La Catrina se aburre

Contra Paradigma

La grave confusión del turismo

Aguascalientes ha perdido de vista su identidad, y eso equivale a perder competitividad. En plena temporada de Día de Muertos —una de las celebraciones más poderosas y emblemáticas de México— otros estados logran proyectarse al mundo, mientras aquí seguimos sin entender cómo capitalizar nuestro mayor símbolo: La Calavera Garbancera, de José Guadalupe Posada. Rebautizada por Diego Rivera como La Catrina, debería ser la gran embajadora cultural y turística del estado, pero sus intentos de posicionarla se han quedado cortos frente a ejemplos como la muñeca Lele de Querétaro.

Resulta preocupante leer que el Festival Cultural de Calaveras sea descrito como “otra Feria”, cuando justo lo que debía distinguirnos se diluye en la repetición. La obsesión por imitar la Feria Nacional de San Marcos ha vaciado de sentido un festival que alguna vez tuvo raíces y propósito. Hoy, el impulso turístico del estado se limita a montar eventos masivos sin una visión clara de largo plazo.

Recuperar espacios públicos o mejorar la infraestructura, como el Andador J. Pani o el Pabellón del Vino, es positivo, pero insuficiente. Nada de eso constituye una estrategia turística sostenible ni competitiva frente a destinos que, en estas fechas, brillan con identidad: Oaxaca, Puebla, Michoacán o Guanajuato. Basta mirar Calaverandia, en Guadalajara, ejemplo exitoso de colaboración público-privada. Aguascalientes podría hacer algo similar si existiera interés real por innovar, abrirse al sector y generar valor.

Las actividades del festival siguen siendo las mismas: pabellones, altares vivientes, juegos mecánicos, corridas de toros, agenda deportiva. Un esquema cómodo, repetido año tras año, que no impulsa la creatividad ni el turismo regenerativo. La Secretaría de Turismo no ha logrado modernizarlo ni optimizar recursos. Y mientras los presupuestos culturales se concentran en la Feria de San Marcos, el Museo José Guadalupe Posada sigue abandonado.

Con voluntad y coordinación entre dependencias podría construirse un festival potente, con identidad y proyección nacional. Pero la novedad de este año fue permitir bebidas alcohólicas en ciertos horarios. Esa no es una estrategia de diferenciación; es un síntoma de confusión. Frente a estados que innovan en narrativas, experiencias y diseño visual, Aguascalientes repite fórmulas y privilegia a los mismos proveedores, relegando al talento local.

Tampoco ayuda la falta de rigor en la comunicación oficial y mediática. Se difunden frases como “es la primera vez que se hace en el Centro Histórico”, cuando hay registros de ediciones anteriores en el mismo sitio. La desinformación no sólo daña la credibilidad institucional; revela la superficialidad con la que se aborda el turismo. Incluso las declaraciones de representantes comerciales, como las del presidente de la Asociación del Centro, muestran la desconexión entre gobierno y sector: la falta de integración territorial y diálogo con los actores locales es evidente.

La verdadera pregunta es: ¿qué historia queremos contar al mundo? ¿La del estado que permite beber en las calles, o la del lugar donde nació la Catrina? Para competir, necesitamos una narrativa sólida, creativa y coherente. Hoy el turismo mundial transita hacia modelos regenerativos, que buscan dejar una huella positiva en el territorio. Si seguimos apostando por la saturación y la repetición, terminaremos padeciendo el overtourism que ya afecta a la Feria de San Marcos: un exceso de visitantes sin planeación que perjudica tanto a residentes como a turistas.

Los ejemplos sobran. El Festival Cervantino en Guanajuato debió rediseñarse tras años de desbordamiento. Las lecciones están cerca, pero parece que Aguascalientes prefiere aprender por la vía del error. Hay una profunda confusión sobre lo que significa hacer turismo. El Mundial 2026 se acerca, y no existe una estrategia clara para aprovecharlo. La política actual se centra en alimentar el mercado local, sin asumir riesgos ni buscar visitantes foráneos. Se privilegian nichos como la tauromaquia, sin visión de largo plazo, y se presume tener un Buró de Congresos y Visitantes sin métricas que respalden resultados.

El discurso oficial habla de unidad entre la Secretaría de Turismo, el Instituto Cultural y el Buró, pero no hay indicadores verificables ni rendición de cuentas. En turismo, los números deben mirar hacia afuera, hacia la competencia, no hacia el escritorio. Otros estados logran más con menos porque comprenden el valor de la creatividad, la colaboración y la profesionalización. Aquí, en cambio, se improvisa. Iniciativas valiosas, como la Ruta del Cempasúchil en Jesús María, demuestran que sí hay potencial cuando se trabaja con identidad y comunidad.

El turismo requiere coordinación y diálogo. No se construye desde la ocurrencia ni desde la inercia política. Pero en Aguascalientes persiste la confusión: se copian fórmulas, se cumplen caprichos, se confunde promoción con espectáculo y gestión con propaganda. Falta visión, liderazgo y conocimiento del sector.

Y mientras se celebra que los hoteles “están llenos”, muchos hoteleros reconocen apenas 50 % de ocupación. Las cifras oficiales, lejos de clarificar, se vuelven parte del relato ficticio que busca esconder la falta de estrategia. No confundamos reflectores con resultados. Atraer turismo implica construir experiencias con propósito, calidad y sostenibilidad, no improvisar para las fotos.

Ojalá este gobierno entendiera que el turismo no se decreta, se construye. Se necesita menos propaganda y más planeación; menos miedo a perder la silla y más disposición a escuchar al sector. Porque Aguascalientes, cuna de Posada y corazón de la Catrina, merece mucho más que una copia de su propia Feria.

 

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