El Capital no Tiene Género, Pero la Fuga Sí Tiene Consecuencias Para Todas

Intersecciones en Clave de Género

Mientras celebrábamos cifras récord de inversión extranjera directa —36,872 millones de dólares en 2024, según el Banco de México— una historia paralela y mucho más reveladora se escribía en las sombras del mercado financiero. Una historia que, como tantas otras, afecta desproporcionadamente a quienes ya viven en los márgenes de la economía formal: las mujeres.

Los números son contundentes y contradictorios: en lo que va de 2025, inversionistas extranjeros han retirado 123,756 millones de pesos del país. No se trata de los 167 mil millones que han circulado en algunas versiones, pero la cifra real es suficientemente alarmante. Esto representa la mayor fuga de capital desde la crisis sanitaria de 2020-2021, cuando salieron 514,840 millones de pesos.

La paradoja es inquietante: mientras se anuncian inversiones multimillonarias de Amazon, Royal Caribbean y otros gigantes corporativos —esas que llenan titulares y discursos oficiales—, el capital golondrino abandona silenciosamente el país, erosionando la estabilidad financiera que sostiene empleos, créditos y oportunidades para millones de personas.

 La Geometría de la Desigualdad

Aquí es donde la perspectiva de género se vuelve indispensable, no como un añadido políticamente correcto, sino como una herramienta analítica esencial. Porque cuando el capital huye, no lo hace de manera neutra. Las consecuencias se distribuyen siguiendo las líneas de fractura que ya existen en nuestra sociedad.

Pensemos en los datos: solo el 15.3% de las mujeres mexicanas invierten en instrumentos financieros, comparado con el 69.4% de los hombres. Las mujeres que sí invierten optan por instrumentos conservadores —bonos gubernamentales, cetes— precisamente los que los inversionistas extranjeros están liquidando. Cuando estos mercados se desestabilizan, ¿quiénes pierden primero?

Más revelador aún: las empresas fundadas por mujeres reciben menos de la mitad del capital de inversionistas ángeles que las fundadas por hombres. Solo el 0.8% de las empresas de tecnología e informática son fundadas por mujeres, versus el 16% por hombres. Hay cuatro veces más empresas fundadas por hombres con ingresos anuales superiores a 50 millones de pesos.

El Efecto Dominó: De Wall Street a la Tiendita de la Esquina

La salida de capitales no es un fenómeno abstracto de corredores bursátiles. Es un terremoto económico cuyas réplicas se sienten primero en los cuerpos y bolsillos de las mujeres. ¿Por qué? Porque las mujeres constituyen el 70% de los microcréditos en México, son mayoría en el sector informal —donde la volatilidad cambiaria impacta directamente el costo de insumos—, y representan la mayoría de trabajadoras en sectores sensibles al tipo de cambio como manufactura textil y servicios.

Cuando el peso se deprecia —pasó de cerrar 2024 en niveles de 20 pesos por dólar a proyecciones de 21.30 para fin de año— las importadoras de telas, las pequeñas manufactureras, las comerciantes que dependen de productos importados ven evaporarse sus márgenes. Son ellas quienes absorben el choque, porque son ellas quienes tienen menos colchones financieros, menos acceso a créditos corporativos, menos redes de protección.

La Política Monetaria Como Campo de Batalla Invisible

Los aranceles de Trump —esa espada de Damocles que oscila entre el 10% y el 25%— no solo amenazan con contraer el PIB hasta un 1.3% según la OCDE. Están forzando a Banxico hacia una política monetaria más restrictiva para contener la inflación proyectada en 4.4% para 2025, muy por encima del objetivo del 3%.

¿Qué significa esto en términos de género? Tasas de interés más altas encarecen el crédito justo cuando las mujeres emprendedoras más lo necesitan. La inflación elevada impacta desproporcionadamente a hogares encabezados por mujeres —que representan el 33% del total y suelen destinar mayor proporción de ingresos a alimentos y necesidades básicas.

Mientras tanto, las mujeres están subrepresentadas en los espacios donde se toman decisiones de política monetaria y comercial. No es casualidad que los efectos diferenciados por género rara vez aparezcan en los análisis de impacto de estas políticas.

 La Trampa de la Dependencia

La dependencia comercial de México hacia Estados Unidos —80% de nuestras exportaciones— se revela como una vulnerabilidad estructural amplificada por género. Los sectores más afectados por los aranceles —automotriz, manufactura, electrónicos— emplean significativamente a mujeres, pero ellas ocupan predominantemente posiciones de menor jerarquía y salario.

Cuando se habla de ”proteger 10 millones de empleos” en las negociaciones comerciales, ¿cuántos de esos empleos son de mujeres? ¿Cuántos están en condiciones de precariedad laboral? ¿Cuántos carecen de prestaciones o contratos formales?

Reinversión de Utilidades: El Gatopardismo Financiero

Aquí viene lo más interesante: de los 36,872 millones de dólares de IED en 2024, el 78% (28,710 millones) fueron reinversión de utilidades. Solo 8.6% fueron nuevas inversiones. Es decir, el dinero “nuevo” que entra es marginal. Lo que vemos son empresas que ya están aquí reinyectando ganancias —algo positivo pero no transformador.

Mientras tanto, el nearshoring que tanto se celebra no está generando el impulso esperado para empresas medianas y pequeñas, donde las mujeres empresarias tienen mayor presencia. Los grandes corporativos capturan los beneficios; las cadenas de suministro locales lideradas por mujeres quedan fuera.

La Pregunta Incómoda

Si en 2024 tuvimos inversión extranjera récord pero al mismo tiempo el PIB apenas creció 1.4% y en el cuarto trimestre nos contraímos 0.6%, ¿para quién está funcionando realmente el modelo? ¿Quiénes capturan los beneficios de esa inversión? Y más importante: ¿quiénes absorben los costos cuando el capital decide irse?

La respuesta, como casi siempre, tiene nombre de mujer. Son las trabajadoras que pierden empleos sin indemnización. Las emprendedoras cuyos créditos se encarecen. Las madres que ven encarecer la canasta básica. Las jóvenes que ven cerrarse oportunidades de desarrollo profesional cuando la incertidumbre paraliza contrataciones.

Hacia una Economía Feminista (No es Utopía, es Urgencia)

No se trata de idealizar. La economía feminista no propone eliminar los mercados sino repensarlos. Significa:

Primero: visibilizar los impactos diferenciados. Los análisis de política económica deben incorporar obligatoriamente variables de género. No como apéndice sino como eje transversal.

Segundo: diversificar genuinamente. No solo geográficamente (buscar otros mercados), sino estructuralmente: fortalecer el mercado interno donde las mujeres son consumidoras y productoras clave.

Tercero: democratizar el capital. Ampliar el acceso de mujeres a instrumentos financieros sofisticados, capital de riesgo, fondos de inversión. Solo el 15.3% de mujeres invierten versus 69.4% de hombres —esta brecha es un lastre económico nacional.

Cuarto: reconocer que la estabilidad macroeconómica no es neutral. Una política monetaria que solo mira inflación y tipo de cambio sin considerar empleo femenino, trabajo de cuidados no remunerado, o acceso a servicios básicos está perpetuando desigualdades.

La Revolución Silenciosa Que Necesitamos

Mientras los titulares celebran récords de inversión y los analistas debaten puntos porcentuales de crecimiento, una revolución silenciosa es posible: aquella donde las mujeres dejan de ser receptoras pasivas de las crisis económicas para convertirse en arquitectas de sistemas más resilientes.

Porque al final, cuando el capital huye, las mujeres no pueden darse ese lujo. Ellas se quedan, sostienen, reinventan, resisten. Quizás sea momento de construir una economía que aprenda de esa tenacidad en lugar de explotarla.

La pregunta no es si podemos permitirnos una economía feminista. La pregunta es si podemos seguir permitiéndonos una que no lo sea.

Los datos no mienten, pero tampoco cuentan toda la verdad. La verdad completa siempre tiene género, clase y territorio. Ignorarlo no solo es injusto, es profundamente ineficiente.

Gwendolyne Negrete es Country Chair del ala de Empoderamiento Financiero y Políticas de inclusión del G100 Women Leaders en México

OTRAS NOTAS