Desde el Segundo Piso
El entorno nacional de seguridad pública en México vive un momento de tensión dual, por un lado, la administración federal encabezada por la Dra. Claudia Sheinbaum ha tomado medidas visibles, lo cual representa un cambio respecto al sexenio pasado, por otro, numerosos gobiernos locales siguen navegando en la indiferencia estratégica, actuando con retórica más que con resultados.
En las últimas semanas, el anuncio de un plan federal millonario para el estado de Michoacán, después del asesinato del alcalde de Uruapan, muestra que el Ejecutivo Federal reconoce la gravedad del desafío.Sin embargo, ese tipo de acciones, decididas desde la federación, también evidencian lo que ya muchos habían denunciado, que los gobiernos estatales y municipales han fallado en enfrentar el problema.
El libro “Jaque Mate al Crimen Organizado” señala con claridad que la clave está en que los estados actúen con mando propio, fortalezas institucionales locales y una estrategia compartida. Si los gobiernos locales no reforman sus policías, no mejoran sus fiscalias, no asumen la coordinación como un deber cotidiano, seguirán siendo zonas de fracaso.
Ese desfase se vuelve particularmente grave cuando unos gobernadores parecen vivir de excusas (“faltan recursos”, “es problema de la federación”, “las fuerzas federales no alcanzan”) y los municipios se convierten en escenarios de inacción. En contraste, la administración de Sheinbaum, aunque enfrenta problemas y todavía tiene pendientes, ha mostrado un cambio de tono, ha colocado la seguridad y la rendición de cuentas entre sus banderas, y ha recordado que “la soberanía no se negocia” ante presiones externas.
Pero esto no la exime de presiones; tiene que demostrar que no sólo actúa reactivamente (posterior al crimen) sino preventivamente. Debe asegurar que la mayoría de las entidades federativas no sigan siendo “miniestados fallidos” dentro del Estado mexicano y debe asegurar que la lucha contra el crimen organizado no sea focalizada únicamente en fuerzas federales, sino que los estados tengan policías fuertes, inteligencia propia y rendición de cuentas local. Estaes la lección principal del libro de Moreira/Aguilar, cuando los estados asumen su parte, los resultados se ven.
Gobernadores omisos, los rezagados y lastres de la seguridad. Aquí radica la crítica dura, muchos gobiernos estatales no estan fallando debido únicamente al “contexto adverso”, sino a la falta de voluntad política. Quienes deberían liderar la transformación de sus cuerpos policiacos locales, implementar sistemas de información, reformas de justicia, y articular prevención social, muchas veces se limitan a la demagogia o a anuncios grandilocuentes.
El efecto es conocido, violencia persistente, extorsión ya naturalizada, desapariciones no esclarecidas, policías locales sin mando civil. El libro de Moreira lo documenta, no se trata sólo de cifras, sino de institucionalidad. Si los estados no se transforman, la federación tendrá que intervenir repetidamente, lo que a su vez debilita a la entidad estatal y socava su autonomía real.
Por eso resulta coherente que, en esta coyuntura, la conducción nacional debe elevar sus expectativas y exigencias, ya no es suficiente que los gobernadores “pidan apoyo”; deben rendir cuentas. Y si no lo hacen, la “caída” puede venir por su propia falta de gobernabilidad.
La seguridad en México no se resolverá únicamente desde la Presidencia. Pero tampoco podrá recaer mayoritariamente en entes estatales que se niegan al cambio. La administración de Sheinbaum tiene ahora una oportunidad estratégica, imponer una lógica de corresponsabilidad, de metas claras, de transparencia, de rendición de cuentas, y de presión sobre los gobiernos estatales para que actúen.
Los estados que deciden asumir su papel estratégico, que reforman sus instituciones y que articulan acciones reales, generan resultados. Y esos resultados traducen gobernabilidad.
Hoy, México y buena parte del mundo observa. Y los gobiernos locales deben decidiro se ponen a la altura del reto, o serán cargados al banquillo de la historia. La presidenta ya lo ha advertido. Ahora corresponde a los gobernadores responder.
Autor: Ricardo Heredia Duarte