Las fibras que conforman el entramado del “tejido social” son tan delgadas que, con cualquier estimulo del medio, por mínimo que sea, puede desgarrarlas, produciendo una madeja sin puntos ni conexiones. El “tejido social” es un universo de relaciones simbólicas, en donde las prácticas cotidianas y las instituciones, ponen las condiciones de convivencia y construcción de toda comunidad, a través de una dinámica de constante movimiento que cambia vertiginosamente con el tiempo, fortaleciéndose o debilitándose de acuerdo a las condiciones históricas. Entender esta dinámica, requiere entonces de una visión macrosocial por el conjunto de interacciones que se dan desde y para la comunidad, la cual implica un universo de vehículos que favorecen la cohesión y, por lo tanto, la reproducción de la vida en todas las instituciones que conforman a una sociedad – familia, escuela, gobierno… –, así como sus diversas formas de organización, tradiciones, costumbres, racionalidades e imaginarios sociales.
El ser humano es un ser gregario por naturaleza, un ser social que cuyos vínculos son motivados por intereses en común en el orden afectivo, económico, político, cultural…, pero, la continuidad, el fortalecimiento y la solidez se logra dentro de la dinámica misma de los tejidos sociales, los cuales, por el contrario, pueden convertirse en una red desconectada, lacerada y desarticulada por las problemáticas que caracterizan a la modernidad sin una “política pública” sensible, planeada, clara y eficaz, con base en el entrenamiento total de una sociedad, tomando en cuenta los hilos, vehículos, uniones y umbrales que conforman y definen las vocaciones de sus instituciones.
Aguascalientes, ocupa el décimo lugar de adolescentes entre los 14 y los 17 años de edad con delitos recurrentes en lesiones, robo, amenazas, abuso sexual y narcomenudeo. Con el 14.3 de cada 100,000 habitantes, representan el tercer estado con suicidios por debajo de Chihuahua y Yucatán. En el 2024 el 49% de la población – según cifras del INEGI –, afirmaron sentirse inseguros. De enero a junio del presente año, se denunciaron 5,312 casos de violencia intrafamiliar – un 10% más de los registrados en 2024 –. Las sustancias proactivas de mayor demanda para su tratamiento son en la actualidad las anfetaminas, tanto aquellas de uso médico como el denominado “cristal”, los cuales entre sus consumidores destaca el 23.1% de menores de entre los 12 y 16 años edad, según el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones. Desde ya hace algunos años, el Estado de Aguascalientes es el cuarto lugar con mayor índice de casos de depresión. Este deterioro, se concentra aún más en el Oriente de la Ciudad; zona que, por su crecimiento desmedido y su falta atención en términos de planeación urbanística y de servicios públicos, conformado por casi cuarenta fraccionamientos, colonias y asentamientos que se han extendido más allá del tercer anillo, concentra al 40% de la población del Municipio Capital; en otras palabras, “después del segundo anillo, transitando por las primeras cuadras del Fraccionamiento “Rodolfo Landeros Gallegos”, comienza una suerte de ciclorama surrealista conformado por varios cuadros escénicos que, a través de las fachadas de sus viviendas, negocios y establecimientos informales, van dejando entrever poco a poco, el deterioro de otra ciudad, de un apéndice al margen del Municipio Capital”.
Poner sobre la mesa de análisis la “regeneración del tejido social”, implica un ejercicio armónico de cohesión social, trabajando desde mejores oportunidades de vida, desigualdad socioeconómica, discriminación, segregación espacial, diversificación religiosa, conflictos políticos, bienestar, salud mental, entre otros. Por ello, resulta urgente encontrar soluciones para su integración, desde la perspectiva de los estudios socioculturales y no únicamente desde la construcción unilateral de los “Planes de Desarrollo” a través de los gobiernos.
Entender el fenómeno sociocultural, nos resulta relativamente obvio si es analizado desde sus orígenes, como algo natural al ser humano en su constante afán de trasformar su entorno para satisfacer sus necesidades; pero, comprender el universo de rumbos que la cultura adquiere hasta verse diluida o como regularmente sucede en los contextos globalizados, hasta llegar a la transculturización, resulta un tema cada vez más complejo por las consecuencias de las economías titubeantes, las especulaciones financieras, las diferencias individuales en el acceso a los servicios, las oportunidades laborales, el tráfico desmedido y sin control de información de esta era digital… Resulta importante entones, entender el fenómeno de “tejido social” y su universo de variables, desde la perspectiva de la educación, el arte, el pensamiento y la sociedad, opuestamente a lo que se entiende desde la jerga popular y “política”.
La configuración de toda cultura a través de las prácticas artísticas, además de definirse como un mecanismo eficaz de adaptación ante los agentes perturbadores – de resiliencia -, así como los mejores vehículos para la generar un pensamiento crítico, son, en sí mismas, por su poder pedagógico, los factores determinantes para fortalecer el “tejido social” y el bienestar individual en las colectividades.
Existen infinidad de “experimentos” socioculturales en donde, los lenguajes artísticos, han jugado un papel decisivo no solo en la regeneración de los tejidos sociales, sino también en la construcción y desarrollo de nuevos vínculos para hacer comunidad más allá de sus fronteras. El arte, es una herramienta poderosa y multifacética para la regeneración del tejido y la cohesión social, en donde, por ejemplo, los países lastimados por el conflicto, mediante políticas culturales de reconciliación y atención a las comunidades afectadas por la violencia, han ahorrado recursos humanos y económicos en estrategias correctivas al margen de la fuerza pública, del castigo o la penalización, con el respaldo sensible de iniciativas gubernamentales y no gubernamentales apadrinadas por fondos públicos honradamente encausados, fundaciones internacionales y, sobre todo, a través de planes estratégicos donde se pone en valor la memoria, la sanación y la convivencia pacífica, por medio de ejercicios transparentes de gobernanza.
El arte crea lazos de cooperación, de convivencia armónica entre los integrantes de una comunidad, pero, para ello, es necesario el desarrollo de diagnósticos sociales reales para definir en el origen de la enfermedad de un colectivo y, asimismo, las estrategias remediales en términos de promoción de las prácticas artísticas adecuadas y certeras que fomenten identidades. Un pueblo con identidad es, sin duda, un pueblo con un tejido social sano, con conexiones suficientes para el desarrollo de la interculturalidad.
Si bien los datos en Aguascalientes reflejan una problemática en términos de salud mental, delincuencia y seguridad que le competen a dependencias particulares bajo un esquema de gobierno, no resulta un asunto ajeno a las instituciones culturales, en donde sus políticas se han direccionado únicamente a la producción de eventos, festivales, encuentros y ferias; los cuales, por su puesto, poseen en sí mismos un valor en términos de recreación, convivencia y divertimento y, del mismo modo, una activación de la economía local y el “turismo”. Los eventos culturales y artísticos, en este sentido, no deben solo atender a convocatorias y mecanismos de difusión para concentrar a la mayor parte de la población. El desarrollo de las identidades culturales tampoco son actividades desarticuladas, sin relación alguna con el desarrollo de mejores prácticas de civilidad y convivencia. Las políticas culturales, entonces, deben de aplicar estrategias transversales que si bien, no se encuentran bajo un esquema de acciones estrictamente de carácter remedial, sus mejores resultados los obtiene a través de mecanismos de prevención… es preciso aportar en el poder de transformación social de los lenguajes artísticos.
A finales de los años 80, la vandalización de bardas y muros en la Ciudad de Aguascalientes era ya un problema fuera de control y, más aún con una administración pública con altos estándares de estética urbanística, resultaba una situación exponencialmente alarmante, desde luego, aunado al problema medular en términos de violencia y conflictos entre pandillas. Para ello, a principios de los 90 a través de la Dirección de Difusión Institucional del Gobierno del Estado, se lazó una convocatoria dirigida a los barrios y fraccionamientos en “situación vulnerable”, dotándolos de materiales e insumos para la elaboración de grafitis y pintas en zonas estratégicas con motivos sociales, promoviendo un encause controlado para estas formas de expresión popular, respetando sus códigos, símbolos y lenguajes iconográficos que, definitivamente, dan lugar a un universo identitario de suma valía.
Existen actualmente “esfuerzos” locales que se presumen por su valor social en función de la regeneración del tejido, pero, las instituciones culturales no tienen la claridad precisa del cómo, concretamente, se está favoreciendo o no la cohesión comunitaria al no contar en principio, con diagnósticos claros, procesos de evaluación y seguimiento, así como instrumentos de mejora para aspirar a los siguientes peldaños de intervención. Es necesario analizar el estado del arte en el que se encuentra la aplicación de políticas públicas en materia de cultura y, de esta manera, actuar en consecuencia. En este sentido, la reconstrucción del tejido social no puede limitarse a las instituciones verticales, ni mucho menos a modelos universales. Resulta urgente reconocer otras formas de saber, de sentir y de organizar la vida en común, que emergen de las expectativas de los pueblos, barrios, cuerpos excluidos y memorias colectivas. No solo por una cuestión de justicia epistemológica, recuperar las voces de la comunidad resulta el canal imprescindible para definir futuros más igualitarios y convivenciales a través del arte y sus lenguajes, con base en la aplicación de la Metodología de Proyectos.
En realidad, dar con la consonante adecuada para remediar las conexiones del tejido social, pudiese parecer no tan complejo. La complejidad radica en las voluntades de las instituciones públicas, en la definición de políticas culturales que sean el resultado de las reflexiones desde la academia, en la instalación de perfiles idóneos con vocación y conocimiento en estudios socioculturales… agentes de cambio que conozcan las bondades, alcances y aplicaciones del arte desde su enseñanza, promoción y difusión para la construcción y gestión de la cultura; que pongan en valor la realidad social de cada uno de los individuos que conforman a la comunidad. No son suficientes las ideas para definir rumbos… se necesitan ideales. “La grandeza de una persona se mide por la firmeza de sus ideales” (Simón Bolívar) y vivir sin ellos “[…] es como caminar sin brújula, perdidos en la incertidumbre” (Sócrates).