De esas cosas que pasan
El incidente ocurrido, donde nuestra Presidenta, Claudia Sheinbaum, fue víctima de un acto de acoso y manoseo en un evento público, no es solo un hecho aislado; es el crudo reflejo de una enfermedad social profundamente arraigada en México. Es un recordatorio doloroso y enérgico de que el cuerpo de ninguna mujer es un espacio público que pueda ser violentado o manoseado por nadie, sin excepción. Por ello, la condena debe ser total, sin matices y sin reservas: ¡A la Presidenta y a ninguna mujer se le toca!
?La gravedad de lo sucedido trasciende cualquier filiación política o investidura. Es imperativo dejarlo claro: la alta responsabilidad que ostenta la Presidenta no la exime de ser mujer y, por lo tanto, no la blinda de ser objeto de la violencia más común y despreciable que enfrentamos millones de mexicanas a diario: el acoso sexual callejero o en cualquier ámbito. Una agresión es, sencillamente, una agresión.
?El manoseo, la mirada lasciva, el toque furtivo e invasivo, son la punta del iceberg de una cultura machista que nos enseña que el cuerpo de una mujer es un objeto susceptible de ser poseído o profanado por la voluntad masculina. Que este tipo de violencia alcance a la máxima figura del Poder Ejecutivo en nuestro país debería servir como un poderoso llamado de atención a toda la sociedad, obligándonos a mirar de frente la evidente violencia de género que nos ahoga. Alzar la voz contra esta violencia no es una opción; es un deber moral y social de todos y cada uno de los ciudadanos.
?La Miserable Oposición y el 'Montaje': El Machismo Se Viste de Cinismo
?Si la agresión en sí misma es indignante, la respuesta de un sector de la clase política, agrupado en la llamada "oposición", es directamente reprobable y moralmente condenable. Frente a un hecho tan grave y, lamentablemente, tan cotidiano en la vida de millones de mexicanas, la reacción ha sido una campaña de odio, negación y burla, afirmando que se trata de un simple "montaje".
?Esta postura no es solo una falta de respeto a la investidura presidencial; es un profundo desprecio por la lucha de millones de mujeres. Minimizar la agresión no solo es ser cómplice de ella, sino que demuestra una absoluta desconexión con la realidad de un país donde el acoso es la puerta de entrada a otras formas de violencia. Quienes hoy niegan el acoso contra la Presidenta con el argumento de la 'simulación' o el 'lucro político', demuestran su absoluto desprecio por la verdad de las víctimas que han sido revictimizadas al contar su historia.
?¡Basta de politizar la violencia! Utilizar un acto de acoso como arma arrojadiza en la contienda política es la muestra más clara de la miseria política y el profundo, rancio machismo que carcome ciertos espacios de poder. Esta actitud es un intento desesperado por dividir, por trivializar, por desviar el foco de lo verdaderamente importante: la condena unánime a la violencia contra la mujer.
?Cero Tolerancia: Un Muro Femenino Contra la Violencia
?Las mujeres de México no permitiremos que se trivialicen las agresiones. El mensaje debe ser rotundo: en la condena a la violencia de género, la respuesta de la sociedad civil y de todas las fuerzas políticas (si tuvieran un mínimo de dignidad ética) debe ser una sola: ¡Cero tolerancia!
?El acoso a la Presidenta Sheinbaum es un doloroso recordatorio de que la violencia no distingue entre rangos, clases sociales, colores de piel o filiaciones partidistas. En ese momento, Claudia Sheinbaum no era solo una figura pública; era una mujer a la que se le vulneró su integridad física y su derecho a transitar libremente sin ser tocada.
?La única manera de erradicar esta plaga es a través de una acción legal contundente, una educación que desmantele el machismo desde la raíz y, sobre todo, una respuesta social unificada. Exigimos que el acoso sea castigado con todo el peso de la ley, en todas sus formas y en todos sus ámbitos. Y exigimos que el debate público se eleve por encima de la mezquindad política.
?El mensaje es directo para el agresor, para la oposición que minimiza y para cualquier persona que crea que puede invadir el espacio personal de una mujer: ¡El cuerpo no se toca! El respeto no se pide como un privilegio; se exige como un derecho. Estamos contigo, Presidenta, y estamos con todas las mujeres de México. Este es el momento de hacer de la condena a la violencia de género la única bandera que una a la nación. ¡Exigimos respeto, exigimos justicia! Presidenta no estas sola.