Peces de ciudad
Riesgo contra nuestra democracia
En las últimas décadas, el concepto de “golpe blando” ha sido utilizado para describir procesos de erosión institucional que buscan alterar el rumbo político de un país sin recurrir a la fuerza militar. A diferencia de los golpes clásicos del siglo XX, estos mecanismos operan a través de estrategias legales, mediáticas, económicas y judiciales, capaces de generar la apariencia de normalidad democrática mientras modifican el equilibrio real del poder.
México, inmerso en importante proceso de transformación, no es ajeno a este debate. Diversos sectores han expresado preocupación por la convergencia de actores que, desde espacios formales e informales, podrían estar configurando un escenario de desestabilización política. Pero ¿Cómo se fragua un golpe blando?
La politología contemporánea emplea el término para describir procesos donde la oposición al gobierno en turno utiliza herramientas institucionales para entorpecer, bloquear o revertir políticas públicas o proyectos de transformación. Estas estrategias suelen agruparse en cinco fases.
No todas las fases deben cumplirse para que exista un golpe blando, pero su coincidencia incrementa el riesgo de una alteración antidemocrática del poder.
El país ha visto recientemente episodios de judicialización intensa de la política como el fallo en contra de Salinas Pliego quien uso por mucho tiempo, amparos estratégicos para bloquear reformas y una creciente batalla narrativa en espacios mediáticos y digitales. Estos elementos, aunque no son por sí mismos prueba de un golpe blando, sí configuran el terreno donde este podría emerger.
Una democracia estable requiere que la competencia entre actores políticos se dé bajo reglas claras y aceptadas. Cuando uno de los actores intenta alterar el equilibrio institucional para impedir que otro ejerza su mandato, la competencia se vuelve asimétrica. Así, mecanismos legítimos —como la revisión constitucional, la protesta pública o la crítica mediática— pueden transformarse en instrumentos de obstrucción permanente.
En México, cualquier análisis serio debe considerar tanto la responsabilidad del gobierno en mantener condiciones de diálogo institucional como la responsabilidad de la oposición en actuar dentro de los marcos democráticos sin promover escenarios de ingobernabilidad.
Hablar de un posible golpe blando en México implica afirmar que este esté en marcha; implica reconocer que existen condiciones que deben analizarse con rigor. Sin embargo, las democracias no se debilitan de un día para otro: se erosionan gradualmente cuando la confrontación política sustituye al debate público y cuando las instituciones se usan como armas en lugar de como árbitros.
La tarea central es fortalecer la confianza en los procesos democráticos. Esto exige un periodismo responsable, ciudadanía informada, oposición institucional y gobierno transparente. Solo así, México podrá evitar que sus tensiones políticas se conviertan en riesgos reales para la estabilidad de su vida democrática.