Clave 360°
Hay momentos en los que una economía no se derrumba estruendosamente, sino que se apaga en silencio. Deja de avanzar, pierde pulso, reduce su brillo. No se escucha una crisis… se escucha un vacío. Y ese vacío se ha convertido, en México, en conversación de sobremesa, tema recurrente en los mercados y motivo de inquietud creciente en hogares y empresas.
El país ha entrado en un terreno delicado: no está colapsando, pero tampoco está creciendo. Está, literalmente, detenido. Y en economía, la inmovilidad también es una forma de retroceso.
I. Octubre: el mes en que la economía dejó de respirar (0.0%)
La estimación oportuna del INEGI confirma un hecho tan contundente como simbólico: en octubre de 2025, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) registró un crecimiento exacto de 0.0% anual. Cero. Una línea recta. Ningún avance, ninguna contracción. Una pausa total.
Ese “0.0%” no es un número neutro; es la constatación de que la economía dejó de respirar. Es el punto donde el deterioro acumulado se transforma en parálisis.
La trayectoria lo explica:
- Inicios de 2024 mostraron vitalidad: 3.2% en febrero, 2.3% en enero, 2.1% en julio.
- Luego, el impulso se fue desvaneciendo: 1.2% en agosto, 1.0% en septiembre, 0.6% en octubre.
- Para cuando la nueva administración asumió en octubre de 2024, el desgaste ya era visible.
- Los meses finales de 2024 fueron francamente negativos: –0.4% en noviembre, –0.6% en diciembre.
- Y 2025 marcó una tendencia de contracción persistente, con seis meses en números rojos, entre ellos el preocupante -1.2% de junio.
De modo que el “0.0%” de octubre de 2025 no es un accidente; es el desenlace lógico de una economía que ha ido perdiendo fuerza hasta quedar inmóvil, como si hubiese exhalado profundamente… y no volviera a inhalar.
Y esa quietud se percibe en la vida diaria: restaurantes que ajustan horarios, comercios con menos clientela, fábricas que reducen turnos, empresas que aplazan decisiones y trabajadores que sienten, aunque nadie lo diga en voz alta, que el mercado laboral empieza a aflojarse.
II. La señal internacional: los capitales extranjeros se retiran
Mientras la actividad interna se desvanece, los mercados internacionales envían otra señal preocupante.
Entre diciembre de 2024 y octubre de 2025, de acuerdo con el Banco de México, los inversionistas extranjeros redujeron su tenencia de bonos del gobierno de 1.832 billones de pesos a 1.701 billones.
La salida asciende a 130,763 millones de pesos, y deja la participación extranjera en apenas 12%, el nivel más bajo en quince años.
La razón es clara: el capital global no invierte en discursos, sino en confianza.
Y hoy percibe:
- Mayores riesgos regulatorios,
- Instituciones debilitadas,
- Menor claridad jurídica,
- Y mejores rendimientos sin riesgo en otros mercados, especialmente en EE.UU.
Cuando los inversionistas internacionales venden deuda mexicana, están diciendo —sin necesidad de palabras— que dudan del rumbo del país.
III. Lo que significa para las familias, las empresas y el futuro del país
Estancamiento en el IGAE y fuga de capital extranjero no son fenómenos distantes. Tienen consecuencias reales:
1. Financiamiento más caro
Menos demanda de bonos mexicanos implica mayores tasas para el gobierno, lo que encarece créditos empresariales, hipotecarios y de consumo.
2. Inversión debilitada
Con incertidumbre, la inversión privada se aplaza o cancela. Las estimaciones indican que la IED cayó alrededor de 8% en 2025.
3. Mercado laboral más frágil
El empleo formal se estanca, la informalidad repunta y los salarios reales se ven presionados.
4. Consumo interno restringido
La inflación en alimentos obliga a los hogares a reducir compras. Los pequeños negocios —la columna vertebral del país— lo sienten primero.
5. Riesgo de caída prolongada
Una economía que deja de respirar no se recupera sola. Requiere acciones firmes, claridad regulatoria e incentivos a la inversión.
IV. El riesgo para 2026: una posible recesión técnica
El crecimiento de 0.0% en octubre debe interpretarse como advertencia. La OCDE, el FMI y la CEPAL ya han reducido las proyecciones para México en 2026, señalando pérdida de dinamismo industrial y debilidad estructural.
Si no se corrige el rumbo con rapidez, México podría entrar en recesión técnica en el primer semestre del próximo año. No por un colapso abrupto, sino por esta silenciosa sucesión de meses débiles que comienzan a acumularse.
V. La urgencia de reconstruir confianza
La economía mexicana tiene fortalezas reales: cierta disciplina macroeconómica, capacidad exportadora, talento humano y un sistema financiero sólido. Pero nada de eso es suficiente si se pierde el ingrediente esencial: la confianza.
Confianza en instituciones transparentes.
Confianza en reglas estables.
Confianza en que el país ofrece certidumbre, no sobresaltos.
Porque una economía puede crecer con dificultades, puede enfrentar crisis, puede sortear obstáculos… pero no puede avanzar cuando deja de respirar.Y octubre nos lo dijo con claridad matemática: 0.0%.
Es momento de actuar.