¡Viva Cristo Rey!

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Este año se conmemoran 100 años de que se instaurara la Fiesta de Jesucristo Rey del Universo. Para nosotros en la Iglesia esta celebración pone fin al año litúrgico, en el que hemos celebrado el misterio pascual de Cristo: su Pasión, muerte y resurrección.

Siempre he pensado que la fiesta de Cristo Rey aunque es de carácter universal tiene una fuerza e importancia muy grande para nosotros como mexicanos. Al pensar en esta fiesta sin duda que nuestra mente se traslada a los años de la persecución religiosa en la que tantos laicos y sacerdotes dieron su vida como mártires al grito de ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!

Nuestros mártires mexicanos fueron personas valientes, que en la ofrenda de su vida nos dejaron un testimonio de amor y fidelidad a Jesucristo. Ellos nos enseñaron que la fe nunca debe doblegarse antes las situaciones adversas que puedan existir.

Muchos de los mártires mexicanos eran personas sencillas, la mayoría de los sacerdotes martirizados eran padres que servían en pequeños pueblos, muchos de ellos de eran personas que ocuparan grandes cargos en las curias de sus diócesis. Ellos eran simplemente sacerdotes convencidos de su ministerio y de su amor por Jesucristo. Personas que supieron amar hasta el extremo, haciendo realidad en su propia vida el ejemplo del Maestro por excelencia: Jesucristo.

Aunque la iconografía de la fiesta de Cristo Rey, lo representa a veces en un trono, con una corona digna de un rey, lo cierto es que Jesús es un Rey sin corona de oro y sin un trono de madera fina. Cristo es Rey con corona de espinas y por trono tiene una cruz burda y pesada, misma que cargó y abrazó durante su pasión. Los cristianos de ayer y hoy estamos llamados a mirar a nuestro Rey, cuyo reinado rompe esquemas pues se trata de un reino que nunca conocerá el final, pues Él reinará siempre.

El prefacio de esta Solemnidad nos indica muy bien en qué consiste el reinado de Jesucristo:

un reino eterno y universal:

reino de la verdad y de la vida,

reino de la santidad y la gracia,

reino de la justicia,

amor y la paz.

El concepto de la realeza de Cristo, sin embargo, se distingue de los modelos políticos mundanos. Su reino, como Él mismo atestiguó ante Pilato, "no es de este mundo". No se basa en la fuerza militar ni en el poder económico, sino en la verdad, el servicio y el amor incondicional. Cristo es Rey porque es la cabeza de la Iglesia, el modelo de toda virtud y el redentor de la humanidad. Esta solemnidad invita a los católicos a reconocer Su autoridad no solo dentro de los límites de los templos, sino también en sus vidas cotidianas: en el hogar, el trabajo, las decisiones éticas y las interacciones sociales. Es un llamado a construir activamente el "reino de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, amor y paz" en el aquí y ahora.

Que esta fiesta nos ayude a todos a vivir de acuerdo al gran amor que Cristo Rey nos ha mostrado a todos.

 

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