A finales de octubre me sorprendió ver un árbol de navidad adornando el estacionamiento de un centro comercial. Cierto es que artículos navideños se ven en ciertas tiendas desde septiembre y esto no significa que esté mal. Pero considero que la anticipación de la venta de articulos navideños así como la venta de otro tipo de artículos de temporada de manera tan anticipada ponen de manifiesto algo que nos suele pasar a las personas: querer vivir otro momento que aún no es el nuestro.
El libro del Eclesiastés, en su tercer capítulo nos dice que: “todo tiene su tiempo”, existe un tiempo para nacer y morir, para edificar y derribar. En esta vida y desde la lógica de Dios cada cosa y también nosotros tenemos nuestro tiempo. Sin embargo parece que en ocasiones no nos gusta “nuestro tiempo” y preferimos vivir añorando otras etapas o desear que lo que nos toca vivir “aquí y ahora” pase lo más pronto posible para poder así ubicarnos en otra situación.
Así encontramos niños que desean convertirse en adultos y adultos que desean ser niños. Personas que desean morir mientras los que están al filo de la muerte tal vez deseen vivir. No nos comprendemos ni se nos da gusto, pareciera que siempre pudiera existir un escenario distinto y mejor que el que nos toca vivir.
No pretendo con estas reflexiones dar espacio al estancamiento de la persona que le lleva a conformarse de una manera pasiva con el día a día, sino hacernos caer en la cuenta que una de las cosas más sanas que concidero puede existir es aceptar nuestra realidad y con ella abrirnos a la posibilidad de vivir cada etapa que nos toca.
Vivir de manera acelerada nos imposibilita disfrutar el momento y hace que nos cansemos pronto. Sí, vivir de manera acelerada y ansiosa nos ha imposibilitado la capacidad del asombro frente a lo cotidiano como lo es el milagro de nuestra propia existencia. Todo ser humano estamos necesitado de relaciones significativas, en esta época de las redes sociales se pueden tener cientos de seguidores pero al fin de cuentas hacen que en no pocas ocasiones el ser humano se encuentre solo.
Únicamente desde la oportunidad de poder valorar el tiempo que nos toca podemos valorar a las personas, de lo contrario hacemos de las personas meros instrumentos, acudimos a ellas en la medida que nos sirven o nos ayudan en algo. Pero no seremos capacer de valorarlas y de ser nosotros valorados.
Todo tiene su tiempo, y nuestro tiempo es ahora, vivamos con esperanza y alegría el presente que nos toca, valoremos y asumamos lo pasado sin quedarnos estancados en el, sólo así nos podremos proyectarnos al futuro que siempre será de Dios.