Desde el Segundo Piso
México, noviembre de 2025. Las calles de la Ciudad de México aún huelen a gas lacrimógeno y a esa mezcla de sudor y rabia que solo las marchas dejan. El sábado 15, miles de chavos de la Generación Z, esos nacidos entre el 97 y el 2012, con TikTok en la vena y el futuro en pausa, tomaron las avenidas que llegaban al Zócalo. No fue una fiesta de influencers, fueron gritos contra la violencia que nos ahoga, contra la corrupción que nos roba el oxígeno, y contra gobiernos ( de todos los colores) que prometen transformación pero entregan más de lo mismo. De Uruapan a Monterrey, de Guadalajara a Tijuana, 52 ciudades vibraron con el "movimiento del Sombrero" y la Z enarbolando banderas piratas de One Piece como símbolo de rebeldía. Pero, ¿qué carajos pasa aquí? ¿Por qué estos chavos, que crecieron con selfies y streaming, ahora queman llantas y exigen revocación de mandato?
La Generacion Z, va de lo liberal a la extrema derecha, una generación que empieza creyendo en el arcoíris progresista, tolerancia, diversidad, meritocracia y termina escupiendo fuego conservador porque el sistema les clavó el puñal por la espalda. En Estados Unidos, dicen, los chavos blancos se hartaron de BLM que pasó de justicia a venganza racial, de feminismos que culpan al hombre blanco por todo, de pandemias con mentiras oficiales y economías que los dejan endeudados antes de los 25. ¿Suena familiar? En México, la Z liberal soñó con la 4T como salvación. "Ya basta de prianistas ladrones", gritaban en 2018. Hoy, con más de 120 heridos en las protestas, policías y manifestantes y un asesinato de alto perfil que desató el caos, ven cómo el "cambio" es solo más inseguridad, más opacidad y menos oportunidades.
Esos jóvenes no son tontos. Crecieron navegando en un mundo donde las instituciones fallan como WiFi en tormenta. En México, la desilusión pega más duro, carteles que secuestran pueblos enteros, un gobierno que minimiza las marchas como "leperadas", que se ríe de los gritos como si fueran memes y una economía que les dice "estudia, emprende" mientras les cierra puertas con nepotismo y corrupción. La Z se radicaliza porque las promesas de "diálogo y democracia" son humo. Aprenden que el poder no se gana con hashtags, sino con acción. Y en ese giro, no buscan el centro tibio; van por los extremos que prometen resultados reales, aunque duelan.
Pero aquí vienela distorsión. Justo cuando la Z surge como un liderazgo social puro, apartidista, horizontal, con convocatorias en redes que reúnen a miles sin egos, aparecen los vampiros de la política vieja. ¿Vieron las fotos? Guadalupe Acosta Naranjo, ese dinosaurio del PRD extinto, caminando entre los chavos como si fuera uno más. Ahí está él, con su sonrisa de politico reciclado, junto a Emilio Álvarez Icaza y Fernando Belaunzarán, todos del "viejo PRIAN" que la 4T acusa de infiltrar el movimiento. ¿Qué buscan? Contaminar el vino nuevo con odres viejos. Como dice la Biblia y perdonen el sermón, pero pega, no se echa vino nuevo en odres viejos, porque revienta todo. Estos politiqueros, con sus mañas de los 90, sus alianzas podridas y su hambre de reflectores, no dejan que surjan voces frescas. Quieren secuestrar la agenda Z, convertirla en su circo electoral para 2027. Y el gobierno, en vez de escuchar, investiga "quiénes están detrás" como si fueran conspiradores, no ciudadanos hartos.
Chavos de la Z, escuchen, su fuerza está en lo crudo, en lo auténtico. No dejen que estos fósiles les roben el pulso. Las marchas del 20 de noviembre ya convocadas en los mismos puntos, son su chance de purgar la mugre. Exijan seguridad sin filtros, transparencia sin excusas, y liderazgos que nazcan de ustedes, no de los salones de Palacio o de un set de televisión. México no necesita más reciclaje; necesita renacer. Si no, el grito de la Z se ahogará en el ruido de siempre. Y eso, sería la verdadera tragedia.
Autor: Ricardo Heredia Duarte