Esos políticos siguen sin entender…

Contra Paradigma

Dice el dicho que “al buen entendedor, pocas palabras”. Pero parece que nuestros políticos no entendieron ni la frase. Tenemos una crisis de legitimidad, señoras y señores. El problema es simple: no escuchan. O peor, no les interesa.

Veamos dos panoramas: el de los partidos y el de los políticos.

El PAN, en su eterno intento de reinventarse, ahora quiere hacer lo que jamás se atrevió cuando tuvo el poder nacional. Pero se juntaron con lobos y aprendieron a aullar. Las mieles del poder son exquisitas, sobre todo para quienes apenas las prueban, y en cuanto las lamieron, se notó: la misma embriaguez por el control, la manipulación y la ganancia fácil que terminó por pudrir al PRI.

Hoy, el líder panista presume frescura, juventud y renovación. Pero sus propias bases ni lo pelan. Y esa camada de “jóvenes” que quieren subir… pues sí, jóvenes son, pero con participación casi decorativa.

El PRI, por su parte, lanza publicidad como si un filtro de Instagram pudiera borrarles décadas de abusos. Su partido ya está sepultado, y el único que va a salir ganando es Alito. Los pobres priistas —que todavía se quedan en el barco hundido— aceptan su caída resignados, aunque sin el valor de escaparse a otro partido. No vaya a ser que pierdan la quincena.

Y luego está MORENA, que terminó por aceptar a quien fuera con tal de engordar el padrón y llegar al ansiado cálculo electoral. Era obvio que un Frankenstein de voluntades tan dispares iba a colapsar. Ahí están las bancadas rotas, los pleitos de salón y las curules peleadas como si fueran sillas en dinámica de kermés. Y todo mientras las carpetas por desvíos de cientos de millones van acumulándose, porque la embriaguez del poder siempre deja resaca.

¿Por qué pasa esto? ¿Es un ciclo eterno? ¿Una condena bíblica?
 La respuesta es sencilla: nuestros políticos no tienen la menor idea de lo que es el bien común. No les dieron esa clase —o la pasaron dormidos. Se ven a sí mismos como moneda de cambio, ajustan sus intereses según convenga, y cuando cometen un error que los sepulta, se jubilan en paz, con pensión, chofer y cero vergüenza. Otros son como esos pasajeros que no aportan nada al viaje, pero sí cobran boleto VIP.

Y lo que pasa a nivel federal, lo replicamos en Aguascalientes como si fuera coreografía. Aquí todos están cómodos porque no hay presión: todo está bajo control, controladísimo. Ni ideal republicano ni pluralidad real; más bien un arreglo silencioso donde hasta la “oposición” ya trae acuerdos bajo la mesa. Basta con ver quiénes están detrás de lo que hoy presume ser MORENA en el estado. Hay que contarlo, porque medio electorado padece amnesia selectiva y el otro medio está domesticado por el clientelismo. Y la juventud —bendita ingenuidad— cree que estos personajes nacieron ayer.

A pesar de todo, los partidos tradicionales insisten en querer “caer bien”. Pero ya sabemos cómo termina: en cuanto toman tantito poder, lo primero que hacen es seguir negociando para sí mismos, jamás para la comunidad.

¿Y qué pasará? Lo de siempre. Dar malos resultados. Perder confianza.
 Hacer estupideces monumentales —no ante la crítica, sino ante el sentido común básico del ciudadano. Luego vendrán los reclamos, el reacomodo del tablero, el voto de castigo —que impulsará a un candidato opositor que acabará haciendo EXACTAMENTE lo mismo.

Y entonces llegará lo más ridículo: se indignarán. Lanzarán campañas negras contra quien los critique. Se harán las víctimas. Sí, las víctimas, señoras y señores. En esta nueva república invertida, los que deben ser arropados y protegidos no son los de abajo, sino los de arriba. Ellos necesitan mimos, respaldo institucional, aplausos internos. Pobrecitos.

Ahí nos damos cuenta de que el problema no son las figuras: es todo el ecosistema político. Si realmente pensaran en la República y la Federación, habrían cerrado filas para impulsar cambios sustanciales: reforma de partidos, actualización del sistema de gobierno, ampliación de derechos y responsabilidades públicas.

Pero lo que tenemos es lo contrario: La responsabilidad pública se contrae: “No fui yo, fue el de antes”, los derechos van en retroceso, la forma de gobierno está estática y arcaica, y los partidos, aunque presuman oposición, coinciden en lo esencial: beneficiar al mismo sistema.

Mientras tanto, allá en la Ciudad de México, los salarios y privilegios de nuestros representantes siguen creciendo sin pudor.
 

 

 

 

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