Entre faltistas, suplentes ansiosas y funcionarios aferrados: crónica de un gobierno cansado

Desde el Lunar Azul

Columnista itinerante de Lunar Azul

Buen día, estimados lectores.

Arranquemos con la joya semanal: el justificante médico de la diputada Moni Becerra, orgullosa campeona de las inasistencias según diversos medios nacionales y locales. La legisladora asegura que sus 37 faltas obedecen a motivos de salud y uno aquí, ingenuo, creyendo que la enfermedad más grave en San Lázaro era la flojera parlamentaria crónica.

Pero el asunto toma ribetes aún más pintorescos cuando su suplente esa recomendada de Don Santiago, aparece con un entusiasmo digno de influencer de venta por catálogo. Anda más que lista para los reflectores, para la dieta, y para los privilegios que otorga una curul federal. Y claro, al ver tanto ímpetu, uno se pregunta si la suplente estaba más al pendiente de las faltas… que la propia diputada.

Aquí vale detenernos un instante para reflexionar sobre la calidad de perfiles que terminan ocupando cargos que, en teoría, deberían ser relevantes para la vida pública. Aguascalientes presume hoy nueve diputados federales, un número poco común para el tamaño de nuestro territorio político. Pero la mayoría parece seguir la ruta del turismo legislativo: van, se toman la foto, y regresan.

El más mediático, por supuesto, ha sido Arturo Ávila, que se volvió experto en todo, menos en representar a los ciudadanos de Aguascalientes. Allá anda, más preocupado por defender a habitantes de la alcaldía Cuauhtémoc que a quienes lo llevaron a San Lázaro. Quizá tenga doble contrato; uno nunca sabe.

Y como dice el viejo refrán: no tiene la culpa el indio… sino el que lo hace compadre. El descrédito del oficio legislativo está tan normalizado que ya ni sorprende. Ahí está también nuestra senadora Chuya, cuya labor en el Senado es tan etérea que cuesta encontrar a alguien que sepa nombrar un solo logro. Más recordada por aquellos escándalos de “tronar los dedos” a burócratas estatales, que por la hechura de leyes.

Y sí, nadie les quita a estas legisladoras sus dotes para repartir despensas. En campaña son campeonas; en tribuna, apenas suplentes. Una se pregunta si la gobernadora habrá reflexionado alguna vez sobre el destino de esos nombramientos. Quedan dos años para cerrar su gestión, suficiente para hacer la lista de aciertos… y de nombramientos fallidos que pasaron sin pena ni gloria por la vida pública.

 

 

El gabinete aromatizado a incienso… y a cansancio

Pasemos al otro chisme administrativo de la semana: el inminente final del invento llamado Buró de Congresos, un organismo cuyo diseño parecía más bien hecho a la medida de su titular, conocida antes por su incursión en temas de belleza. No es mala la reinvención profesional, pero hay vacantes que requieren algo más que buena iluminación y actitud.

Y ya que hablamos de ajustes, trasciende que la gobernadora piensa, ahora sí, sacudir su gabinete. En Movilidad, su titular se aferra al puesto con la fuerza de quien sabe que afuera hace frío y que adentro al menos hay presupuesto. Y cuidado: no vaya a suceder como con el Buró, donde le salieron con el cuento de que ella no podía mover piezas por los intereses creados alrededor del negocio… perdón, dependencia.

En Desarrollo Social, la historia tampoco mejora. La titular nayarita lleva tumbos suficientes para llenar un episodio de La Rosa de Guadalupe. Y se dice que podría llegar un diputado cuyo nombre coincide con aquel célebre taquero de López Mateos: Don Max. Tantas expectativas generó este gabinete… y terminó pareciendo foro de feria de rancho: mucho ruido, luces intermitentes y pocas funciones memorables.

Ojalá esta vez sí la dejen maniobrar. Ojalá tampoco se arrepienta. Y ojalá el árbol realmente se sacuda, porque la inmovilidad se nota, se siente y se sufre.

 

Hasta aquí subió la roca.


Sísifo volverá, siempre listo para empujarla de nuevo.

 

 

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