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México está entrando a una zona industrial que nadie está nombrando, pero que ya se siente en cada planta, en cada aduana y en cada sala de juntas: una tormenta regulatoria sin precedentes. Por primera vez, las empresas mexicanas están obligadas a producir bajo las reglas de un país, pero exportar bajo las reglas de cinco. Cinco sistemas legales distintos, simultáneos y crecientemente estrictos que no conversan entre sí… pero que sí exigen cumplimiento inmediato.
México opera bajo su propio marco regulatorio nacional —aranceles, normas internas, reformas laborales y criterios administrativos—, pero exporta dentro de cinco sistemas externos que ya están en vigor o en proceso de ejecución:
1) El sistema regulatorio de Estados Unidos, con aranceles bajo la Sección 232, medidas antidumping como el 17% al tomate mexicano, verificaciones laborales permanentes derivadas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y una creciente presión para restringir componentes provenientes de Asia.
2) El sistema regulatorio de la Unión Europea, encabezado por el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), que desde hoy exige reporte obligatorio de emisiones y que, a partir de 2026, cobrará por el carbono incorporado en productos como acero, aluminio, cemento y fertilizantes.
3) El propio Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) como sistema regulatorio autónomo, que en 2026 entrará en su revisión más estricta: trazabilidad completa, evidencia digital verificable, reglas de origen reforzadas, auditorías laborales continuas y una supervisión creciente del contenido proveniente de países con prácticas desleales.
4) El sistema regulatorio de organismos multilaterales, que incluye nuevas investigaciones antidumping sobre acero y químicos; lineamientos obligatorios de sostenibilidad conocidos como criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG); estándares internacionales de derechos humanos; disposiciones de la Ley de Prevención del Trabajo Forzoso Uigur (UFLPA) en Estados Unidos; normas de la Ley de Ciencia y Chips de Estados Unidos (CHIPS Act) para cadenas tecnológicas; y regulaciones europeas como el Reglamento de Diligencia Debida para Productos Libres de Deforestación (EUDR).
5) El sistema jurídico y económico interno de México, que incluye la política arancelaria defensiva aplicada a 544 fracciones con tarifas de 5% a 50%; la reforma a la Ley de Amparo que limita la posibilidad de suspender actos de autoridad; reformas laborales en discusión como la jornada de 40 horas; y criterios administrativos que elevan los costos de operación para empresas de todos los tamaños.
Cinco sistemas, cinco exigencias y cinco marcos regulatorios que la industria mexicana debe cumplir de manera simultánea para no quedar fuera de las cadenas globales.
A ello se suma un cambio que afecta el entorno jurídico del país: la reforma a la Ley de Amparo, que limita la posibilidad de suspender actos de autoridad incluso cuando generan daños operativos inmediatos. Las empresas deberán litigar el fondo sin poder frenar temporalmente decisiones administrativas que afectan permisos, concesiones y operación productiva. Esto eleva el riesgo regulatorio nacional justo cuando el entorno internacional se vuelve más estricto.
El resultado es contundente:
México produce bajo un sistema del siglo XX, pero debe cumplir simultáneamente con cinco sistemas regulatorios del siglo XXI.
Y en ese desfase, no solo está en riesgo nuestra competitividad: está en riesgo la permanencia de miles de proveedores dentro de las cadenas globales.
Un entorno interno cada vez más exigente
El país opera con un paquete arancelario que encarece insumos clave —acero, aluminio, químicos, plásticos, electrónicos— y discute reformas laborales y fiscales que modificarán costos operativos de forma estructural. El sector productivo enfrenta además debates sobre agua, energía y fiscalidad que plantean un entorno donde ser formal y cumplir será cada vez más costoso, más técnico y más desafiante.
El frente laboral: dos sistemas al mismo tiempo
Las empresas mexicanas enfrentan un doble desafío laboral.
Internamente, el Congreso discute la reducción a 40 horas semanales, nuevas reglas de teletrabajo, criterios de tiempo efectivo y procesos de automatización.
Externamente, Estados Unidos —vía TMEC— opera con verificaciones laborales permanentes que exigen evidencia documental, libertad sindical verificable y protocolos de remediación.
Para miles de proveedores, especialmente MIPYMEs, este doble régimen laboral no es una discusión académica: es un riesgo operativo y financiero real.
Estados Unidos: aranceles, dumping y escrutinio continuo
Estados Unidos regresó al proteccionismo selectivo con tarifas del 25% sobre vehículos medianos y pesados, 10% sobre autobuses y 17% al tomate mexicano. En sectores donde un componente cruza la frontera varias veces, cada punto porcentual de arancel no trasladado al precio se paga con margen. La industria mexicana enfrenta un clima comercial donde el cumplimiento técnico vale más que la geografía.
Europa: el carbono como nueva barrera de entrada
El CBAM europeo obliga desde hoy al reporte de emisiones, y en 2026 comenzará a cobrar por la huella de carbono. Para sectores como acero, aluminio y fertilizantes —y para cualquier proveedor que abastezca a OEMs europeos desde México— esto significará nuevos costos y transformaciones profundas en procesos productivos.
TMEC: la revisión de 2026 ya empezó
Aunque la revisión formal será en julio de 2026, los estándares técnicos ya están operando: trazabilidad por número de parte, evidencia verificable, consistencia documental en origen, cumplimiento laboral, y ruptura automática de relación para proveedores con contenido dudoso.
La industria mexicana está siendo evaluada desde hoy.
El frente global: ESG, derechos humanos y ciberseguridad
Los compradores internacionales exigen alineación absoluta con estándares ESG, políticas de derechos humanos, prohibiciones de trabajo forzado y normas de ciberseguridad industrial para plantas y proveedores. Esto llega como un filtro adicional que México no puede ignorar.
¿Qué significa esto para Aguascalientes, el Bajío y México?
Que la industria mexicana ya no compite por precio ni por ubicación.
Compite por cumplimiento multisistémico.
Un proveedor puede ser excelente técnicamente… pero quedar fuera por no cumplir con el CBAM europeo.
Puede tener planta modelo… pero fallar en trazabilidad del TMEC.
Puede ser competitivo… pero no calificar por estándares laborales o ambientales.
El riesgo no es perder inversiones:
El riesgo es perder elegibilidad.
Una ruta de acción para no perder el lugar en la mesa global
Ante esta nueva realidad, México no puede seguir respondiendo con acciones aisladas ni con discursos de ocasión. Si queremos preservar nuestro lugar en las cadenas de valor, necesitamos construir —desde ahora— un ecosistema de cumplimiento que acompañe a la industria en cada eslabón. Esto implica crear centros regionales de cumplimiento industrial capaces de consolidar trazabilidad, emisiones, origen, ESG y estándares laborales en un solo sistema confiable; impulsar protección jurídica preventiva que anticipe decisiones administrativas que ya no podrán suspenderse; fomentar consorcios de proveedores para compartir costos de certificación y auditoría; y articular una política industrial moderna, alineada con el TMEC, el CBAM y los estándares globales. Nada de esto será posible sin fortalecer la capacidad técnica de nuestras MIPYMEs: la cadena siempre se rompe por su eslabón más vulnerable. Hoy, más que producir más, debemos cumplir mejor, con inteligencia colectiva y visión compartida.
Reflexión final: no es la tormenta… es la ausencia de paraguas
La tormenta regulatoria no es accidental: es el reflejo de un país que ha crecido industrialmente sin integrar su marco regulatorio al nuevo orden global. Si no ajustamos ahora, no perderemos fábricas: perderemos derecho a participar. La industria mexicana puede competir con cualquiera, pero solo si dejamos de actuar como islas y aprendemos a cumplir como región. En un mundo donde cada destino exige sus propias reglas, la fuerza de la industria no está en producir más, sino en cumplir mejor… juntos.