sector para las mujeres”.

La sociedad dividida

La Canacintra estima pérdidas de 2,800 millones de pesos por bloqueos previos, mientras ciudadanos expresan solidaridad y frustración en redes sociales. Pero las reacciones sociales también revelan sesgos: cuando las protestas son encabezadas por hombres se perciben como reclamos económicos legítimos; cuando las mujeres protestan por violencia de género, se les acusa de radicalismo.

Las ausencias que gritan

En este megabloqueo se habla de extorsión policial, de precios injustos, de abandono gubernamental. Nadie menciona que las empresas logísticas con igualdad de género tienen 20% más de eficiencia operativa. Nadie discute que el 40% de estas empresas aún no integran mujeres en sus equipos de liderazgo. Nadie cuestiona por qué, en una movilización que se dice representa “la vertebra de la economía”, las mujeres siguen siendo costillas invisibles.

Hacia una economía vertebrada sin discriminación

La vertebra de la economía mexicana está fracturada no solo por la inseguridad y la injusticia económica, sino también por la exclusión sistemática de más de la mitad de su fuerza laboral potencial. Mientras los líderes transportistas y campesinos negocian con el gobierno, urge preguntarnos: ¿qué tipo de economía estamos defendiendo? ¿Una que perpetúa la desigualdad o una que reconoce que sin justicia de género no hay justicia económica?

El megabloqueo del 24 de noviembre es síntoma de un sistema fracturado. La solución no vendrá solo de más presupuesto o seguridad, sino de repensar radicalmente quiénes tienen voz, quiénes toman decisiones y quiénes son reconocidos como actores económicos fundamentales.

La verdadera vertebra de la economía incluye a todas y todos. Es tiempo de que las políticas públicas, las organizaciones gremiales y la sociedad civil lo reconozcan.

Gwendolyne Negrete es líder social especializada en género, derechos humanos y justicia social.

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