LA UNIVERSIDAD Y LA JUSTICIA: EL CASO DE YESENIA PINZÓN

Razonar sobre la justicia nunca ha sido sencillo, y menos aún en contextos institucionales y electorales donde las pasiones, los intereses y las heridas colectivas cambian el peso de cada juicio. Cuando una comunidad se siente agraviada, traicionada o públicamente expuesta, el riesgo de sustituir la razón por la indignación es alto. Pero justamente ahí -en el momento más emocional- se vuelve indispensable recuperar la lucidez, porque la justicia, si pretende ser auténtica, debe nacer de la deliberación crítica y no de la furia.

En la ética de la razón humana, la responsabilidad no flota en el vacío: convive con la buena voluntad, con la comprensión de la falibilidad propia de toda persona y con la necesidad de distinguir, con cuidado, los matices entre error y mala fe, entre negligencia y dolo, entre ingenuidad y complicidad. Nada de esto es evidente a simple vista. La justicia exige paciencia, contexto, reflexión y la valentía de no rendirse a las soluciones fáciles.

La Universidad Autónoma de Aguascalientes vive uno de los agravios más profundos de su historia reciente: las millonarias pérdidas derivadas de la estafa Ponzi. Ese agravio es real, legítimo y doloroso. No solo dañó las finanzas institucionales: también fracturó la confianza interna de la institución y expuso a la comunidad al escarnio público. Y sin embargo, incluso ante este golpe emocional, la indignación debe dialogar con el humanismo y con la razón crítica. La justicia nunca puede ser una catarsis colectiva, sino un juicio moral que busca comprender y actuar con proporcionalidad.

Es un hecho indiscutible que el responsable inicial de que la Universidad entrara al esquema Ponzi fue el exrector Javier Avelar. Bajo su gestión se tomaron las decisiones originales que abrieron la puerta al fraude. Y mientras la institución enfrenta las consecuencias, Avelar permanece en silencio, rehuyendo a la comunidad que dirigió. No es posible hablar seriamente de justicia sin señalar esta responsabilidad primaria.

Dicho esto, también es cierto que la rectora Yesenia Pinzón participó en una reinversión posterior. Pero este hecho ocurrió al inicio de su gestión, cuando las inercias burocráticas del rectorado anterior seguían vigentes y cuando el aparato administrativo operaba bajo estructuras heredadas. En este contexto, corresponde preguntarse si su decisión fue un acto deliberado de mala fe o un error inducido por la información, la confianza institucional y la dinámica operativa que dejó Avelar. La justicia no puede ignorar esta distinción.

Para evaluar este punto, también hay un elemento humano que es imposible ignorar. Quienes han visto de cerca a la rectora saben que este asunto le pesa profundamente. Más allá de lo sucedido y de lo que cada uno piense sobre su responsabilidad, resulta evidente que cargar durante dos años con las incertidumbres inherentes a un escándalo de esta magnitud no es una experiencia menor. El desgaste emocional, personal y moral es visible. Y aunque la verdad de los hechos debe establecerse con objetividad, la humanidad de las personas involucradas no puede ser borrada del análisis.

Frente a estas circunstancias, el próximo 20 de noviembre cada universitario deberá enfrentar un complejo dilema: Y es que, si se considera que su actuar fue doloso, no hay mucho que discutir y la doctora Pinzón debiera evidentemente dejar de ser rectora de la universidad y enfrentar su responsabilidad. Pero, si a juicio de la opinión de cada universitario, se concluye que no existió dolo, entonces la justicia no debe convertirse en una carnicería inmisericorde que ignore los matices, niegue la existencia del error humano y destruya a una persona sin medir proporciones ni contextos. La justicia, para ser justa, debe contemplar no solo los hechos, sino la forma en que ocurrieron, las circunstancias que los rodearon y el comportamiento posterior de quienes estuvieron involucrados.

Por otra parte, el fraude no fue un fenómeno exclusivamente universitario. También estuvieron involucrados la Fiscalía del Estado y el ISSSPEA, instituciones cuyo deber público exigía un rigor especialmente alto. Que ambas hayan participado en el mismo esquema fraudulento revela que el problema no fue aislado ni individual: fue sistémico y probablemente vinculado a factores y actores políticos.

Con todo este contexto, la Universidad Autónoma de Aguascalientes enfrenta ahora uno de los juicios éticos más relevantes de su historia reciente. El próximo jueves 20 de noviembre, cada universitario deberá preguntarse cómo concibe la justicia ante estas circunstancias. Cada miembro de la comunidad tendrá que valorar qué tan responsable considera a la rectora Pinzón, hasta qué punto reconoce la posibilidad del error humano, qué méritos observa en su desempeño como rectora y si, conforme a su propio criterio moral, es justo o no extenderle el beneficio de la duda.

La Universidad Autónoma de Aguascalientes tiene ante sí una prueba moral decisiva: la oportunidad de demostrar que es capaz de juzgar con prudencia, profundidad y humanidad. Pero esta vez, más que un veredicto institucional, lo que está en juego es la calidad del juicio de cada uno de sus miembros. El 20 de noviembre, cada universitario deberá mirarse a sí mismo y responder, sin consignas ni presiones, a una pregunta que vale más que cualquier consigna colectiva: ¿Que es justo y qué es correcto frente a todo esto?

No se trata solo de evaluar a una persona, sino de decidir qué clase de comunidad quiere ser la Universidad. Una comunidad que castiga sin matices, o una que distingue entre dolo y error; una que juzga desde la indignación, o una que juzga desde la razón; una que busca culpables, o una que busca la verdad; una que se entrega a la venganza ciega o una que reconoce la complejidad humana.

Ese es, al final, el verdadero juicio: el que cada universitario libere hacia su propia conciencia. Porque más allá del resultado de la votación, lo que definirá la dignidad moral de la Universidad será la capacidad de cada uno para responderse con honestidad: ¿Que exige la justicia -y que es lo correcto- ante esta historia que nos involucra a todos?

SE LUMEN PROFERRE


 

OTRAS NOTAS