Entre la urna y el refrito: la UAA ante la estafa Ponzi

¿Lo dije o lo pensé?

En la Universidad Autónoma de Aguascalientes acabamos de votar para elegir rector o rectora. Debería ser un día de deliberación serena, de balances académicos, de proyectos de futuro. Pero amanecimos, “coincidentemente”, con un “nuevo” reportaje en El País sobre el boquete financiero provocado por la estafa Ponzi de los bonos basura y la investigación de la Fiscalía General de la República. No es la primera vez: el mismo medio y el mismo periodista han venido construyendo esta historia desde 2023, reciclando y ampliando datos sobre la UAA y otras instituciones atrapadas en el mismo esquema.

En honestidad y verdad, hay dos cosas que conviene decir con toda claridad. Primera: aunque muchos no hubieran visto el documento ahora exhibido, ya se sabía que la rectora había firmado la prolongación de la inversión (la universidad misma lo reconoció como “extensión de plazo” del contrato firmado en 2020, en la gestión anterior). Segunda: es cuando menos llamativo que sea el mismo reportero que detonó mediáticamente el escándalo hace dos años quien elija precisamente el día de la elección para publicar el refrito, ahora con el documento escaneado en primer plano. Las coincidencias políticas rara vez son coincidencias; suelen ser estrategias.

Nada de esto borra la discusión de fondo sobre la responsabilidad de cualquier funcionario involucrado. La estafa Ponzi fue real, el daño patrimonial es enorme y la comunidad tiene derecho a conocer qué decisiones tomó cada administración rectoral. La Fiscalía investiga tanto a la administración actual como a la pasada; sería un error convertir un problema estructural en un duelo de villanos “a la carta”, según convenga al momento electoral.

Lo que sí cambia con esta nota no es el contenido, sino el encuadre: se subraya que la rectora busca la reelección “pese a estar implicada”, se dramatiza el documento con su firma como si fuera una revelación inédita y se deja en segundo plano el rol de quienes diseñaron el esquema original de inversión. Ese desbalance alimenta la percepción de guerra sucia: no porque el periodismo investigativo sea indeseable, al contrario, es indispensable, sino porque el uso quirúrgico del calendario y del énfasis termina jugando como un actor más en la contienda interna.

La UAA necesita hoy una cosa por encima de todo: decidir sin chantajes, sin linchamientos y sin amnesia selectiva. Exigir investigación a fondo, sí; colaborar con las autoridades, también; revisar críticamente los errores de todas las gestiones, por supuesto. Pero no permitir que la comunidad universitaria se convierta en simple auditorio de un espectáculo mediático decidido desde la redacción de un diario extranjero. La autonomía se ejerce también defendiendo el derecho a decidir nuestro rumbo con cabeza fría, información completa y sin que nadie nos dicte, desde fuera, a quién debemos aplaudir y a quién debemos abuchear.

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